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Hacía algunos meses que Maira olvidaba las cosas. Su mente retroce­día, acelerada, hacia algún lugar donde ella se escondía. En ese extraño mundo, el olvido no tenía importancia; ni los recuerdos. Tampoco la alegría o la tristeza. Aquel universo estaba construido de vacío. Ella andaba, aparen­temente insensible, por los rincones de su propio universo.
Pero, la familia sufría. La tenían como referente. El esposo había fallecido varios años atrás, y ella era la matriarca. Verla en ese estado los dejaba como un día sin sol.
Fue en esas circunstancias que la hija mayor me buscó, con una pregun­ta: ¿Por qué Dios no la hace descansar? ¿Qué sentido tiene la vida, en ese estado?. La palabra de Dios dice: Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas( Santiago 1:2).
¡Pruebas! Las encontramos todos los días. El versículo de hoy usa la ex­presión "diversas pruebas". El enemigo viene por todos los lados: es la pér­dida del empleo; un divorcio doloroso; el descubrimiento de que el hijo está en las drogas; la traición del mejor amigo; las injusticias del trabajo, en fin...
Pero, Santiago dice que debes alegrarte cuando te veas atravesando el valle de las pruebas. ¿No es demasiado pedir? En el original griego, la palabra "pruebas", peirasmos, literalmente significa estado de lucha mental en el que te ves inclinado a separarte de Dios.
Tal vez, esto lo explique todo. Cuando el enemigo coloca pruebas en tu camino, su objetivo es separarte de Dios; hacerte creer que es el Señor quien te envía el dolor. Si en ese momento te vuelves en contra de Dios, el enemigo ha logrado su objetivo. Pero, si en el instante de la prueba te vuelves hacia Dios, entiendes que el dolor puede constituir un instrumento de edificación.
Todo depende de la perspectiva de la realidad. El presente estado de cosas no es el fin; no juzgues las actitudes divinas cuando el trabajo aún no ha sido terminado. Si tu visión del mundo es materialista, las pruebas son motivo de tristeza. Si es espiritual, serán motivo de agradecimiento y de gozo. Es en el fuego que el oro se refina. ¡Y tú eres oro!
Por eso hoy, a despecho de lo que puedas estar viviendo, levanta las ma­nos al cielo y agradece. Después, parte confiado para enfrentar las dificul­tades de la vida. Porque, "hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas".
                                           Tomado del Libro de Meditaciones 2011, del Pr. Alejandro Bullón.


Octavio me miraba con sus ojos entornados, de fracaso e impotencia. Casi llegué a ver las telarañas que escondía en su mundo de frustraciones. En esa mirada, no había alegría; solo pesimismo. Eran dos baúles de promesas incumplidas.
He encontrado mucha gente como Octavio; para ellos, la victoria espiritual es solo un sueño. Nadie diría que se conformaron con una vida fracasada; ¡no! Luchan y se esfuerzan. No aceptan ser esclavos de vicios y de hábitos destructivos. Quieren proferir el grito de libertad; pero, cuanto más se esfuerzan, menos logran.
El versículo de hoy enseña el secreto de la victoria. El apóstol desarrolla el pensamiento a partir del versículo 10. Advierte que nuestra lucha no es contra un ser humano, sino contra un ser espiritual maligno. Lo llama "Príncipe de las tinieblas, en las regiones celestiales".
Después, concluye: "Por tanto"; en otras palabras: "Ya que es así". Ya que el enemigo que enfrentas todos los días es un ser espiritual, toma la armadura de Dios con el fin de que puedas resistir en el día malo. No te atrevas a luchar en solitario.
¿Sabes lo que es la "armadura de Dios"? El propio Dios, su compañeris­mo diario, su Espíritu en ti. Aquí, volvemos al mismo punto: el cristianismo es vida de compañerismo diario con Jesús. Vivir la vida normal, pero dirigiendo los pensamientos hacia Jesús: al comprar un vestido; al ingresar en un restaurante; en la escuela o en el lugar de trabajo. Tener siempre la con­ciencia de que el Señor Jesucristo está a tu lado. Desde que amanece hasta que anochece; en invierno o en verano. Cada instante.
Hoy puedes iniciar esta experiencia de comunión con Jesús. Si lo haces, te sentirás más seguro ante las dificultades y en la hora de la tentación. En vez de concentrarte en ti mismo y tratar de ser un vencedor con tus propias fuerzas, le contarás a tu amigo, al lado, lo que estas sintiendo; y, maravillosa­mente, verás cómo desaparece la tentación y te vuelves victorioso.
"Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes". Efesios 6:13.
                                           Tomado del Libro de Meditaciones 2011, del Pr. Alejandro Bullón.


