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La joven protagonista de nuestra lectura para hoy ha sido la única atleta dueña, simultáneamente, de todas las mejores marcas en nado libre, y la única en ganar tres medallas olímpicas en tiempo récord. Cuando apareció en el escenario deportivo de su país natal, Australia, tenía apenas 13 años. Para el momento de su retiro, ya había impuesto once marcas mundiales y había ganado cinco medallas olímpicas. ¿Quién fue ese «torbellino» de la natación? Esa jovencita, hoy ya adulta, se llama Shane Gould.
Shane no solo tenía excelentes condiciones físicas; además, siempre esperaba que ocurriera lo mejor. Esta cualidad de Shane se hizo evidente en una de sus competencias en los Estados Unidos. Cuando un periodista le preguntó qué resultados esperaba de la competencia, sin vacilación respondió: «Tengo el presentimiento de que hoy se va a establecer una marca mundial en este lugar». Ese día estableció, no una, sino dos marcas mundiales: en los 100 y en los 200 metros estilo libre.
Sin embargo, ahí no terminó la historia. Cuando enfrentó la prueba más dura, los 400 metros, le preguntaron qué esperaba. Respondió: «Mis padres me han prometido que si gano me llevarán a Disney ¡y salimos mañana!» (Víctor Parachin, «Diez pasos para mejorar la autoestima», Listen, mayo de 2000, p. 11).
Eso se llama optimismo. Las investigaciones han demostrado que en comparación con los pesimistas, los optimistas son más felices, tienen más éxito en la vida, obtienen mejores calificaciones en los estudios y disfrutan de mejor salud (Martín Seligman, Learned Optimism [Optimismo aprendido], pp. 15,16).
¿En qué se diferencia el pesimista del optimista? Según el psicólogo Martín Seligman, la actitud dominante en el pesimista es la creencia de que nada de lo que haga cambiará las cosas: «Soy malo con las matemáticas, y no importa cuánto me esfuerce, siempre lo seré». El optimista, por el contrario, cree que puede cambiar las cosas que le suceden por medio de sus acciones voluntarias: «No soy muy bueno con las matemáticas, pero si me esfuerzo podré dominarlas».
Es verdad que muchas cosas escapan a nuestro control, pero también hay muchas que sí podemos controlar. ¿Podrías pensar en algunos aspectos  de tu vida que hoy mismo podrían cambiar para bien con un poco de esfuerzo, una buena dosis de optimismo y fe en Dios?
 Ayúdame, Señor, a hacer hoy lo mejor y a esperar lo mejor.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente - Por Fernando Zabala.

Recuerda , se optimista porque la palabra de nuestro amado Dios nos dice:
El amor del Señor no tiene fin, ni se han agotado sus bondades. Cada mañana se renuevan”( Lamentaciones 3:22,23)          

                   
Que nuestro amado Dios, nos ayude a ser siempre positivos , aun en medio de las dificultades.

JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
DIRECTOR DEL WEB BLOG - REFLEXIONES PARA VIVIR



Hace ya varios años, el mundo fue sacudido por la noticia de dos desquiciados adolescentes que asesinaron a sus propios compañeros de estudio. La tragedia ocurrió en Colorado, Estados Unidos.
Cuentan los sobrevivientes que esa trágica mañana los asesinos disparaban a sangre fría contra todo lo que se movía, mientras reían a carcajadas. Primero sembraron el terror en el primer piso de la institución. Luego subieron a la biblioteca, donde estaba una joven estudiante, de nombre Valeen, con su mejor amiga, escondida debajo de una de las mesas. En cuestión de segundos, inundaron el lugar con una lluvia de balas. La amiga de Valeen murió en el acto. Ella, por su parte, fue alcanzada por varios proyectiles. Agobiada por el dolor, la joven comenzó a quejarse: «¡Dios mío! ¡Dios mío!».
Cuando los asesinos escucharon mencionar el nombre de Dios, caminaron en dirección al lugar de donde provenía el clamor.
—¿Dijiste Dios? —preguntó uno de ellos—. ¿De verdad crees en Dios?
—Sí, creo —respondió con valentía la muchacha.
—¿Y por qué crees en Dios? —preguntó el pistolero, mientras recargaba el arma.
—Porque así me criaron mis padres, y porque yo lo creo.
No se sabe por qué no la mataron. Se cree que después de su valiente testimonio, Valeen se desmayó y la dieron por muerta. Al final de la sangrienta jornada, los dos adolescentes habían asesinado a doce estudiantes y a un profesor. Luego ellos mismos se quitarían la vida. Pero Valeen sobrevivió para contar por qué dijo sí, consciente de que esa respuesta podía costarle la vida.
«Cuando esos dos muchachos me preguntaron si creía en Dios, sentí tantos deseos de decir "no". [...]. Pero decir "no" era una falta de respeto a mí misma y a Dios. Por eso los miré directamente y les dije lo único que podía decirles: "Sí, creo"» (Bruce Porter, The Martyr's Torch [La antorcha del mártir], pp. 6-8).
Quizás nunca te encontrarás en una situación tan dramática para demostrar tu fe, pero no necesitas que una pistola te apunte a la cabeza para demostrar tu lealtad a Dios. Por medio de las pequeñas pruebas de cada día estás diciendo: «Sí, creo en Dios». O de lo contrario: «No creo».
 Son los hechos, no las palabras, los que cuentan.Hoy puedes demostrar que sí crees en Dios. Hoy puedes representarlo con dignidad en todo lo que hagas. ¿Estás dispuesto a hacerlo?
Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente - Por Fernando Zabala.


                       Recuerda , la palabra de nuestro amado Dios nos dice: 
¿Crees tú en el Hijo del hombre? Juan 9:35.


 Que nuestro Dios de amor nos haga valientes para poder dar testimomio de nuestra fe y creencias,  en todo momento, aun si nos amenazan de muerte.

JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
DIRECTOR DEL WEB BLOG - REFLEXIONES PARA VIVIR



Albert Einstein, sin lugar a dudas el científico más importante del siglo XX, es también conocido por sus ocurrencias. Una de ellas se produjo cuando se celebró una cena en su honor.
Einstein había sido invitado para recibir un galardón por su contribución a la ciencia. Después de recibir su premio, la concurrencia comenzó a clamar: «¡Que hable! ¡Que hable!».
Aunque el programa no contemplaba un discurso del famoso científico, el presidente de la institución lo invitó a hacer uso de la palabra. En contra de su voluntad, Einstein subió al pódium. El público guardó absoluto silencio. Entonces comenzó diciendo: «Damas y caballeros, lo siento mucho pero en este momento no tengo nada importante que decirles». Dicho esto, tomó asiento. A los pocos instantes, como recordando algo que debió decir, Einstein se levantó de su asiento: «Cuando tenga algo que decirles, les avisaré».
 En efecto, unos seis meses más tarde, se comunicó con el presidente de la universidad para expresarle: «Ahora sí tengo algo importante que decirles».

Cuenta el relato que entonces se llevó a cabo otra cena en su honor, en la que Einstein finalmente dio su muy esperado discurso.
En una época como la nuestra, en la que muchos quieren hablar y pocos escuchar, la experiencia de Einstein nos enseña una valiosa lección: Cuando no tengamos nada que decir, es mejor callar. Pero cuando tengamos algo importante que decir, entonces hablemos. Ya lo dijo el Sabio: «En este mundo todo tiene su hora; hay un momento para todo cuanto ocurre: [...] un momento para callar y un momento para hablar» (Ecl. 3:1,7).

Una lección no menos importante que se deriva de la anterior es que cuando sea tiempo de hablar, hagámoslo al punto y sin rodeos, pues como bien lo expresó Salomón, «el que mucho habla, mucho yerra» (Prov. 10:19).

Pidamos a Dios que nos ayude a cultivar el don del habla porque, como bien lo expresa el libro Palabras de vida del gran Maestro en la página 270, ningún otro talento puede ser de mayor bendición que este. Y pidámosle también que nos dé sabiduría para saber cuándo y cómo usarlo.
 Capacítame, Señor, para saber cuándo hablar y cuándo callar.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente - Por Fernando Zabala.

