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Gonzalo pasó su mano por el cabello y, mientras apagaba la computa­dora, se dio cuenta de que la ventana de la casa de enfrente tenía luz. Interrumpió lo que estaba haciendo, y corrió a observar; siempre lo hacía, y después se arrepentía. Invadir la privacidad de la joven vecina no le hacía bien: la culpa lo castigaba a la hora de dormir.
Gonzalo atribuía la culpa a sus ojos: "Si fuese ciego, no tendría este pro­blema", se recriminaba a sí mismo, en sus horas de arrepentimiento.El problema de Sansón también fue sus ojos. Aparentemente; porque el nido de las actitudes pecaminosas nada tiene que ver con los ojos: está en la mente. Los ojos hacen lo que la mente ordena. El mensaje de hoy está relacionado con la tendencia carnal del ser humano: "Nací en pecado, y en pecado me concibió mi madre", declaró David después de ser víctima de la tendencia pecaminosa que cargaba en su mente.La tragedia del hombre pecador es que vive en función de los sentidos; pueden ser los ojos, o el olfato o el paladar. La mente natural corre detrás de lo errado: sabe que eso le hace mal, pero insiste; sufre, pero continúa. Los sentidos son solo instrumentos al servicio de la mente, que se deleita en andar lejos de Dios.A Sansón le fue mal; jamás le fue bien a nadie. La única salida radica en la transformación completa de la naturaleza, y ese milagro es llamado, en la Biblia, "conversión". En el momento de la conversión, Dios te entrega la mente de Cristo, y solo entonces estás en condiciones de colocar tus sentidos bajo el control del Espíritu.A Sansón le costó caro aceptar el hecho de que necesitaba ser convertido. Se casó, llevado por los sentidos; dejó que su naturaleza rebelde decidiese su futuro. El resultado fue trágico: la mujer buscada solamente con los ojos, lo llevó a perder los ojos en manos de los filisteos.Hoy puede ser un día de evaluación: ¿hasta qué punto soy dirigido por el Espíritu de Dios o por mi mente natural? Dios siempre está dispuesto a operar el milagro de la conversión cuando el ser humano cae, rendido, a sus pies.No te olvides: a Sansón le fue mal porque: "descendió Sansón a Timnat, y vio en Timnat a una mujer de las hijas de los filisteos"(Jueces 14:1)
                               Tomado del Libro de Meditaciones Matinales 2011, del Pr. Alejandro Bullón

De la perfección a la maldad. ¿Cómo es posible? Lucifer era perfecto, al salir de las manos del Creador. Pero, justamente por ser perfecto, nece­sitaba ser libre. Si no pudiese decidir, no sería libre; sería apenas un esclavo del bien, y no sería perfecto. Su tragedia fue pensar que podía vivir solo: decidió separarse del Creador y seguir un camino extraño. El orgullo es eso: la insensata idea de que puedes vivir solo.
Nadie puede; todos los seres creados somos dependientes. Vinimos de las manos del Creador, y solo seremos completos cuando nos volvamos a él. Pero, el orgullo te lleva a pensar que no necesitas de nadie; que eres autosu- ficiente y capaz de escoger tu propio camino. El resultado es que, lejos del Creador, aparece el deterioro. Lenta, imperceptiblemente al comienzo. Pero, cuando un día abres los ojos, no te queda otra cosa sino un remedo de la imagen de Dios con la que fuiste creado.A lo largo de mi vida, he conocido jóvenes brillantes. Tenían un mara­villoso futuro por delante; parecían un sol naciente, en las frías mañanas de invierno. Tal vez, justamente por eso creyeron que podían reinar, soberanos, en el escenario de su propia existencia. Hoy, queda poca cosa de ellos.El origen del orgullo es un misterio; la Biblia no lo explica. Dios describe lo que sucedió pero, por algún motivo, no nos explicó el porqué ni el cómo. Simplemente, nos muestra el triste destino de separarse de la Fuente perma­nente de la vida, que es él.Si, por algún motivo, crees que puedes decidir solo, detente y piensa. Dios permitió que el ser humano organizase el tiempo en días, semanas, meses y años, quién sabe por eso: para darte la oportunidad de hacer un alto y reflexionar. Reflexionar es vivir; y vivir es corregir, todos los días, a cada instante, siempre que percibes que te estás yendo fuera del camino que un día el Creador te preparó.Haz de este un día de reflexión. ¿Quién es el centro de tu vida y de tus decisiones? ¿Quién ocupa el primer lugar en tu existencia? Aprende de la historia. La historia de Lucifer es una historia triste, porque: "Perfecto era en todos sus caminos desde el día en que fue creado, hasta que se halló en él maldad' (Ezequiel 28:15)
                          Tomado del Libro de Meditaciones Matinales 2011, del Pr. Alejandro Bullón

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Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos. Mateo 20:16.


Cuando el texto de hoy habla de "primeros y postreros", no se refiere a una carrera en la que unos llegan en primer lugar y otros se quedan re­legados al final. El pensamiento central es el poder de la decisión. Muchos son llamados. La Biblia es un libro de permanente invitación al pecador: Dios llama, insiste, y toca incesantemente a la puerta del corazón humano. Lo llama porque lo ama; desea que el hijo sea feliz. Y sabe que, lejos del Creador, la criatura será siempre incompleta y, por tanto, infeliz. 