¡Esta vida me mata! Me mata su absurdo; sí, el absurdo de la rutina me aniquila silenciosamente. La rabia de ser todos los días yo, la oficina, este maldito escritorio, el vértigo de los ventiladores, la soledad de tantos rostros... todo me mata".
Perla escribía esas palabras mientras rumiaba el dolor de su rutina diaria. Se asfixiaba de monotonía. Lloraba en silencio. Se sentía cansada de vivir, e intentaba desahogar su espíritu garabateando la historia de su vida.
Todos los días, en todos los lugares, caminan Perlas, de muchas razas y de muchos colores; idiomas diferentes, tamaños variados. No importa el país ni la cultura. Son seres que sufren la agonía de estar vivos, sintiéndose muertos.
Ese es el estado diario de "enemigo". Éramos enemigos, menciona Pablo; vivíamos alejados de Dios, peleados, en situación de guerra. El ser humano, reñido con Dios, no tiene manera de ser feliz. Carga un vacío existencial que lo acompaña a todos lados, y le recuerda que es "enemigo".
Todos, independientemente de lo que creamos o no, provenimos de las manos del Creador, y solo seremos completos en él. La ausencia de Dios causa, en la criatura, una sensación de rutina y de monotonía, la vida pierde sentido, y el trabajo diario de vuelve enfadoso y cansador.
¿Para qué? Te preguntas, mientras tratas de cumplir obligaciones que no te proporcionan satisfacción. Pero, el amor de Dios por ti se revela en el hecho de que te reconcilió con él, al entregar al Señor Jesucristo para morir por ti.
Ahora, reconciliados, exclama Pablo, seremos salvos. Salvos ¿de qué? Del pecado. Pero, también del vacío, de la rutina agobiante, de la monotonía de ir sin saber hacia dónde.
¡Despierta a la vida! Deja entrar la luz divina en tus días oscuros. Permite que el Sol de justicia ilumine cada rincón de tu existencia, y parte hoy, para el cumplimiento de tus deberes diarios, seguro de que, con Jesús, la vida se transforma en una eterna primavera, llena de horizontes infinitos.
Recuerda que "si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida"(Romanos 5:10,11).


                                 Tomado del Libro de Meditaciones 2011, del Pr. Alejandro Bullón.

La mañana está fría aquí, en Santa fe. No me gusta esta época del año. Las hojas secas, caídas en el suelo, me recuerdan las consecuencias tristes del pecado. Hace rato que estoy aquí, tratando de desarrollar el pensamiento del texto que tengo delante de mí. Oro a Dios, y nada viene a mi mente. Me pre­ocupo. Falta poco tiempo para entregar este manuscrito, y no llegué siquiera a la mitad del trabajo.
Súbitamente siento el frío helado de estas montañas acariciando mi ros­tro, y empiezo a escribir. ¡Es maravilloso! Descubrir que soy un instrumento, en las manos de Dios, para llevar una palabra de consuelo al joven herido, al anciano triste y a la madre desesperada. Tener libertad, páginas en blanco, y todas las palabras guardadas en un rincón del alma.
No lo sé; quizás estuvieron allí todo el tiempo, como en un nido acoge­dor, y yo no lo percibía. Pero, aquí estoy, para decirte que la vida no puede ser vivida aislada de las otras personas; que necesitas de los demás; que el carbón, retirado del brasero, en poco tiempo pierde su calor y su brillo.
Cuando el Señor Jesucristo pronunció estas palabras, las dijo mientras hablaba del tema del perdón. Inclusive, Pedro le preguntó: "¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano?" El Maestro estaba explicando a sus discípulos lo difícil que resulta convivir con otras personas, a pesar de haber sido convertidas.
Cada ser humano es diferente del otro; cada uno tiene una personalidad. La creación divina es una acuarela viva: muchos colores, muchas formas, variadas personalidades; un mundo vasto y diversificado. Es natural que convivir con los demás no sea fácil, aun dentro de la iglesia.
A pesar de eso, fuimos creados con el fin de vivir en permanente de­pendencia unos de los otros, extendiéndonos la mano, perdonándonos y aceptándonos con nuestras diferencias.
Nada es motivo para aislarse y vivir separado; mucho menos para decir que porque alguien dijo algo que no te gustó debes abandonar la iglesia.
Revisa tu manera de pensar. Dios tiene su iglesia en esta tierra. Es como un cuerpo: cada ser humano es un miembro, y el buen funcionamiento del cuerpo depende de la salud de cada miembro.
Recuerda el consejo de Jesús: "Porque donde están dos o tres congrega­dos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos"(Mateo 18:20)
                           Tomado del Libro de Meditaciones 2011, del Pr. Alejandro Bullón.

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece. (1 Corintios 13:4)

La carta decía, entre otras cosas: "Quisiera no creer en Dios. Tal vez así, no sufriría tanto; porque, si existe, jamás me perdonaría. Quizás ahora, en este laberinto infernal en el que me encuentro, pueda volver a ser el ser que soy y pocas veces he sido".

El resto de la carta hablaba de una vida escabrosa, llena de remordimien­to, deseo de venganza y desesperación.