Recuerda , la palabra de nuestro amado Dios nos dice: 
"Recuerden esto, queridos hermanos: todos ustedes deben estar listos para escuchar; en cambio deben ser lentos para hablar" (Santiago 1:19).


Que nuestro Dios de amor nos conceda su sabiduría para saber cuando hablar y cuando callar.

JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
DIRECTOR DEL WEB BLOG - REFLEXIONES PARA VIVIR



En la vida uno necesita mantener una constante. Para mí esa constante es Dios». Estas son las palabras de un joven de 16 años de nombre William. ¿Qué quiso decir él con eso de que Dios es su constante?  Por el trabajo de su padre, la familia de William se ha mudado varias veces. Con cada cambio de domicilio William ha tenido que dejar atrás parte de su corta vida, especialmente a sus amigos. Al establecerse en una ciudad diferente, en ocasiones le ha tocado enfrentar la presión de los nuevos amigos, que lo invitan a hacer cosas indebidas. Pero gracias a los valores que sus padres le han trasmitido, William no fuma, no toma alcohol ni consume drogas. ¿Cómo ha logrado mantenerse fiel a sus principios?
Cuando lo invitan a participar en actividades indebidas, su respuesta es terminante: «Yo no participo de esas cosas». Después de haberse negado, William dice que queda con una mezcla de sentimientos. Por un lado, siente la satisfacción de haber permanecido fiel a sus principios. Pero por el otro, siente que hay un muro de separación entre él y sus amigos. Sabe que para derribar ese muro de separación alguien tiene que cambiar. «Por razones de integridad personal —dice William— no seré yo quien cambie».
Me gusta eso último. Si para que su amistad con el grupo se mantenga, William tiene que cambiar, ¡que se olviden! No será él quien cambie. ¿Por qué él no cambia sus principios? Porque ha encontrado en Jesucristo a un Amigo fiel, quien tampoco cambia, y con quien mantiene una constante comunicación por medio de la oración.
Y luego agrega: «Dios me ha ayudado a enfrentar la pérdida de amigos y también los cambios de residencia. Cuando uno se muda toda cambia. [...]. Es posible incluso perder los valores, porque hay todo un montón de cosas nuevas por delante. Es entonces cuando se hace necesario tener una constante. Y para mí, esa constante es Dios” (Stephen Arterburn , Carol Wilde y Gary Wilde, Young Believer Case Files [Casos sobre creyentes jóvenes], pp. 97-101).
¡Qué bien! En un mundo cambiante, este joven ha encontrado una constante: la amistad de Jesús. ¿La has encontrado también tú ?

Gracias, Señor, porque en un mundo cambiante tu amistad permanece.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente - Por Fernando Zabala.

Recuerda , la palabra de nuestro amado Dios nos dice: Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre. (Hebreos 13:8)

Que siempre podamos ser fieles a los principios de vida saludable de nuestro Dios de amor , quien nos da constancia para no cambiar  en lo que es bueno.

JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
DIRECTOR DEL WEB BLOG - REFLEXIONES PARA VIVIR




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Tienen razón quienes comparan la vida con una escuela. Cada día trae consigo nuevas lecciones. Cualquier persona puede, sin proponérselo, ser un maestro. Y cualquier espacio, sin que uno lo planifique, puede convertirse en un salón de clases.
Una tarde, mientras celebrábamos el cumpleaños de un compañero de trabajo, se produjo una de esas situaciones. Estábamos en un restaurante y esperábamos que nos sirvieran la comida. En un momento de la conversación, el pastor Pablo Perla, presidente de APIA, dijo: «He aprendido que debo disfrutar plenamente de tres cosas en la vida: En primer lugar, de mi religión, del Dios a quien adoro; en segundo lugar, de mi matrimonio; por último, de mi trabajo, de la labor que realizo cada día». Después de una pausa, agregó: «Yo amo a mi Dios, amo profundamente a mi esposa, y disfruto intensamente de mi trabajo».
La conversación continuó, pero sus palabras me dejaron pensando. ¿Cómo estoy yo en esa triple relación: Dios, matrimonio, trabajo? En silencio, di gracias por el Dios a quien sirvo, la esposa que amo y el trabajo que realizo.
¿Qué lugar ocupa Dios en tu vida? Pocas realidades son más tristes que servir a un Dios a quien no amas. Por otra parte, ¿ya definiste quién será la persona que estará a tu lado como cónyuge por el resto de tu vida? ¿Te imaginas lo que significa vivir con alguien a quien no amas? ¿Alguien a quien no respetas, a quien no admiras? Por último, ¿ya decidiste cuál será tu ocupación? El trabajo que realizarás como profesional requerirá más tiempo de tu vida que cualquier otra actividad. ¡Qué lamentable sería si no lo disfrutaras!
Lo bueno de todo esto es que eres tú y no otra persona el que ha de decidir qué ocurrirá en cada una de estas tres áreas de tu existencia: ¿Qué lugar ocupará Dios en tu vida? ¿Con quién te casarás? ¿En qué trabajarás? Pero lo mejor de todo es que hay ayuda disponible. Solo tienes que pedirla. Tu Padre celestial te guiará en cada decisión, si tú se lo permites. Pon tu vida en sus manos. Él no te defraudará.
Amado Padre, delante de mí están las grandes decisiones de mi vida.  Guíame por sendas seguras, por amor a tu Hijo.
Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente - Por Fernando Zabala

Recuerda , la palabra de nuestro amado Dios nos dice: "  Señor; los que te conocen, confían en ti, pues nunca abandonas a quienes te buscan. Salmo 9:10.

Que nuestro Dios amado, nos ayude a ser exitosos en estos tres importantes aspectos de nuestras vidas.

JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
DIRECTOR DEL WEB BLOG - REFLEXIONES PARA VIVIR









Entre las buenas historias del libro: Su palabra de honor y otros relatos, hay una que nos recuerda que la honestidad siempre vale la pena. Tiene como protagonista a un jovencito a quien llamaremos Juan Bautista.Este muchacho pertenecía a una familia francesa, pobre en bienes materiales, pero rica en principios. Para ayudar en el sostén del hogar, Juan Bautista se vio obligado a trabajar como dependiente de una tienda de telas. Allí su trabajo consistía en hacer entregas de pedidos a los clientes y de cobrarles.Uno de esos clientes resultó ser un rico banquero. El dueño de la tienda pidió a Juan Bautista y a otro dependiente que le mostraran tres tipos de tela y le indicaran diferentes precios. Así lo hizo, pero sin darse cuenta se equivocó al momento de dar los precios: cobró al banquero el precio de tela más costosa por una de calidad inferior. El compañero de Juan Bautista se dio cuenta del error, pero no dijo nada. Fue cuando ya habían regresado a la tienda, que Juan se dio cuenta de lo ocurrido. Lo que sucedió entonces Juan nunca lo podría haber imaginado: ¡El dueño de la tienda lo felicitó por haber cobrado de más!-¡Excelente negocio, Juan! –dijo el dueño-. Recibirás tu parte de ese dinero.-¡Pero señor, ese dinero no es nuestro! Voy a devolverlo ahora mismo.Y diciendo esas palabras, Juan regresó al hotel, explicó lo ocurrido al banquero y le devolvió su dinero. Cuando volvió a la tienda, el dueño lo tildó de tonto y lo despidió.Esa noche, mientras Juan contaba a sus padres lo ocurrido, oyeron que alguien tocaba a la puerta. Era el banquero. De alguna manera averiguó la dirección de Juan, y ahí estaba con una tentadora oferta.-¿Sigues empleado en la venta de telas?-Ya no. Esta tarde el dueño me despidió.-Bueno, quiero que trabajes en nuestras oficinas en París.Juan aceptó. El relato dice que su desempeño en el banco fue tan bueno, que al cabo de algunos años su nombre (en francés, Jean Baptiste Colbert) llegó a oídos del rey Luis XIV. Cuando el rey necesitó un ministro de hacienda, ¿a quién crees que nombró? ¡A Juan Bautista Colbert!
Definitivamente, ¡vale la pena ser honesto, pase lo que pase!
PADRE, AYÚDAME A SER SIEMPRE ÍNTEGRO, EN LOS NEGOCIOS Y EN TODO LO QUE HAGA.
Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente - Por Fernando Zabala