Pero, la triste realidad es que no todos aceptan la invitación divina; po­cos, en comparación con el total de la humanidad. En Sodoma, solo se salvó una familia; en ocasión del diluvio, sucedió lo mismo; y al final de los tiem­pos, la historia se repetirá. Serán pocos los que, finalmente, serán escogidos porque dijeron "Sí". El versículo de hoy dice más: asevera que quienes más oportunidades tuvieron serán los que más desperdiciarán la invitación. Los postreros, aque­llos que se pensaba que no serían, serán; mientras que los primeros, aquellos que tenían todo a su favor, se perderán. El núcleo de la decisión está en el poder de la voluntad. Dios dio liber­tad al ser humano, y la respetará hasta el fin. No puede obligarte; no puede derribar la puerta del corazón y entrar en contra de tu voluntad: tú tienes que querer, tú tienes que decir que sí. En el momento que lo hagas, todos los ejércitos celestiales correrán para ayudarte; pero, nadie puede hacer nada por ti, si te niegas a abrir. Todos los días tomas decisiones. Unas te llevan hacia el dolor y el su­frimiento: son decisiones de muerte. Otras, te conducen al servicio y a la entrega: son decisiones de vida. Haz de este día un día de decisiones sabias. ¡Abre el corazón a Jesús! ¡Permítele entrar! Deja que él trabaje en ti, desde adentro hacia afuera. Que corrija las cosas que necesitan ser corregidas; que limpie lo que necesita ser limpiado; en fin. Que coloque orden, paz, perdón, y la seguridad de que eres una nueva criatura, renacida en Cristo. No te atrevas a enfrentar los desafíos de este día desconocido para ti, sin pensar en el poder de tu decisión, porque "los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos". 
                                         Tomado del Libro de Meditaciones Matinales 2011, del Pr. Alejandro Bullón

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Jesús no vino a este mundo solo para salvarte del pecado; aunque el pe­cado sea la causa de todos tus problemas. Cuando no existía el pecado, el mundo era un mundo perfecto; "bueno en gran manera", relata el libro de Génesis. Pero, desdichadamente, el pecado entró, trayendo todas sus con­secuencias: violencia, injusticia, egoísmo, hambre, soledad, miedo, en fin... Hoy vivimos en un mundo injusto, plagado de desigualdades; un planeta en el cual unos pocos desperdician mucha comida y muchos mueren de hambre. 
El peor error que los cristianos podemos cometer, en ese contexto, es el de pensar que nuestra misión es solo predicar el evangelio de salvación, en el sentido de solo "portarse bien para llegar al cielo". El cielo y la vida victoriosa sobre las tendencias pecaminosas son verdades meridianas; realidades, y no solamente ilusiones o promesas utópi­cas. Pero, la salvación es mucho más que solo esperar la recompensa eterna cuando Jesús vuelva: tiene que ver, también, con el vivir cotidiano del ser humano, mientras aguardamos el día esperado del retorno de Jesucristo. El versículo de hoy nos muestra la preocupación divina con las necesi­dades humanas. Podría haber resultado fácil, para Jesús, predicar las buenas nuevas del Reino celestial y dejar que las personas resuelvan su problema de falta de alimento. Pero, él consideró: "Ellos no han comido durante tres días y no quiero enviarlos así, para que se desmayen en el camino". Este es el Dios del evangelio completo. Él sabe que las personas no pueden entender las verdades espirituales, mientras el estómago les ronronea de hambre. Pero el otro error, igualmente fatal, que podemos cometer es el de pen­sar que la misión de la iglesia es transformar la estructura social injusta de nuestros días, olvidándonos de que la raíz de los problemas humanos no es la estructura social, sino el problema del pecado. Haz de este un día de justicia: alimenta al pobre, calma la sed del sediento, preocúpate por el que sufre a tu lado. Olvídate un poco de tus problemas y piensa que, en esta vida, siempre hay alguien en peor situación que tú. Y recuerda que "Jesús, llamando a sus discípulos, dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos en ayunas no quiero, no sea que desmayen en el camino". ( San mateo 15:32)
                                     Tomado del Libro de Meditaciones Matinales 2011, del Pr. Alejandro Bullón
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El enemigo de Dios es también tu enemigo. En realidad, tú nada le hiciste;  su odio es gratuito. No puede con Dios, y se las toma contigo porque sabe que tú eres precioso a los ojos divinos, y la mejor manera de tocar el corazón de Dios es hacerte sufrir.
Pero, en fin, ese no es el problema. El pensamiento del versículo de hoy es que la mejor manera de derrotar al enemigo es con la Palabra de Dios. Lo interesante de la historia es que, a veces, la mejor arma que el enemigo usa para derrotarte también es la Palabra de Dios. A Jesucristo, el enemigo se le presentó citando los escritos de los profetas, pero fuera del contexto, arre­glados a su manera, haciéndoles decir lo que él deseaba y no lo que el texto decía. Pero, Jesús conocía bien el texto y lo confrontó con la verdad.
El tema central de hoy es la adoración. Desde el cielo, Lucifer deseó la adoración para sí. Cuando no logra que los seres creados caigan en sus tram­pas, intenta llevar la adoración humana hacia cualquier cosa, menos hacia Dios: adorar cualquier idea, filosofía de vida u objeto ya es adorarlo a él.
Pero, ¿por qué esto es tan importante para el diablo? Por la sencilla razón de que, si retiras tus ojos, tu atención y tu adoración de Dios, ya perteneces al reino de las tinieblas, y consecuentemente, al reino de la derrota, de la mentira, de la mediocridad y de la muerte.
Tú única seguridad, en esta vida, es saber lo que la Escritura dice. No se trata solo de memorizar versículos y repetirlos, como si fuesen un amuleto contra el mal. Se trata de encarnar la Palabra de Dios en tu experiencia; hacerla realidad, vivirla en las varias circunstancias del día. La Palabra de Dios es vida: te lleva a la vida eterna, te muestra el camino, te alumbra, te enseña. Es el mapa para que no te extravíes, en este mundo de dificultades y de tristezas.