"Si Dios existe, no me perdonaría". Esta frase quedó golpeando mi mente durante un buen rato. A lo largo de mi vida, he tenido mucha dificultad para convencer a las personas de que Dios las ama, a pesar de lo que hagan o dejen de hacer.
El apóstol Pablo, escribiendo a los corintios, define el amor divino como sufrido y benigno. La palabra griega traducida como sufrido es makrotomeo, que literalmente significa "perseverar y esperar pacientemente".
La mente humana jamás entenderá el amor divino. El motivo es simple: cada vez que piensa en el amor de Dios lo hace desde su perspectiva humana. Y el amor humano, por más puro y sincero que parezca, está manchado por el egoísmo, propio de la naturaleza pecaminosa,
El ser humano solo ama cuando puede recibir algo a cambio. Ama por interés; por más dura que pueda parecer la idea. Por eso, le resulta difícil creer que Dios lo ame sin esperar nada de retorno; ¡por el simple hecho de amarlo! Pero, Pablo afirma que el amor de Dios es paciente y sufrido.
Sufre al ver a sus hijos transitando los peligrosos caminos de la destruc­ción; llora al ver a sus criaturas dirigiéndose temerariamente hacia la muer­te; gime al ver a las familias destruidas, a los jóvenes en las drogas, a los hombres y las mujeres hundiéndose en la arena movediza de sus propios placeres.
¿Qué hacer? Los creó libres; con capacidad de escoger el bien o el mal, la vida y la muerte. Solo le resta sufrir, esperando que el pecador oiga, un día, la voz del Espíritu tocando a la puerta de su ser y anhelando que el hijo rebelde abra los ojos, para ver el peligro del sendero escabroso que eligió.
Hoy es un día de decisiones. Dios te ama. Haz de este día un día de ale­gría para Dios. Escoge la vida y camina con él. Y no lo olvides: "El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece".
Tomado del Libro de Meditaciones 2011, del Pr. Alejandro Bullón.
No me duele mi fealdad, sino la belleza de las otras chicas. La frase brota de Elisa, rasgando la garganta. Hay amargura en el tono de su voz; una nube que empaña el brillo de sus ojos. No es tristeza; es rabia reprimida, en contra de la vida y de las injusticias de la naturaleza. Personalmente, creo que no es fea, como ella piensa. Si se arreglase me­jor, permitiría abrir la bella flor que yace, adormecida, dentro de ella. Si co­locase un poco de alegría a su vida, la sonrisa, escondida, aparecería como el arco iris después de que la tormenta acaba.
Pero, Elisa no quiere aceptar la realidad; se rehusa a convivir con ella. En vez de mirar hacia las cosas buenas que recibió de Dios, ha hecho de la codicia por lo que los otros tienen y ella no, su afán cotidiano. El problema de esta joven es la belleza. Pero, la codicia no tiene que ver solo con estética. Hay gente infeliz porque quisiera tener el automóvil del vecino, o la casa del amigo o el sueldo del jefe.

Al codicioso no le duele su necesidad; lo irrita lo que los demás tienen. Es un desvío de conducta que anula los sueños y el deseo de luchar. Sus ideales son envueltos por el manto triste de las lamentaciones.
El consejo de Pablo, en el versículo de hoy, es: "Vive contento con lo que tienes ahora". ¿Por qué "ahora"? Porque, si eres agradecido a Dios por lo que tienes en este momento, te colocas en condiciones de recibir más, en el futu­ro. Dios te da poco, para ver qué es lo que harás con lo poco que recibiste. Si malgastas el tiempo lamentándote porque no posees lo que el otro recibió, te incapacitas de recibir más.
Mira hacia delante. Administra lo que tienes en las manos; sé feliz con lo que recibiste hoy. Y prepárate para las grandes cosas que el Señor desea concederte.

Parte para la batalla de este día dispuesto a usar lo poco o lo mucho que tienes de la mejor manera. Para gloria de Dios y en beneficio de la humani­dad. El resultado será tu propia felicidad.
Recuerda, la biblia dice "Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré"(Hebreos 13:5).
Tomado del Libro de Meditaciones 2011, del Pr. Alejandro Bullón.
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Sumergida en un mar de culpa, Alejandra se recrimina por los errores pasados. No es religiosa; tampoco conoce la Biblia ni acaricia inquietudes espirituales. Pero, la culpa la asfixia y la paraliza. Algo, dentro de ella, parece condenarla a una vida de sufrimiento. De cierto modo, siente que merece las adversidades que enfrenta.
El psicoanalista ha tratado de ayudarla a "justificar" sus errores. Pero, por más que racionaliza en torno de ellos, algo más fuerte que el "poder" de su mente le dice que es culpable. Alejandra ignora que el ser humano nace con complejo de culpa; "culpa existencial", dirían los Psicólogos.
No importa el nombre que se le dé. La naturaleza humana nace separada de Dios y, lejos del Creador, no hay cómo ser feliz. A la joven dulce, de mira­da penetrante y sonrisa melancólica, le llevó años descubrir el origen de su angustia.
Una noche, hastiada de envenenarse con remedios para dormir, tomó en consideración la Biblia.
La primera pregunta que surgió en su mente fue: "¿Puede un libro tan antiguo satisfacer mis inquietudes?". Había buscado respuestas en el enma­rañado de sus ideas existencialistas; y no las había encontrado. Entonces, llevada por el instinto de conservación, se respondió a sí misma, delante de la Biblia: "Nada pierdo intentándolo".
Ese fue el inicio de su recuperación. Leyendo el Libro sagrado, descubrió que todos los seres humanos nacen condenados a muerte: "No hay justo, ni aún uno"; "Todos pecamos y estamos destituidos de la gloria de Dios".
Después de leer esto, entendió el origen de su estado depresivo. Sus som­bras, entonces, se volvieron más densas; sus noches, más oscuras. Pero, al continuar leyendo, descubrió el versículo de hoy "Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira" (Romanos 5:9).
Fue como si el sol iluminase de pronto su oscuridad. Aprendió a confiar en Jesús. Ella es pecadora, pero Jesús ha derramado su sangre para salvarla. Ahora está justificada. Su vida de errores ha sido lavada por la sangre mara­villosa de Jesús. La "ira" divina no será más un fantasma en su vida. No más días de angustia; no más noches de insomnio. Ella cree. Y eso le es contado por justicia.
Esa puede ser, también, tu realidad hoy, si recuerdas que: "Mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira".
Tomado del Libro de Meditaciones 2011, de Alejandro Bullón.
No olvidemos la promesa de Dios para hoy: 
"Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira" 
(Romanos 5:9).
La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.
 Juan 14:27.