Recuerda , la palabra de nuestro amado Dios nos dice: "MÁS VALE SER POBRE Y HONRADO QUE RICO Y MALINTENCIONADO". 
(Proverbios 28: 6).

Que nuestro Dios amado, nos ayude a ser honestos en lo mas intimo de nuestro ser  siempre.

JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
DIRECTOR DEL WEB BLOG - REFLEXIONES PARA VIVIR



Adán y Eva  -escribió Bob Orben-  formaban el matrimonio ideal. Adán no tenía que escuchar a Eva hablando de todos los hombres con quienes podría haberse casado.   Y Eva no tenía que escuchar a Adán decir lo bien que cocinaba su mamá.
A diferencia de Adán y Eva, sin embargo, toda persona que tome en serio el matrimonio necesita conocer todo lo que pueda de la persona, e incluso de los parientes, con quien piensas unir tu vida. Esto es precisamente lo que dice el libro  el hogar cristiano. “pesa todo sentimiento y observa todo desarrollo del carácter en la persona con la cual piensas vincular el destino de tu vida”. Es decir, abre bien los ojos. Y como para que no quede ninguna duda, se mencionan algunas de las preguntas que los novios tienen que hacerse antes de tomar la gran decisión.
Preguntas que tiene que hacerse él.
-  ¿es ella capaz de asumir responsabilidades?
- Su influencia, ¿me hará mejor o peor persona?
-  Una vez casada, ¿exigirá que una buena porción del ingreso familiar sea usado para satisfacer su vanidad?
- ¿se guía por principios correctos?
- ¿es paciente y cuidadosa?
- ¿ ama a mis padres? Si me caso con ella, ¿habrán ganado mis padres a una hija, o habrán perdido a un hijo?
Preguntas que tiene que hacerse ella
- ¿cuál ha sido su pasado? ¿es pura su vida?
- ¿es de un carácter noble el amor que expresa, o es una simple emoción?
-  ¿me permitirá conservar mi individualidad?
- Una vez casada ¿me permitirá honrar por sobre todas las cosas los requerimientos del salvador?
- ¿tiene madre mi pretendiente? ¿Cómo es ella? ¿Cómo la trata él?
- ¿es paciente con mis equivocaciones, o criticón, dominante y autoritario?
Preguntas que tienen que hacerse ambos
¿Me ayudará esta unión a dirigirme hacia el cielo? ¿Acrecentará mi amor a Dios? ¿Ampliará mi esfera de utilidad en esta vida?
Por supuesto, aun respondiendo todas estas respuestas, siempre existirá la posibilidad de equivocarse, pero aquí en juego la más importante de todas las preguntas: ¿es esta la persona que Dios tiene para mí?
¡Asegúrate de no dejar a Dios fuera de tus planes!
Padre celestial, que mi futuro cónyuge sea la persona que tú tienes para mí.
Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente - Por Fernando Zabala

Recuerda la palabra de Dios, dice: 
SOLO UN NECIO CONFÍA UN SUS PROPIAS IDEAS.  (Proverbios 28:26)
Que el Señor, nos ayude a no ser necios ante la gran decisión de escoger al compañero o compañera de nuestra vida.
JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
DIRECTOR DEL WEB BLOG - REFLEXIONES PARA VIVIR