Haz de este día un día de comunión con Jesús. Abre la Palabra de Dios, graba sus consejos en tu corazón y, cuando tengas que enfrentar al enemigo, que puede presentarse disfrazado de adversidad, enfermedad o pruebas, haz como Jesús, y dile: "Escrito está". No olvides el pensamiento biblico de hoy: "Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás"(Mateo 4:10)
En las instalaciones internas del ala nacional del aeropuerto Benito Juárez, de México, se encuentra el "Taba bar", un restaurante en el cual las per­sonas comen algo mientras esperan su vuelo.
Faltan dos horas para el mío; voy a Minatitlán, en el Estado de Vera- cruz. Mientras llega la hora, abro la computadora y escribo este devocional. "Aprende y reflexiona", aconseja el versículo. El aprendizaje es el resultado de la reflexión: no existe aprendizaje sin reflexión. Pero, vivimos en un mundo apresurado y no hay tiempo para detenerse y pensar por qué las cosas son como son, o qué lecciones podemos aprender de lo ocurrido.
El consejo de hoy es que debemos reflexionar y aprender que el funda­mento de una vida realizada y feliz es saber "que Jehová es Dios, arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro".
Simple. Y, al mismo tiempo, complicado. Simple, para el alma sencilla que abre el corazón a Dios; complicado, para la mente extraviada en los laberintos del racionalismo.
Con frecuencia, Dios permite que el ser humano siga su propio rum­bo. No discute con él; lo deja avanzar por los caminos arriesgados que su naturaleza escoge. Quisiera intervenir, detenerlo, decirle: "Hijo, ese camino te va a llevar a la destrucción". Pero, no puede: te dio libertad, incluso para abandonarlo, consciente de la temeraria actitud que escogiste.
Sería tan fácil buscar a Dios y tomar en serio sus enseñanzas; pero, el hombre moderno prefiere escoger sus propios dioses: pequeños, manipula- bles; dioses de plástico, incapaces de determinar lo que es bueno o malo. Que se limitan a dar el visto bueno al extravío humano.
"Reflexiona y aprende", es el consejo de hoy. Detente. Deja de correr como si tuvieses miedo de tu propia sombra. Piensa en la manera en que estás viviendo. Reflexiona. Vuelve a pensar una y otra vez.
Si lo haces, tus noches tendrán el brillo de las estrellas, y tus días, el res­plandor del sol. Verás que vale la pena vivir, aunque el dolor toque a la puer­ta de tu corazón; aunque las dificultades aparezcan como nubes cargadas de lluvia. Aprenderás a sonreír mientras los otros lloran, y a tener esperanza cuando los demás desesperan.
Por eso, hoy, no empieces el día sin recordar la amonestación divina: "Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que Jehová es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro".
(Deuteronomio 4:39)
                           Tomado del Libro de Meditaciones Matinales 2011, del Pr. Alejandro Bullón
    

¿Cómo definir, con palabras, el dolor de Jaime? ¿Cómo explicar la causa de sus lágrimas? No es fácil. Los sueños son sagrados. Nacen en el alma, se van formando como un niño en el vientre materno: esperas, ansioso, el día de verle el rostro. Pero, ¿qué sucede si pasa el tiempo, y la realidad no aparece? Miras hacia adentro, y allí, en lo recóndito de tu ser, solo en­cuentras restos de algo que se negó a ver la luz. Y te asustas, y sientes que tu sueño se transformó en una horrible pesadilla. 
Jaime soñaba con ser rico y famoso. Pensaba que, para eso, el primer paso sería liberarse de los "tabúes que el cristianismo le imponía". "Al final de cuentas", pensaba, "vivimos en un mundo en que no hay lugar para los melindres de la conciencia". Y partió, como el águila, rumbo al infinito de sus aspiraciones. Voló, voló y voló, en busca del sol. Y de repente, sintió las alas chamuscadas en el fuego de la fama; y volvió, solo y triste, de regreso a su realidad de dolor y de lágrimas. Diferente realidad la de Josué. "Su nombre se divulgó por toda la tierra", afirma el texto. El joven líder de Israel no buscó fama: busco servir, y el resul­tado fue la fama. Diferente de Jaime, que buscó la fama y encontró el dolor. "Estaba, pues, Jehová con Josué". Esta frase expresa el secreto de Josué: Dios controlaba su vida y sus decisiones. Él era el principio, el medio y el fin de su experiencia. En el poder de Dios, enfrentó a los ejércitos enemigos de Canaán y los derrotó. Cada victoria alcanzada lo preparaba para la siguiente. Su confianza en Dios aumentaba. Aumentaban, también, su dependencia y su sumisión. Pero, esta sumisión, lejos de convertirlo en un debilucho lleno de "ta­búes", lo convertía en un guerrero intrépido, capaz de ver la victoria antes de que los enemigos surgiesen. La preocupación que dominaba sus actos no era alcanzar la fama, sino servir a Dios y a su pueblo. La fama fue la consecuen­cia natural de ser guiado por el Señor. Haz de este un día de confianza y de entrega a Dios; ten la seguridad de que tus decisiones no son solamente tuyas. Pide la aprobación divina y, des­pués, parte rumbo a las grandes victorias que el Señor tiene preparadas para ti. Porque "estaba, pues, Jehová con Josué, y su nombre se divulgó por toda la tierra"(Josue 6:27).
                               Tomado del Libro de Meditaciones Matinales 2011, del Pr. Alejandro Bullón

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El ascensor era lo suficientemente amplio, y tenía capacidad para varias personas. Sin embargo, Clayton prefirió tomar las escaleras, a pesar del maletín pesado; es que Lauro estaba en el elevador, y Clayton no deseaba ha­blar con él. Nadie entendía la situación, porque ambos habían sido amigos hacía mucho tiempo. Lo peor es que los dos se sentían mal con esa situación. Entonces, surgió la presencia de Juana, que sirvió de mediadora para reconciliarlos. Los tres se abrazaron. A partir de aquel día, Clayton y Lauro volvieron a sonreír. 