Anochece. Siempre anochece. El sol puede brillar en todo su esplendor, pero eso no significa que el día será eterno. En este mundo, la noche llega más tarde o más temprano. Las sombras vienen y, con ellas, muchas veces, vienen también las inseguridades y los miedos. Es la ley de la vida: hay día, pero también hay noche.

Aquella noche, sin embargo, en la vida de Casiano, era la más terrible. Su hogar había sido destruido por una insensatez suya. El peso de la culpa lo abrumaba; golpeaba su cabeza como un martillo. Lo atormentaba, y lo crucificaba en el madero de sus errores. Cómo hubiese querido volver a ser niño, despreocupado con la vida, ajeno a los problemas de los adultos. Un niño cansado de correr por los campos verdes de su tierra, que dormía en paz cuando la noche llegaba.
¿Paz? ¡Hace mucho tiempo ignoraba lo que era paz! Pero, ¡cómo son las ironías de la vida! Acababa de regresar dé una misión de paz, en un país ex­tranjero. Él, buscando paz para los demás cuando, en lo recóndito de su ser, no sabía lo que era eso.
Hundido en su mundo de dolor y remordimiento, una noche se detuvo en un programa de televisión. Allí se hablaba del maravilloso amor de Jesu­cristo. No le prestó atención, al principio. Pero, a medida que el pensamiento del presentador avanzaba, despertó su interés.
El hombre de traje oscuro y voz suave, hablaba de paz. No se refería a una paz pasajera, humana. No hablaba de un acuerdo de concordia entre seres humanos; hablaba de un sentimiento de quietud y bonanza que se apodera del corazón, a pesar de las circunstancias terribles que la vida presenta.
Casiano anheló esa paz para él. Con asombro, veía describir la historia de su vida; sus encuentros y desencuentros; sus noches de amargura, sin poder dormir.
Repentinamente los ojos del presentador se fijaron en los suyos. "¿Adon­de irás", le preguntó, "si no vienes a Jesús?" Casiano no lo pensó dos veces. Se aproximó a la televisión, y cayó arrodillado, entregando el corazón a Jesús.
Ya pasaron más de veinte años desde aquel día. Hoy, Casiano sabe, por experiencia propia, lo que Jesús quiso decir al anunciar: "La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro cora­zón, ni tenga miedo".
Tomado del Libro de Meditaciones 2011, del Pr. Alejandro Bullón.

Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. 1 Tesalonicenses 5:18.

El texto de hoy presenta tres ideas. La primera es "dad gracias en todo". La gratitud, en la vida del cristiano, no necesita de una causa. Debe ser una manera de encarar la vida.
El segundo pensamiento es que la "voluntad de Dios para nosotros" es que vivamos siempre agradecidos. Una actitud agradecida es el camino divi­no para llevarte a una vida realizada y feliz.
Finalmente, solo puede vivir una actitud permanente de agradecimiento la persona que está "en Cristo Jesús". De acuerdo con este consejo divino, de­bemos agradecer no solo por las cosas buenas que nos suceden sino, incluso, por las cosas tristes y desagradables que se presentan en el camino. ¿Por qué? "porque esta es la voluntad de Dios". En esta vida, tal vez nunca logres en­tenderlo; pero, la verdad es que Dios jamás se equivoca. Aun cuando el dolor toque tu vida, Dios tiene un propósito educativo para ti.
Julián, un empresario mejicano de éxito en los Estados Unidos, me dijo eso un día, mientras viajábamos, por tierra, de Menfis a Knoxville. El sol in­cendiaba el horizonte, anunciando que el día se iba. Los ojos de Julián, fijos en la carretera, no disimulaban su emoción al recordar las circunstancias difíciles que lo obligaron a salir de su país, para salvar su vida.
Su padre, un sicario a sueldo, había provocado a un jefe de la mafia me­jicana que explotaba el tráfico de drogas en la frontera. El temible traficante había condenado a muerte a toda la familia: la madre de Julián y dos herma­nos suyos ya habían sido asesinados. Al joven atíético, de cabellos ondulados y rostro refinado, no le quedó otro camino sino aventurarse a cruzar ilegal­mente al país vecino.
-Si no hubiese sido por aquel incidente, yo nunca habría salido de mi patria -me dijo- Y, mire usted, yo no sabía que Dios me estaba dirigiendo hacia una vida de prosperidad y de éxito.
Eso es lo que Pablo quiere decir en el versículo de hoy, cuando aconseja dar gracias a Dios en todo. El Señor nunca falla. Solo que esa actitud es po­sible únicamente cuando estás "en Cristo Jesús". Por eso hoy, antes de partir hacia la lucha del día, sé agradecido. Y ten la seguridad de que tu vida está escondida en el Señor Jesús, porque "dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús".
Tomado del Libro de Meditaciones 2011, del Pr. Alejandro Bullón.

"Y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinie­blas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía" Isaías 58:10.