Pensemos por un momento en personas que son muy orgullosas. ¿Qué tienen en común? Tienen en común que se creen superiores a los demás. Se ven a sí mismos como más bonitos, más inteligentes, más talentosos, más simpáticos que el resto de la gente que los rodea.Con mucha razón C. S. Lewis afirmó que el orgullo tiene su base en la comparación o la competencia (Cristianismo 31 nada más., p.123). El orgulloso siente placer, no tanto por ser poseedor de algo valioso, sino por tenerlo en mayor medida que los demás. Es así como la mujer orgullosa de su hermoso cuerpo se vanagloria, por sobre todas las cosas, porque es más bonita que «la competencia». Y el talentoso jugador de fútbol se jacta, no tanto por dominar este deporte, sino porque es el mejor del grupo.
Esta actitud, sin embargo, no es buena. De hecho, la Biblia condena el orgullo y sus similares (la vanagloria, la altivez, la arrogancia, etc.) en forma contundente. Dice, por ejemplo, que el orgullo acarrea deshonra (Prov. 11:2), va seguido del fracaso (16:18) y de la humillación (29:23).
¿A qué se debe esto? Basta pensar en la caída de Lucifer para saberlo: «¡Cómo caíste del cielo, lucero del amanecer! Fuiste derribado por el suelo, tú que [...] pensabas para tus adentros: "Voy a subir hasta el cielo; voy a poner mi trono sobre las estrellas de Dios; voy a sentarme allá lejos en el norte"» (Isa. 14:12-13).
Yo, yo y solamente yo. El problema de Lucifer no fue su belleza, ni su inteligencia. Su problema fue que se comparó con los demás y se vio a sí mismo como la súper maravilla de la creación. Subió tanto que la caída no pudo ser más estrepitosa.
Y tú, ¿sientes que eres brillante? ¿Tienes muchos talentos? ¿Un bonito cuerpo? ¿Un rostro atractivo? Ten en cuenta dos cosas. En primer lugar, no te compares, porque no eres ni mejor ni peor que nadie. Todos somos hijos del mismo Dios. En segundo lugar, dale gracias a tu Creador, porque nada tienes que él no te haya dado.
Gracias, Señor, por los talentos y dones que me has dado. Me propongo usarlos para tu gloría. 
Recuerda, la palabra de Dios dice: 
Tras el orgullo viene el fracaso; tras la altanería, la caída. Proverbios 16:18

 Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente - Por Fernando Zabala


Son muchas las historias que se cuentan de Nasrudín, un personaje legendario que se cree vivió entre los siglos trece y quince. Una de ellas relata que, mientras trabajaba como barquero, a Nasrudín le tocó transportar a un profesor de gramática.
—¿Cuánto sabe usted de gramática? —pregunta el hombre a Nasrudín.
—Nada —responde Nasrudín.
—Pues le diré que ha perdido usted la mitad de su vida.
Nasrudín guarda silencio. Más tarde durante el viaje, se desata una tormenta y la barca es golpeada con furia por el viento y las olas. Las aguas embravecidas golpean la pequeña embarcación y tanto Nasrudín como el profesor son lanzados con fuerza al agua. Entonces Nasrudín grita al profesor:
—¿Sabe usted nadar?
—¡No! —responde el hombre, aterrado.
—¡Pues le diré que ha perdido usted, no la mitad, sino toda su vida!

Si algo nos enseña este relato es que el conocimiento que puede ser útil en un aspecto de la vida, puede ser completamente inútil en otro. Por muy importantes que sean, por ejemplo, la gramática y las matemáticas, de nada sirven si te estás ahogando y no sabes nadar.

De acuerdo a esto, bien podríamos decir que hay conocimientos útiles y conocimientos indispensables, tal como lo ilustró el Señor Jesús con la parábola del hombre rico (ver Luc. 12:13-21). La habilidad de este hombre en los negocios le fue útil para acumular muchas riquezas. Sin embargo, resulta curioso que Dios lo llamó «necio». ¿Por qué lo llamó «necio» y no «sabio»? Porque este hombre había descuidado el conocimiento indispensable. Por muy hábil que haya sido en el manejo del dinero, no puede ser sabio quien solo haga planes para esta vida. No se le puede llamar sabio a quien pase por esta vida sin el conocimiento indispensable, el de Dios: A fin de cuentas, ¿quién es realmente «sabio»: el que más sabe, o el que sabe las cosas que más importan?