No sé si percibiste que, cuando estás disgustado con alguna persona, no tienes paz en el corazón. Esa era la situación del ser humano después de caer en el pecado. Recuerda que lo primero que hicieron Adán y Eva, después de la desobediencia, fue huir y esconderse de la presencia de Dios. Esa situación tampoco dejaba feliz a Dios, porque amaba al ser humano y sufría al verlo huyendo de su amor. ¿Qué hacer? El texto de hoy enseña que la iniciativa de la reconciliación fue divina. "Todo esto proviene de Dios", aclara Pablo. El ser humano no se salva por­que quiera salvarse, sino porque Dios quiere hacerlo: es Dios quien lo busca, incansablemente, hasta encontrarlo. A fin de que su presencia gloriosa, de santidad y de pureza, no destruya al pobre pecador, Dios se vale de un Mediador; y ese mediador es Cristo. "Quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo". Aquí, encontramos la idea de que había una distancia enorme entre Dios y el hombre, y Cristo se cons­tituyó en el puente a través del cual podemos tener otra vez acceso al Padre. Con su naturaleza divina el Señor Jesús toma la mano del Padre, y con su naturaleza humana extiende su otra mano en dirección al hombre caído, a fin de rescatarlo. Y, de esta manera, reconcilia al hombre con Dios.Todo lo que necesitas hacer es aceptar que Jesús te tome de la mano. Y hoy puede ser ese gran momento, porque cada mañana es siempre una nue­va oportunidad. No salgas, sin saber que "todo esto proviene de Dios, quien nos reconci­lió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación"(2 Corintios 5:18).
                                  Tomado del Libro de Meditaciones Matinales 2011, del Pr. Alejandro Bullón

Hay personas que jamás olvidamos: el tiempo pasa, la juventud se va, las arrugas aparecen, como surcos que abre el tiempo; pero, el recuerdo de ellas perdura. Su influencia es semejante a un perfume que insiste en quedar impregnado en la piel. Creo que Pedro era una de esas personas. Los últimos años de su vida, la gente seguía colocando lechos y camas con la idea de que, al pasar el apóstol, "a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos".
Me emociona leer esto, porque este Pedro que las personas seguían por todos lados era el mismo que, una noche oscura y fría de invierno, había negado al Señor Jesús. En aquel momento, después de que el gallo cantara por tercera vez, el derrotado Pedro corrió desesperado, rumbo a las tinieblas de su propia consciencia. El martilleo de la culpa lo golpeaba, inclemente: había traicionado a su Maestro; lo había abandonado en el momento en que el Señor más lo necesitaba.
El rayar de un nuevo día encontró a un hombre hecho pedazos. El enemigo le susurraba: "Tú ya no vales nada, ¿por qué no te ahorcas, como lo hizo Judas?" En el silencio del alba, sin embargo, recordó aquella mirada de Jesús, al cruzar el patio del Templo. Humillado, azotado, burlado, el Maestro le expresó, en aquella mirada: "Tú, Pedro, lo arruinaste todo. Pero, yo vine para hacer todo de nuevo. Confía en mí; yo te sigo amando". Fue aquella mirada lo que lo animó a creer que era posible levantarse. Y se levantó. Cayó de rodillas, pidiendo perdón, y se irguió. Antes de levantarte, es necesario caer arrodillado, y reconocer que tú no puedes. El poder de Dios solo se manifiesta en el alma contrita y humilde.
Poco tiempo después, encontramos a Pedro ordenando al paralítico: "No tengo oro ni plata, pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesús te digo, levántate y anda". Y el hombre salió, saltando como un niño.
Sí, algunas personas van y vienen. Pero otras, como Pedro, llegan a tu vida y, a partir de ese momento, jamás eres el mismo: su influencia marca, impresiona e inspira.
Haz de este día un día de inspiración. Utiliza tu influencia para el bien. Pide a Dios que, por donde fueres, las personas deseen estar a tu lado, aunque sea para recibir tu sombra. Que tu vida y tu influencia sean como las de Pedro: "Tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su  sombra cayese sobre alguno de ellos".(Hechos 5:15)
                                 Tomado del Libro de Meditaciones Matinales 2011, del Pr. Alejandro Bullón
Para meditar hoy: "No hay medicina para tu quebradura; tu herida es incurable; todos los que oigan tu fama batirán las manos sobre ti, porque ¿sobre quién no pasó continuamente tu maldad?" Nahum 3:19
El sol de mediodía castiga la carretera con la fuerza del verano. Un hombre humilde carga un saco de papas sobre sus hombros. Todos lo conocen, en la ciudad, por su espíritu de servicio y su fidelidad a Dios. Al cruzarse en el camino con un muchacho incrédulo, oye la voz socarrona:
-¿Cómo sabes que eres salvo?
El cristiano sigue unos pasos adelante, y deja caer la carga. Entonces, dice:
-¿Cómo sé que se me cayó el bulto? No he mirado atrás.
-No -replica el muchacho-, no has mirado atrás, pero ya no sientes el peso.
-¡Exactamente! -respondió el hombre-. Es por esa misma razón que sé que soy salvo: ya no siento la carga de pecado y de tristeza, y he encontrado paz y satisfacción en el Señor.
El texto de hoy habla de una imposibilidad: "No hay medicina para tu quebradura", afirma el profeta. Se está refiriendo al pecado: cuando el pecado toca una vida, la anula poco a poco. Los estragos del pecado no aparecen intempestivamente; en la mayoría de los casos, no. Son como los efectos que causa la lepra: en los tiempos bíblicos, el leproso solo percibía su mal cuando su carne empezaba a caer en pedazos; entonces, ya era demasiado tarde. El pobre hombre tenía que abandonar a la familia, a los amigos, el trabajo, en fin. Su futuro era confinarse, con los otros enfermos, en el valle de los leprosos.