Gente sincera cree que la vida cristiana es una colección de obligaciones. Muchas personas tienen miedo de leer la Biblia; no quieren más debe­res. Y ahora viene Dios, en el versículo de hoy, dándote otra orden: "Ayuda al que necesita".
La pregunta que acude a tu mente tal vez sea: "¿Por qué debo ayudar?" El problema con los seres humanos es que, frecuentemente, pensamos que las recomendaciones bíblicas son una especie de fardo que hay que cargar. Pero, cuando Dios nos dejó sus consejos, no fue con el propósito de hacer de la vida de sus hijos una carga pesada. Lo que tenía en mente era hacerte una persona feliz y realizada.
El texto de hoy trae una de las promesas más bellas de la Biblia. Es una promesa condicional. Primero, viene la condición: "Si dieres tu pan al ham­briento y saciares al alma afligida". Después, viene la promesa: "en las tinie­blas nacerá tu luz y tu oscuridad será como medio día".
Norma era una joven sumergida en las turbias aguas de la depresión. La vida no tenía color para ella. Las sombras de la tristeza se apoderaron de su alma durante varios años, a raíz de la ruptura de un noviazgo prolongado.
Un psicólogo cristiano le recomendó, cierto día, una terapia aparente­mente sin sentido: ella debía visitar un barrio pobre, llevando comida para niños necesitados. Al principio, los padres la llevaban casi por la fuerza; era parte de su tratamiento. En poco tiempo, sin embargo, la luz empezó a ilu­minar la vida de esta joven. Contemplar la alegría y la gratitud de esos niños que no tenían qué comer fue la cura para la depresión.
Cada vez que extiendes la mano para ayudar al necesitado, abres las ven­tanas de tu vida para que el sol entre e ilumine cada rincón sombrío de tu corazón. Una vida centralizada en las propias carencias y necesidades está aprisionada en la oscuridad del egoísmo. No tiene alegría; lo que llama feli­cidad no es otra cosa sino carcajada hueca, vacía y sin sentido. No pasa de ser el grito desesperado de un alma envuelta en la sábana oscura de sus temores y miedos.
Por eso hoy, antes de iniciar las actividades del día, recuerda que "si die­res tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía".

Tomado del Libro de Meditaciones 2011, del Pr. Alejandro Bullón.
Mas yo a Jehová miraré, esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá. Miqueas 7:7


Melisa despierta sobresaltada, con la frente húmeda y los labios secos. Intenta murmurar algo, pero solo consigue llorar. El dolor de la pérdida es abrumador; siente que el mundo cayó encima de ella. Acaba de salir del hospital, después de recuperarse de un terrible accidente, en el que fallecieron sus padres. Ella quedó con marcas horribles en su cuerpo, y se encuentra completamente desorientada. Hija única, de 22 años. No sabe cómo enfrentar la nueva fase de su vida. Se siente sola, abandonada, y mira al futuro con miedo.



"En mi corazón ya no hay alegría", piensa en silencio. Y una lágrima rebelde resbala por los surcos de sus cicatrices. Melisa, ¡no pierdas la esperanza! La vida sin esperanza no tiene sentido. Es necesario tener esperanza. La noche pasará, y vendrá un día lleno de sol. Aún es posible realizar el sueño que la tragedia despedazó. El dolor pasará, y tu corazón volverá a cantar como cantan las aves celebrando la llegada de un nuevo día. Espera en Jesús, y confía en él aunque los vientos contrarios intenten arrebatar tu fe.
Al fin de cuentas, tú no estás sola en este mundo. Tú, como el profeta Miqueas, en medio de la adversidad tienes un Dios a quien mirar y en quien confiar.



El año se fue. Abre las cortinas de tu corazón; deja entrar al sol de un nuevo día. Confía en las promesas maravillosas de Dios. Él jamás te prometió que, en este mundo de dolor, la tristeza pasaría de largo. Las lágrimas son una realidad innegable de este mundo de pecado. Pero, nada está perdido para quienes confían en Jesús.Espera en Dios. La esperanza cristiana no es el simple deseo de que las cosas mejoren, sino la certidumbre de que el sol volverá a brillar, aunque en este momento solo veas nubes que anuncian tormenta. La vida pudo haberte quitado muchas cosas; puedes tener motivos suficientes para creer que el año que pasó fue el más terrible. Pero se fue. Ya es historia. Tú no vives de la historia. Proyéctate hacia el futuro con fe. Comienza un nuevo año, repitiéndote a ti misma la oración de Miqueas: "Mas yo a Jehová miraré, esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá".

Tomado del Libro de Meditaciones 2011, del Pr. Alejandro Bullón.
Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21).



UNO DE LOS ASUNTOS SOBRESALIENTES de la genealogía de Mateo es que, extrañamente, se mencionan a varias mujeres. Por el papel que las mujeres desempeñaban en la sociedad judía, no era común que aparecieran en registros públicos como las genealogías. Pero cuando nos fijamos en qué clase de mujeres eran las mencionadas, entonces el asunto cobra más interés. Difícilmente habría encontrado Mateo a mujeres menos aptas para aparecer en su lista genealógica. La primera que se menciona es Rahab, una ramera de Jericó (Mat. 1: 5; Jos. 2: 1-7). Fue la mujer que hospedó a los espías hebreos, y, en recompensa, se le perdonó la vida a ella y a sus parientes, además se les dio un lugar dónde vivir en Israel.

La segunda mujer que aparece en el registro es Rut, una moabita que se casó con uno de los hijos de Noemí, a quien acompañó de regresó a Israel. Ella pertenecía a un pueblo extranjero y odiado por los israelitas, y a quienes se les prohibió en la ley mosaica que pertenecieran a la congregación de Israel durante diez generaciones (Deut. 23: 23).

La tercera es Tamar, una adúltera deliberada que engañó a su suegro para procrear un hijo con él (Gen. 38). Aunque tenía justas razones, era de moral dudosa.

La cuarta es Betsabé, mujer de Urías, el hitita, uno de los valientes de David. Este la sedujo vilmente con una crueldad imperdonable. Llegó a ser la madre de Salomón. Mateo ni siquiera menciona su nombre, y solo dice que fue esposa de Urías.