No permitas que ningún conocimiento secular, por importante que sea, te impida obtener el conocimiento más valioso: el del único Dios verdadero, y de Jesucristo, a quien él ha enviado. No hacerlo equivale a perder, no la mitad, sino toda la vida.
Padre celestial, capacítame para que nada me impida conocerte a ti, y a Jesucristo, tu Hijo amado.
Recuerda la palabra de Dios nos dice:  Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado. Juan 17:3, NVI " 

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente - Por Fernando Zabala








¿Cuál es la mejor arma contra la tentación? Es la profunda convicción de que no importa donde estemos ni lo que hagamos, la presencia de Dios nos acompaña. Probablemente ningún ejemplo ilustre mejor esta afirmación que el de José, el hijo de Jacob.
Cuando era todavía un adolescente, José fue vendido como esclavo por sus hermanos a unos ismaelitas que iban rumbo a Egipto. Allí fue comprado por un capitán del ejército de Faraón llamado Potifar. Aparentemente, no pasó mucho tiempo antes que Potifar se diera cuenta de que «el Señor estaba con José y le hacía prosperar en todo» (Gen. 39:3, NVI), razón por la cual lo nombró su administrador principal. Pero así como la calidad del trabajo de José no pasó inadvertida para su patrón, el físico del muchacho tampoco pasó desapercibido para la esposa de Potifar, que comenzó a acosarlo sexualmente.
La hora de la verdad para José llegó un día en que «todo el personal de servicio se encontraba ausente» (Gen. 39: 11, NVI). Ese día, la desesperada mujer atacó con toda su artillería pesada. «¡Acuéstate conmigo!», le propuso la mujer a José. Y la cosa no era en juego. Si José cedía a las propuestas indecentes, traicionaba la confianza de su patrón y, peor aún, pecaba contra Dios. Si se negaba, arriesgaba su propia vida. La importancia de lo que estaba por ocurrir era de tal magnitud que, según Elena G. de White, «los ángeles presenciaban la escena con indecible ansiedad» (Patriarcas y profetas, p. 193).
¿Cómo resistió José semejante ataque? «Salió corriendo y dejó su ropa en las manos de ella» (vers. 12). ¿Por qué corrió? ¿No estaban sus hormonas funcionando bien? Nada de eso. Escuchemos por qué rechazó la tentadora oferta: «Mire, señora: mi patrón ya no tiene que preocuparse de nada en la casa, porque todo me lo ha confiado a mí, [...] excepto meterme con usted, que es su esposa. ¿Cómo podría yo cometer tal maldad y pecar así contra Dios?» (Gen. 39: 8, 9, NVI, el destacado es nuestro).
¿Dónde estuvo el secreto de su éxito? José nunca perdió de vista a Dios. Por eso, Dios nunca lo perdió de vista a él.
Señor, cuando llegue la tentación, que yo pueda decir: «¿Cómo podría yo pecar así contra Dios?».
Recuerda, la palabra de Dios te anima a pensar frente a la tentacion, preguntandote como Jose : “¿Cómo podría yo hacer algo tan malo, y pecar contra Dios?” 
(Génesis. 39:9).

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente - Por Fernando Zabala




Estaba a bordo de un avión. La noche anterior no había dormido bien y me propuse recuperar parte del sueño perdido mientras viajaba. Me tocó uno de los primeros asientos. En la misma fila, pero en el ala contigua, se sentó un señor de mediana edad. Al parecer, tenía planes idénticos a los míos. Mientras me acomodé para dormir, él hizo lo mismo. Entonces ocurrió algo inusual. Apenas el hombre recostó la cabeza en el respaldo del asiento, en cuestión de segundos comenzó a roncar.