En aquellos tiempos, no había remedio para la lepra. Hoy, ayer y para siempre, nunca habrá remedio humano para el pecado. No es solo un asunto de conducta o de comportamiento: es un asunto del corazón. Acompaña al pecador por dondequiera que vaya. La única solución es Jesús. Y él no empieza trabajando por fuera; la fachada es lo último que él restaura. Su maravilloso trabajo de salvación empieza donde está el nido del pecado: en la mente. Él te brinda una nueva mente, nuevas motivaciones, nuevos horizontes. Las cosas pasadas quedan enterradas para siempre, y la vida empieza a partir del encuentro con Jesús.
Recuerda bien esto, a lo largo del día. Y piensa en el planteo del profeta: "No hay medicina para tu quebradura; tu herida es incurable".
                           Tomado del Libro de Meditaciones Matinales 2011, del Pr. Alejandro Bullón
Para Meditar Hoy: "Seis días trabajarás, y harás toda tu obra"(Éxodo 20:9)
.Fue un sacudón en mi cerebro. Jamás lo hubiese imaginado. El cuarto Mandamiento de la Ley de Dios, registrado en el capítulo 20 de Éxodo, no tiene que ver solamente con el reposo en el séptimo día, sino también con el trabajo en los seis días restantes.
El trabajo fue establecido por Dios como un instrumento de felicidad. Desdichadamente, entró el pecado, y trastocó las cosas bellas de la creación. Al trabajo se añadieron los elementos del cansancio y de la fatiga. Lo transformaron en un fardo.
Pero, el trabajo continúa siendo una bendición. Y, cuando Jesús llega a tu vida, llega para transformarte en un hombre productivo; la mediocridad y el conformismo no combinan con el cristianismo. No puedes vivir esperando a las oportunidades; necesitas buscarlas. Cada problema que encuentres en el camino debe transformarse en el desafío de buscar una solución; cada desierto, la posibilidad de un oasis.
No te quejes de la vida. Los únicos obstáculos de verdad son tus propios temores y preconceptos. Pero, con Jesús, mira hacia arriba; por encima de la intolerancia humana.
Lo difícil no es llegar a la cumbre, sino jamás dejar de ascender. ¡Sube! Mientras vivas, sube. El día que dejes de subir, dejarás de vivir. A partir de ese momento, no valdrá más la pena continuar viviendo.
Pero, por lo que más quieras, no midas la ascensión comparándote con los demás. Deja que los otros sigan su camino; tú, sigue el tuyo, el que Dios preparó para ti desde cuando estabas en el vientre de tu madre. Levántate de mañana, acuéstate tarde... en fin, "suda la camiseta"; no te quedes parado, viendo la pelota correr en los pies de los demás. No te acomodes en la galería, a contemplar el desfile de los vencedores: sé tú uno de ellos.
Dios te dio talentos: ejercítalos, cultívalos y trabájalos, consciente de que, un día, el Señor te preguntará qué hiciste con las capacidades que recibiste de sus manos.
Hoy puede ser un día diferente; será un día diferente. No porque te hayas propuesto que así sea; si lo intentas, solo caerás en el terreno del humanismo. El humanismo te enseña a depender solo de ti y de tus fuerzas. Pero tú, corre a los brazos de Jesús y deja que él te conduzca por los caminos del trabajo y te corone de gloria. No lo olvides: "Seis días trabajarás y harás toda tu obra".
                                     Tomado del Libro de Meditaciones Matinales 2011, del Pr. Alejandro Bullón           

Para meditar Hoy:"Y Jehová me dijo: Diles: No subáis, ni peleéis, pues no estoy entre vosotros; para que no seáis derrotados por vuestros enemigos. (Deuteronomio 1: 42)
Sandro se da vuelta en la cama; las horas pasan, y no duerme. En la penumbra de su mente, se abrazan los recuerdos y los olvidos; se encadenan sus miedos con sus fracasos. Y aquellas luchas internas parecen besar al niño escondido en lo recóndito de sus temores.
Sandro llora el dolor del fracaso. Su mundo se ha derrumbado en pedazos; sus sueños se han transformado en pesadillas. Él se consideraba un águila que surcaba el espacio azul; el cielo infinito era su límite. Tal vez por eso, su caída fue estrepitosa. Quién sabe, tal vez por eso su orgullo sangra, como herida abierta.
El Señor lo advirtió muchas veces, pero parecería que la criatura insiste en no aprender: "No subas ni pelees, si rio estoy contigo. No te atrevas a enfrentar los desafíos que la vida te presenta, si no tienes la convicción de que estoy a tu lado".
Sandro fue a la "guerra" solo. Al principio, parecía que las cosas le iban bien; que no necesitaba de Dios. Repentinamente los vientos favorables de la economía empezaron a soplar en dirección contraria, y el joven promisorio percibió que su embarcación se iba a pique.
Luchó con todas sus fuerzas; como un león hambriento, buscando la supervivencia. Todo falló. El barco se hundió definitivamente, y ahora Sandro llora el error de haber salido en solitario a enfrentar las batallas de la vida.
El otro día, un hombre incrédulo me preguntó:
-¿Cuál es la ventaja de tener a Dios en los negocios? ¿No crees que Dios tiene mucho trabajo, como resolver el problema de millones de niños que mueren de hambre todos los días? ¿Para qué colocar sobre sus hombros el trabajo que yo puedo hacer?
Sí, Dios se preocupa con los niños hambrientos. Pero, se preocupa también por ti, y desea participar de tus sueños. Sandro no es la única persona que llora la tragedia de haber querido triunfar solo. Miles de cadáveres yacen en la historia del éxito, como hojas secas llevadas por el viento del fracaso.