¿Por qué Mateo incluyó a estas mujeres en la lista de ascendientes de Jesús? Tal vez para darnos un mensaje especial. Quizá nos quiere decir que esta es la esencia del evangelio: Que Jesús vino a redimir al caído, al odiado, al pecador corrupto, al degenerado, al que vive sin esperanza, pero que se aferra de Aquél que tiene el poder de redimir.

Tomado del Libro de Meditaciones 2010 "El Manto de su Justicia " de Eloy Wade.
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La biblia dice: "El juicio que lleva a la condenación fue resultado de un solo pecado"
 (Romanos 5: 16).

SER CONSIDERADOS PECADORES, y que nada pasara, no sería una herencia tan mala, tal vez. El problema fue que el pecado de Adán no fue inocente. Hay cinco palabras que el apóstol usa para describir lo que hizo Adán. La primera es la palabra "pecado", que significa yerro, falta, o error. Adán cometió una falta muy seria. La segunda palabra que el apóstol usa para hablar del pecado de Adán es "desobediencia". Quiere decir que sabia lo que estaba haciendo, y era consciente de ir contra la voluntad de Dios. La tercera palabra con la que Pablo describe el pecado de Adán significa "transgresión". Esto implica que a Adán, como sabemos, se le dio un mandamiento específico, y claro, él lo violó, lo pisoteó. No fue un error cometido solo por ignorancia, sino con desdén. Fue una falta intencional.

El cuarto término describe aún más la gravedad de su pecado, ya que se traduce como "rebelión", iniquidad. Esto quiere decir que no solo fue intencionado sino que lo hizo como un acto de rebeldía y oposición. Finalmente, la quinta palabra nos dice que su pecado involucró una "caída". Como resultado de su yerro, desobediencia, transgresión y rebelión, Adán cayó del favor de Dios. Cayó de la condición de pureza a una condición de pecado. La herencia que nos transmitió no fue una caída ligera, sino estrepitosa.
Podríamos decir que Adán cayó en un foso grande, ancho y profundo. Es el pozo del pecado, y que ahí nacimos todos los seres humanos. Nos revolcamos en ese fango sin esperanza de algo mejor, porque nos acostumbramos a vivir en la podredumbre del mal. Esta es la herencia triste de nuestro padre Adán. Y esta es la razón por la que fue condenado; y junto con él, todos nosotros.

Tomado del Libro de Meditaciones 2010 "El Manto de su Justicia " de Eloy Wade.
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Meditemos en lo siguiente: "Este garantiza nuestra herencia hasta que llegue la redención final del pueblo adquirido por Dios, para alabanza de su gloria"
 (Efesios 1: 14).

EL APÓSTOL DICE QUE EL ESPÍRITU SANTO, que es señal o sello de propiedad, garantiza al creyente que recibirá la herencia prometida. Es decir, el derramamiento del Espíritu en el cristiano es la garantía de algo que viene después en plenitud. La palabra usada por Pablo para referirse al Espíritu como garantía, es un término que en sus días pertenecía al mundo de los negocios y el comercio. Es lo que llamaríamos hoy un enganche o anticipo. Lo que se adelanta para garantizar algo. El apóstol Pablo lo afirma: «Nos selló como propiedad suya y puso su Espíritu en nuestro corazón, como garantía de sus promesas» (2 Cor. 1: 22). «Es Dios quien nos ha hecho para este fin y nos ha dado su Espíritu como garantía de sus promesas» (2 Cor. 5: 5).

El Espíritu Santo en la vida del creyente es el sello de propiedad de Dios y es la garantía de que sus promesas se cumplirán fielmente. Es decir, es señal de posesión e indicador de que lo mejor está por venir. Por eso, el apóstol vincula el término primicia con la posesión del Espíritu: «Y no solo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo» (Rom. 8: 23). Las primicias eran los primeros frutos de la cosecha. Eran la señal inequívoca de que la cosecha completa estaba por venir.

Así que en la concesión de su Espíritu al creyente, Dios ha dado garantía y anticipo. La garantía nos da seguridad; el anticipo nos da esperanza. Todavía los griegos modernos usan el término que usó Pablo para referirse al anillo de compromiso. Con ello, los novios tienen garantía y aguardan con esperanza el día de la boda. De este modo, Dios nos ha dado su Espíritu como una bendición espiritual muy grande, a fin de que tengamos seguridad y esperanza.

Tomado del Libro de Meditaciones 2010 "El Manto de su Justicia " de Eloy Wade.
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El versículo principal de hoy nos dice : "En él también ustedes, cuando [...] creyeron, fueron marcados con el sello que es el Espíritu Santo prometido" (Efesios 1: 13).



EL APÓSTOL EXPONE las bendiciones espirituales que se gozan en Cristo. En esta ocasión nos dice que fuimos sellados. En la antigüedad, la gente usaba sellos para colocarlos en lugar de sus nombres. Era una señal de propiedad y pertenencia. Se usaba como hoy ponemos nuestra firma o escribimos nuestro nombre para indicar que algo es nuestro.