Y mientras él dormía plácidamente, yo ensayaba una y otra posición sin poder conciliar el sueño. ¿Por qué él podía dormir tan rápida y profundamente, y yo no?, me preguntaba. Entonces me puse a leer. El hombre durmió hasta que una azafata lo despertó para preguntarle si quería comer. Se despertó, devoró la comida y... adivina qué. De nuevo recostó la cabeza e inmediatamente se volvió a dormir! Y yo... bien, gracias. El hombre se despertó cuando el avión aterrizó. No pude evitar sentir cierta envidia.
El Diccionario de la lengua española define la envidia como la «tristeza o pesar del bien ajeno»; o también, el «deseo de algo que no se posee». En mi caso, no pasó de ser un sentimiento pasajero que desapareció cuando bajé del avión. La envidia no tuvo tiempo de ser alimentada.

El problema con la envidia comienza cuando abrigamos la idea de que nos falta algo que otros sí poseen: el bonito cuerpo de Andrea, la habilidad deportiva de Manuel, la simpatía de Carmen, el automóvil de Esteban... Y se complica cuando permitimos que ese sentimiento vaya creciendo. Es decir, cuando lo alimentamos. ¿Cómo se alimenta? Cuando nos dedicamos a pensar en «eso» que no tenemos: el cuerpo de Andrea, la habilidad de Manuel...

Ese fue, precisamente, el problema de Lucifer, con respecto a Jesús. Y también el de Caín con relación a Abel. Y el del rey Saúl con David. En cada caso, la envidia se fortaleció en el corazón, luego dio lugar al odio y, finalmente... llegó el desastre.

¿Cuál es la solución? Demos gracias a Dios por lo que tenemos en lugar de lamentar lo que nos falta.
Señor Jesús, gracias por las cosas buenas que me has dado y porque me amas tal como soy.

 Recuerda, la palabra de Dios dice: “La mente tranquila es vida para el cuerpo, pero la envidia corroe hasta los huesos” (Proverbios 14:30).

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente - Por Fernando Zabala





¿Tú que piensas? ¿Aumentan o disminuyen las posibilidades de divorcio cuando la pareja ya ha tenido relaciones sexuales antes del matrimonio? 
La respuesta es: aumentan los divorcios. Esta es la conclusión a la que llega el psicólogo David Myers en su libro The Pursuit of Happpiness (La búsqueda de la felicidad, pp. 162,163.), después de analizar los resultados de siete estudios. Tres de esas investigaciones tuvieron carácter nacional: en los Estados Unidos, Canadá y Suecia. En todos los casos los resultados fueron similares: el porcentaje de divorcios aumenta significativamente entre las parejas que ha cohabitado antes de casarse.
¿Qué factores se combinan para que se produzcan estos resultados? El mismo Myers menciona que las parejas que viven juntos sin casarse son más propensas a tener relaciones fuera del matrimonio; es decir, tiende a ser infieles a sus cónyuges después de casarse.
Otros investigadores señalan que muchas de estas parejas que tienen sexo sin casarse por lo regular tienen pocas cosas en común. Por ejemplo, no comparten los mismos valores ni las mismas metas. Casi se podría decir que el vínculo que los mantiene unidos es el sexo. Pero ya sabemos que «no solo de sexo vivirá el hombre»
Hay todavía otro factor. Los jóvenes que experimentan con el sexo muchas veces terminan casándose con otra persona. Y después que se casan, no pueden evitar las odiosas comparaciones: «Mi esposa es una buena mujer, pero no supera a Patricia en la intimidad»; «Ricardo no sabe besar tan bien como lo hacía Carlos», etc.
En conclusión, si algo prueba los «matrimonios a prueba» es que son una desgracia, tanto para los que se aventuran en esta causa perdida como para la sociedad. Por lo tanto, vale la pena esperar hasta el matrimonio. Solo así disfrutarás sin sentimientos de culpa de las delicias de ese precioso regalo que Dios nos dejó: el sexo como parte de una relación de amor que se establece para toda la vida.
Padre celestial, ayúdame a esperar hasta el día de mi boda para disfrutar de la intimidad sexual como tú mandas.

 Recuerda , la palabra de Dios dice: "Por eso el hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su esposa, y lo dos llegan a ser como una sola persona. (Génesis 2:24)
Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente - Por Fernando Zabala


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