Por eso, ten en cuenta el consejo divino: "No subáis, ni peleéis, pues no estoy entre vosotros; para que no seáis derrotados por vuestros enemigos".

                                 Tomado del Libro de Meditaciones Matinales 2011, del Pr. Alejandro Bullón           

"En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él"(Eclesiastés 7:14).

Lo vi sin querer. Sentado en la escalinata de la estación del tren. Alto, cabello castaño hasta los hombros, ojos pardos. Estaba desecho. Jamás habría podido reconocerlo, si él no hubiese gritado mi nombre.
Me contó la triste historia de su vida. Había fracasado, en los negocios y en la vida. Dos matrimonios deshechos; tres hijos que se avergonzaban del padre, esclavo del alcohol, en fin... El típico ser humano destruido por las circunstancias.
Todo empezó, me confió, con la muerte de su hijo en un accidente: "No estaba preparado para el dolor", balbuceó mientras bajaba la mirada, como si el dolor volviese sin querer.
¿Sabes? Nadie está preparado para la adversidad. Pero, el consejo del sabio es: "En el día de la adversidad, considera". Otras versiones traducen "reflexiona". Reflexionar es el acto de detenerse y pensar. Pensar ¿en qué? En que Dios hizo tanto el bien como la adversidad. ¿Cómo?
En el texto de hoy, el escritor atribuye a Dios el bien y el mal. Eso es típico de la literatura hebrea; en realidad, es típico del ser humano. Finalmente, todo lo que sucede en este mundo se atribuye a Dios porque, al fin de cuentas, él es Dios. Nada sucede debajo del sol sin su consentimiento. Él podría evitar que el dolor tocase la vida de sus hijos; pero, muchas veces, no lo impide porque es la única manera de hacernos crecer.
Recuerdo cuando era joven y me gustaba el deporte. Las horas de entrenamiento eran terribles y dolorosas, pero era la única manera de adquirir fortaleza física para el momento del partido.
Esta vida es una lucha permanente entre el bien y el mal. El campo de batalla es el corazón del ser humano. El enemigo hará todo lo que pueda para apoderarse de tu corazón; y, para eso, echará mano del dolor. Le gusta ver sufrir a los hombres. Sabe que cada vez que sufres él está tocando el corazón de Dios. Pero, el Señor permite que, a pesar de eso, tú atravieses por el valle del sufrimiento.
Por otro lado, saldrás más maduro; como la piedra bruta que fue pulida y se transformó en un bello diamante.
Por eso, hoy, no te desanimes si hay nubes en tu cielo o si el sol pareciera haberse ocultado. Tómate de la mano de Jesús, y enfrenta las dificultades. "En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él"(Eclesiastés 7:14).
                              Tomado del Libro de Meditaciones Matinales 2011, del Pr. Alejandro Bullón           

Se va el sol, anaranjado, asfixiado e insistente, en el horizonte. Desde la terraza de mi hotel, en Río de Janeiro, veo a la "ciudad maravillosa", muriendo a las alegrías del día para renacer a los "encantos" de la noche.
¡Ah, Río de Janeiro! Dios te hizo tierra linda; paisaje encantador, donde el mar y la montaña coquetean, en un juego de amor imposible. Pero, los hombres desfiguraron tu corazón. Te hicieron violenta, y llenaron tus calles nocturnas de pasiones perversas.
"¿Qué es pecado?", pregunta el hombre. "Cada uno sabe lo que es bueno o lo que es malo", concluye.
¡Mentira! El texto de hoy pone en evidencia la insensatez de la humanidad. Después del pecado, Dios determinó que el ser humano debía salir del Edén porque era conocedor del bien y del mal. Ahora bien, no hay nada de errado en saber lo que es bueno o malo; antes de pecar, Adán y Eva ya sabían que obedecer a Dios era bueno y desobedecerle era malo. ¿Qué es lo que Dios quiso decir, entonces?
La palabra "conocedor", en el versículo de hoy, en el original hebreo es yadá; que, entre otras acepciones, significa decidir, determinar, llegar a la conclusión. El motivo por el cual el Creador indicó que no era bueno que el hombre continuase en el Edén, fue que él se había apropiado del derecho de decidir lo que es bueno o lo que es malo.
Ese derecho solo pertenece a Dios. La criatura puede aceptar o rechazar lo que Dios determina, pero no puede usurpar el lugar de Dios. No obstante, el hombre, desde el Edén hasta hoy, se siente en el derecho de decir: "La vida es mía. Nadie tiene que decirme lo que debo hacer; yo decido lo que es bueno o malo para mí".
De todas las actitudes rebeldes, esta es la más perniciosa, porque expresa el atrevimiento de un corazón que decide ser su propio dios. En el texto de hoy, Dios afirma, con referencia al hombre: "Se ha hecho como uno de nosotros". ¿En qué sentido? En el sentido de establecer: "Yo no necesito de Dios para decirme lo que tengo que hacer. Yo soy mi propio dios".
Haz de este un día de humildad y de entrega. Confia tu vida a Dios; sométele tus caminos; déjate llevar de la mano por él. Y recuerda el texto bíblico para hoy : "Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre"(Génesis 3:22)
                               Tomado del Libro de Meditaciones Matinales 2011, del Pr. Alejandro Bullón           
En esta vida, todo pasa. Pasa el tiempo, el verano, la época de las lluvias, las palabras... en fin. Un día, te miras en el reflejo del agua, y descubres que la juventud también pasa.
El otro día, alguien me dijo: "Siempre me decían joven. Joven para aquí; joven para allá... Hasta que un día me sorprendí cuando una buena señora, en el mercado, me llamó señor. Entonces corrí a casa, me miré en el espejo, y descubrí, espantado, que la señora tenía razón. ¡Yo había dejado de ser un joven! Me había vuelto un señor".