Cuando el apóstol nos dice que fuimos sellados, lo que quiere decir es que pertenecemos a Dios, porque llevamos su sello de propiedad (2 Cor. 1: 22). Esto es lo más maravilloso que hace el evangelio por las personas que creen en Cristo: Les asegura que no tienen de qué preocuparse, porque son propiedad de Dios. Imagínese lo que implica pertenecer al Ser más poderoso del universo, el Creador de todo y dueño de todo lo que existe. Ciertamente esto nos imparte seguridad y confianza. Pero no somos propiedad de Dios como un objeto, sino porque somos miembros de su familia. Por eso, el Señor dijo: «Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen [...]. Nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano. Mi Padre, que me las ha dado, es más grande que todos; y de la mano del Padre nadie las puede arrebatar» (Juan 10: 27-29).
El cuida de sus hijos como cuidó de su pueblo: «Lo protegió y lo cuidó; lo guardó como a la niña de sus ojos» (Deut. 32: 10). En medio de los peligros de los últimos días, Dios pondrá su sello sobre su pueblo: «¡No hagan daño ni a la tierra, ni al mar ni a los árboles, hasta que hayamos puesto un sello en la frente de los siervos de nuestro Dios!» (Apoc. 7: 3).
Su pueblo estará seguro en la crisis final porque pertenece a Dios.

Tomado del Libro de Meditaciones 2010 "El Manto de su Justicia " de Eloy Wade.
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Dios quiere que seas parte de sus escogidos.

La biblia nos dice, refiriéndose al deseo de Dios, "Pues él quiere que todos sean salvos y lleguen a conocer la verdad  (1 Timoteo 2:4).

ES UN ERROR PENSAR QUE DIOS haya escogido a todo el mundo para salvación, pues la Biblia enseña claramente que no todos lo serán cuando Cristo vuelva. Pero para Agustín no era así: Dios no puede elegir a todos, solo a cierto número. Aunque algunos de sus estudiantes insistían: ¿Por qué Dios no puede elegir a todos? ¿No dice la Biblia que Dios quiere que todos se salven? Agustín respondía: Dios quiere repoblar el cielo de la apostasía angelical con seres humanos, y esto tiene un límite.

Agustín, como otros que lo siguieron, tenia razón en varias cosas. Estaba acertado en que Dios es soberano, y que tiene el derecho de elegir a quien quiera. También estaba en lo correcto cuando creía que Dios va a elegir a unos y rechazar a otros. Lo que Agustín pasó por alto en la doctrina de la elección es que Pablo dijo que somos elegidos en Cristo: «Dios nos escogió en él» (Efe. 1: 4). No somos elegidos individualmente, sino en forma corporativa. Es decir, Dios, usando su derecho de soberanía, determinó que elegiría a los que escogieran a Cristo como su Señor y Salvador. Antes de la fundación del mundo, antes que el mal existiera, Dios se anticipó con un plan, que conocemos como el plan de la salvación, que establece que solo serían elegidos para la salvación los que tuvieran fe en Cristo. Los demás, serían rechazados. Este concepto mantiene la soberanía de Dios, pero no elimina la elección humana. Todavía los seres humanos son responsables de lo que elijan.

El apóstol Pablo no enfatiza la elección del hombre, sino la elección de Dios. Cuando se enfatiza lo primero, el hombre recibe el honor; cuando se subraya lo segundo, es Dios quien recibe la honra. Por eso el énfasis de Pablo. Es maravilloso el pensamiento de que Dios nos elige. ¡Qué bendición ser un elegido suyo!

Tomado del Libro de Meditaciones 2010 "El Manto de su Justicia " de Eloy Wade.
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La reflexión de hoy se centra en el siguiente versículo bíblico: "Ya que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba (Colosenses 3: 1).


LA ESPERANZA DE LA RESURRECCIÓN no aparece muy frecuentemente en el Antiguo Testamento. A Daniel, sin embargo, se le dijo: «Pero tú, persevera hasta el fin y descansa, que al final de los tiempos te levantarás para recibir tu recompensa» (Dan. 12: 13). En la tradición farisaica, la resurrección de los muertos estaba asociada con el fin de esta era. La venidera seria de la resurrección. Nuestro Señor también enseñó que la resurrección pertenecía a la era venidera: «Y esta es la voluntad del que me envió: que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el día final. Porque la voluntad de mi Padre es que todo el que reconozca al Hijo y crea en él, tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final» (Juan 6: 39, 40). «Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió, y yo lo resucitaré en el día final» (vers. 44). «No se asombren de esto, porque viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y saldrán de allí» (Juan 5: 28, 29).

Pero como Jesús es la resurrección y la vida (Juan 11: 25), y la vida ha invadido este mundo con la presencia de Cristo, resulta que la resurrección es una experiencia actual y presente. Por eso Jesús declaró: «Ciertamente les aseguro que ya viene la hora, y ha llegado ya, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán» (Juan 5: 25). La hora de resucitar a los muertos espirituales ya está aquí. Los que responden a la voz del Hijo de Dios, pueden tener vida. La resurrección, reservada solo para el día final, por la presencia de Cristo es una realidad actual. El que cree en Cristo resucita a una vida nueva: «Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales» (Efe. 2: 6).