Desdichadamente, cuando se es joven, da la impresión de que la juven­tud es eterna; que las oportunidades estarán siempre allí, al alcance de las manos. Tal vez por eso, un poeta renegado escribió: "La juventud es un don precioso que se desperdicia en la mano de los jóvenes".
¿Qué hacer para que, al llegar a los años maduros, puedas mirar para atrás y saber que valió la pena haber vivido? El versículo de hoy trae la res­puesta. ¿Quieres frutos? ¿Plenitud de frutos? ¿Frutos abundantes? Entonces, recuerda que "Yo soy la vid", dice Jesús; tú solo eres la rama. Una rama se­parada de la vid está condenada al fuego; para nada sirve. Pero, una rama conectada a la vid recibirá vida, y el resultado será fruto abundante en todas las áreas.
La palabra que destaca en el versículo de hoy es el verbo "permanecer". Expresa continuidad, durabilidad, persistencia; lo contrario a fugacidad o intermitencia. El secreto de una vida plena es la permanencia. "Permaneced en mí" indicó Jesús. ¿Cómo se permanece en Jesús? Buscándolo todos los días, abriéndole el corazón cada mañana y diciéndole: "Señor, yo no sé vivir solo. Necesito de ti. Enséñame a caminar por los caminos de victoria". Esto significa renuncia del propio yo y dependencia de Jesús. Una dependencia que, lejos de llevarte a la esclavitud o al servilismo, te conduce a la realiza­ción y a la vida llena de significado.
Hoy puede ser la media vuelta de tu vida. Si hasta aquí sientes que tus esfuerzos son infructuosos; si trabajas con ahínco, pero nada da resulta­do, conéctate a Jesús. Aprende a depender de él, y prepárate para los frutos abundantes, porque él dijo: "Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer"(Juan 15:5).
                                    Tomado del Libro de Meditaciones Matinales 2011, del Pr. Alejandro Bullón
Intentemos definir el amor. Digo "intentemos" porque, si Dios es amor, definir el amor será tan difícil como lo es definir a Dios. La palabra impo­sible encuadraría mejor.
Lo que me impresiona de las enseñanzas bíblicas es que los escritores no enfatizan definiciones y conceptos; eso sería caer en el terreno peligroso de la teoría desprovista de practicidad. El énfasis de los escritores sagrados está en la aplicación de los conceptos teóricos. Por eso, en la Biblia resulta difícil encontrar una definición teórica del amor; más bien, encontramos la des­cripción del amor en la vida práctica.Esa descripción está registrada en el versículo de hoy. El propósito de Pablo es llevarnos a pensar en este tipo de amor, y compararlo con la manera en que nosotros amamos.¿Cómo sería nuestro hogar si estas características del amor estuviesen presentes en cada miembro de la familia? Pero, estas características son pro­pias del amor, fruto del Espíritu. Y los frutos no aparecen de un momento para otro, involucran crecimiento y desarrollo.No te desesperes si mañana mismo no aparecen estas características en tu amor. Simplemente ve a Jesús, búscalo cada día en oración, suplícale que desarrolle en ti la capacidad de amar con un amor auténtico, y te sorprende­rás con los resultados.Fue eso lo que sucedió en la vida del apóstol Juan. Él llegó a Jesús como "el hijo del trueno". Pero, en la convivencia diaria con Jesucristo, se fue desa­rrollando en él el amor de Dios; apareció el fruto del Espíritu. Y, cuando lo encontramos en la isla de Patmos, años más tarde, ya no es más el "hijo del trueno": se ha transformado en el "discípulo del amor".Levántate, asómate a la ventana. Ha empezado un nuevo día, y para ti puede ser una linda experiencia de compañerismo con Jesús. No te asustes con las tormentas que ves aproximarse; escóndete en Jesús. Vive a su lado, y prepárate para ver las maravillas que él es capaz de hacer en tu vida.¡Ah! Y recuerda que "el amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece".
                                  Tomado del Libro de Meditaciones Matinales 2011, del Pr. Alejandro Bullón
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¿Cómo haces para tener fe? ¿Cómo haces para seguir esperando, cuan­do nada de lo que esperas sucede? Si, al menos, existiera en el aire un tímido olor a promesas que se cumplen; pasos lejanos de la persona amada, que regresa. Si crujiera alguna hoja seca a tus espaldas, diciéndote que has recuperado la audición perdida. Pero, nada de lo que esperas sucede; y escu­chas, desanimado, lo que las demás personas cuentan acerca de los hechos extraordinarios que Dios obra en su vida.
El otro día, alguien me dijo: "Tengo la impresión de que cuanto más es­pero en Dios, él más se olvida de mí". Jesús sabía que ese tipo de pensamien­tos iba a asaltar muchas veces la mente de sus hijos. Por eso, un día aseguró a Pedro: "He rogado por ti, para que tu fe no falte".La fe es confianza. Cuando tú conoces a una persona, sabes que puedes confiar en ella; tienes la seguridad de que no te fallará. Puede, incluso, de­morar por circunstancias que después sabrás, pero estás seguro de que no te fallará. La conoces bien.Esto te conduce de nuevo a Jesús. No es posible tener fe en Jesús y en sus promesas, si no convives a diario con él. Esa convivencia te lleva a conocerlo. Y entonces tienes la seguridad de que, aunque aparentemente sus promesas demoran, él no te abandonó. Está ahí, cerca de ti, esperando el momento oportuno para mostrarte la salida.Me anima la idea de saber que Jesús está en este momento rogando al Padre por mí, para que mi fe no falte. Es que la única manera de ser feliz, en este mundo de tinieblas, es saber que, aunque se demore, la luz del nuevo día brillará.Jesús le dijo más a Pedro. Le dijo que otra de las maneras de sentir menos el dolor y las dificultades es estar ocupado en testificar a los demás respecto del amor de Dios: "Una vez vuelto, confirma a tus hermanos". Una vida cen­trada en uno mismo es, con frecuencia, una vida llena de ansiedad. Cuanto más miras al reloj, pareciera que el tiempo no corre; pero, cuando te olvidas de la hora y empiezas a trabajar, el tiempo vuela.Haz de este un día más de convivencia con Jesús y de servicio a las per­sonas. No temas de nadie ni de nada; no desesperes, si las cosas que esperas todavía no sucedieron. Y toma las palabras de Jesús como si fuesen para ti: "Pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos"(Lucas 22:32)
                                    Tomado del Libro de Meditaciones Matinales 2011, del Pr. Alejandro Bullón
Para meditar Hoy: Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente. (Jueces 6:12)
.Las 6:30 de la mañana. El despertador grita a todo volumen que ya es hora de despertar. Pero, ¡cómo! ¡Si él ni siquiera durmió! Se arrastra por la sala, para no despertar a nadie en casa. Las sandalias, deslizándose por el piso, parecen una multitud gritando al unísono: "No lo lograrás".
Las 7:30 de la mañana. Dentro del auto, mientras lleva a los hijos a la escuela, Pablo guarda silencio durante el camino. En el asiento trasero, los hijos juegan un juego electrónico portátil. En otros tiempos, les hubiese pe­dido que hicieran menos ruido; pero hoy no tiene fuerzas ni para eso. Por lo menos, ese ruido apaga un poco el grito de su corazón: "¡No lo lograrás!"Las 8:00 de la mañana: hijos en la escuela; tráfico lento; en la radio, las noticias de la mañana, la previsión del tiempo... y, en el corazón, la ansie­dad de quien tiene que presentar un proyecto nuevo a un grupo exigente de clientes. El material es bueno, la presentación en el proyector está bien lograda; pero, el temor continúa. Él sabe que, en el mundo de los negocios, un buen proyecto no es suficiente. La lucha es intensa, feroz; casi insana. Cualquier persona hace un buen proyecto; él necesita más que eso. Necesita aquel contrato. Pero, Pablo es un ser humano común, y tiene en su corazón las luchas comunes del día a día, el peso de la ansiedad, el fardo de la insegu­ridad, la inquieta pregunta: ¿Y si no lo logro? Pablo es, en verdad, la imagen de un hombre temeroso, con miedo, asustado.El texto de hoy fue escrito para un hombre como Pablo. Un hombre que tenía un encuentro con personas difíciles, con gente a la que no le gustaba negociar; gente pesada. Y, en su desesperación, muestra que es todo, menos un hombre listo para la batalla. Gedeón cargaba en su corazón el mismo interrogante de Pablo y de muchos otros: ¿Acaso voy a lograrlo?Tú eres un hombre valiente; el texto lo afirma. ¿Valiente? ¡Tanto Gedeón, como el Pablo de nuestra historia, nada tienen de valentía! Al contrario, ellos parecen inseguros, miedosos y ansiosos. ¡Pero, no es así como Dios te ve! La grandeza es la visión de Dios. En el texto de hoy, Dios tiene la visión de un Gedeón victorioso porque lo ve no como es, sino como será por el poder divino.Al comenzar un nuevo día, clama a Dios. Entrégale tu vida, sal a la lucha con fe, ve al campo de batalla y vence. Pero, antes, recuerda: "Y el ángel de Je­hová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente".
                                            Tomado del Libro de Meditaciones Matinales 2011, del Pr. Alejandro Bullón.
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¿ Algún día lo lograré?, se pregunta. El éxito de sus padres la asusta. Thais es una chica llena de sueños, planes y proyectos. Acaba de diplomarse en Medicina. Los padres, ambos médicos, son famosos, con carreras sólidas y una excelente reputación en el ámbito profesional. Personas importantes acuden a la clínica de sus padres, y todo ese éxito la cohibe y la atemoriza. ¿Cuál es el secreto de la prosperidad? ¿Cuál era el secreto de sus padres?
El versículo de hoy menciona el secreto de la prosperidad y del éxito en la vida del rey Ezequías. Y enseña una lección que debe ser tomada en cuenta por todo aquel que desea ser un vencedor. Todo lo que fue escrito en la Biblia fue escrito para nuestra edificación; el plan de Dios es mostrarte el camino y enseñarte a andar.
El problema de mucha gente es que desea tener éxito, pero usa los tres puntos del versículo de hoy en orden inverso. Nota el orden correcto: Seguir a Dios, no apartarse de él y, después, guardar sus Mandamientos. Este último es consecuencia, y no causa.
Algunos sinceros hijos de Dios piensan que pueden lograr que Dios los ame más haciendo algo. ¡Eso es imposible! ¡Nada que yo haga logrará que Dios me ame más, así como no hay algo que yo haga para que Dios me ame menos!
Guardar los Mandamientos solo vale si es una consecuencia de seguir a Dios y no apartarse de él. La obediencia es fruto del relacionamiento correc­to con la Fuente de la obediencia, que es Jesús.
Hoy comenzaste tu día haciendo una buena decisión: cultivar la comu­nión con Dios, seguirlo, no apartarte de él. El resultado será la obediencia natural a los Mandamientos. Será una experiencia tan placentera como be­ber una limonada fría en una tarda caliente de verano. Ese es el secreto de la prosperidad y de la victoria.
Thais, Joáo, Marcos, Luisa; no importa tu nombre ni cuáles sean tus sue­ños; no importan los gigantes que necesitas vencer. Lo que importa es que has descubierto el secreto de la prosperidad. Haz como Ezequías, "porque siguió a Jehová, y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés"(2 Reyes 18:6).
                                          Tomado del Libro de Meditaciones 2011, del Pr. Alejandro Bullón.
                                                            Imagen tomada de temas espirituales.com
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