Tomado del Libro de Meditaciones 2010 "El Manto de su Justicia " de Eloy Wade.
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Esta meditación se centra en el siguiente versículo: "Para que todo el que crea en él tenga vida eterna" (Juan 3: 15)
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UNA DE LAS BENDICIONES QUE PERTENECEN a la consumación del reino, pero que el Señor dijo que podemos gozarla desde ahora, es la vida eterna. La promesa de la vida eterna se realizará plenamente en el reino futuro y consumado de Dios. Los ciudadanos de ese reino nunca morirán. Su vida se medirá con la vida de Dios. La promesa de Cristo es clara: «Les aseguro —respondió Jesús— que todo el que por causa del reino de Dios haya dejado casa, esposa, hermanos, padres o hijos, recibirá mucho más en este tiempo; y en la edad venidera, la vida eterna» (Luc. 18: 29, 30). Una de las realidades más amargas que experimentan los seres humanos, es la muerte. Es a lo que más tememos. Significa separación y extinción. El apóstol dice que es un cruel enemigo del hombre (1 Cor. 15: 26). La vida eterna es la recompensa por excelencia de la era venidera. Se la compara con una corona de victoria que se da al vencedor: «Dichoso el que resiste la tentación porque, al salir aprobado, recibirá la corona de la vida que Dios ha prometido a quienes lo aman» (Sant. 1: 12).

Pero aunque será consumada en el futuro, la vida eterna, dijo Jesús, ya la posee el creyente aquí y ahora. En cierto sentido espiritual, esa vida se empieza a vivir en el presente. Dijo el Señor: «El que cree en el Hijo tiene vida eterna» Qusn 3: 36). Tan segura es la promesa para el creyente, que se la expresa en el tiempo presente: «Ciertamente les aseguro que el que cree tiene vida eterna» (Juan 6: 47). «Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano» (Juan 10: 28). «El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida» (1 Juan 5: 12).

Tomado del Libro de Meditaciones 2010 "El Manto de su Justicia " de Eloy Wade.
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Estimados Amigos lectores de reflexiones para Vivir, a continuación les compartimos esta hermosa meditación. El verso bíblico en el que se centra la meditación de hoy dice. "Todo lo que resista el fuego, deberá ser pasado por el fuego para purificarse" (Números 31: 23).

LA FUENTE DE BRONCE era símbolo de limpieza, exigida para los servicios del santuario. Apuntaba también a la limpieza espiritual que el Señor requería de todos los adoradores. La limpieza se conseguía en el santuario. Después de ofrecer su sacrificio, el pecador retornaba a su casa con una conciencia limpia y en paz con Dios.

Pero Dios quiere que no solo seamos limpios por dentro, sino también por fuera. Y viceversa. Quiere mente limpia en cuerpo limpio. Y cuerpo limpio en mente limpia. Por eso dio mandamientos concretos, para que los que habitaban en el campamento que rodeaba al santuario vivieran en un ambiente limpio. Como vivían en comunidad, era imperioso que para evitar enfermedades, que traen sufrimiento y dolor, los niños tuvieran un campamento ordenado y limpio. Tanto ayer como hoy nos persigue la mugre. En el mundo antiguo, y a veces en el moderno, la gente vivía rodeada de basura y excrementos; los animales vivían en las casas y tiendas; y las aguas frecuentemen te estaban contaminadas con animales muertos. En Oriente Medio, la gente se bañaba poco por la escasez de agua. Todo esto daba origen a enfermedades y, por lo tanto, al dolor y sufrimiento.

 Las plagas diezmaban y devastaban a los habitantes de ciudades y pueblos. Los israelitas habían vivido así en Egipto durante 215 años, y se habían acostumbrado a la idolatría y a la suciedad.

Dios sacó a su pueblo de la esclavitud egipcia para hacerlo un pueblo libre, pero no solo de la esclavitud, sino también de la miseria y la mugre. Los Diez Mandamientos iban a transformar la vida espiritual, la intimidad y las relaciones humanas de Israel. Las leyes complementarias transformarían su vida física y su ambiente natural. Dios quería que sus elegidos estuvieran exentos de enfermedades. Por lo tanto, les dio leyes y reglamentos que tenían el propósito último de que vivieran en un ambiente higiénico y saludable.

Tomado del Libro de Meditaciones 2010 "El Manto de su Justicia " de Eloy Wade.
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Reflexionemos en una gran verdad que la Biblia nos dice hoy: "Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona". (Marcos 7:21-23).

LA LIMPIEZA REQUERIDA en el santuario llega a ser un símbolo de la limpieza de la vida íntima, que se puede lograr por la lectura, aceptación y aplicación de la Palabra de Dios. Pero el apóstol aplica este concepto de lavamiento a la acción del Espíritu: «Nos salvó mediante el lavamiento de la regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo, el cual fue derramado abundantemente sobre nosotros por medio de Jesucristo nuestro Salvador» (Tito 3: 5, 6). Este pasaje nos dice que la regeneración y la renovación del Espíritu Santo en la vida es un tipo de lavamiento espiritual. El Espíritu de Dios es el agente divino en la renovación y limpieza del corazón humano.

En realidad, el Espíritu es el que ha dado la Palabra de Dios e inspira al creyente a leerla, para que sus principios puedan producir una limpieza espiritual. El Espíritu primero limpia la vida interna, los pensamientos y las indicaciones del corazón. Quita los malos principios adquiridos o heredados, y establece los nuevos. Porque es el interior el que contamina lo exterior. Jesús lo dijo con claridad meridiana en nuestro pasaje de hoy. Quitar esos elementos malos de la mente y del corazón humano solo es posible mediante el poder de Dios. La ciencia moderna nos promete que la ingeniería genética podrá algún día manipular los genes humanos para eliminar todo lo malo que haya en ellos, a fin de producir personas buenas. Sin embargo, solo Dios limpia el  corazón cada día. Permitamos hoy que el Espíritu Santo realice su obra en nuestra vida.

Tomado del Libro de Meditaciones 2010 "El Manto de su Justicia " de Eloy Wade.
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