REFLEXIONES PARA VIVIR

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José tenía muy buen físico y era muy atractivo. Después de algún tiempo, la esposa de su patrón empezó a echarle el ojo y le propuso: “Acuéstate conmigo”». Génesis 39: 6, 7, NVI.

MALCOLM MUGGERIDGE, célebre periodista inglés, escribió en una ocasión: «Hoy la gente tiene el sexo en la mente, lo cual, si uno se pone a pensarlo, es un lugar extraño para tener el sexo». Pero la cultura de hoy está saturada por completo de él. Estados Unidos tiene el sexo en la cabeza de los medios de comunicación las veinticuatro horas del día. En la ciudad, en el campo, en el espacio exterior, en el ciberespacio, el sexo está casi en todas partes.

Está incluso en la Biblia. Nuestro texto de hoy está tomado de uno de los mayores relatos sobre el sexo en toda la Sagrada Escritura. Todo el mundo conoce la historia de José y el intento de seducción por parte de la esposa de Potifar del viril joven esclavo al servicio de su marido. No creas que sus perfumadas insinuaciones amorosas no fueron una tentación para José. Podrían haber sido su billete para la libertad. Pero recuerda que «Acuéstate conmigo» siempre requiere dos revolcones: revolcarte con ella y luego revolcar en el suelo la verdad ocultando el asunto.

La respuesta de José es la línea más crítica de la trama y la línea más importante que hay que memorizar en la batalla de uno contra la tentación sexual: «¿Cómo podría yo cometer tal maldad y pecar así contra Dios?» (vers. 9, NVI). No contra Potifar, no contra ella, ni siquiera contra sí mismo: el pecado de la tentación sexual es siempre contra Dios.

Pasa igual con la pornografía, la mayor homicida moral del mundo actual. Esta asesina que no discrimina a nadie hace presa de hombres y mujeres de todo tipo. Su insidiosa accesibilidad telemática, su anonimato y su asequibilidad («las tres aes del cibersexo» no admiten supervivientes. ¡He oído a hombres adultos llorar por la intensidad su adicción sexual! ¿Qué puede evitarle a uno la misma angustia? La contestación se encuentra en las respuestas radicalmente opuestas de José y David a la misma tentación sexual: José huyó, David se regodeó en ello. Y en eso estriba la fatal diferencia. Mata el «ratón», cierra la computadora, apaga el DVD, bájate del automóvil, sal de la oficina, quítate del teléfono, tira la revista. ¡Y echa a correr! Huye como si tu vida dependiera de ello, porque depende. «Invócame en el día de la angustia; te libraré y tú me honrarás» (Sal. 50: 15). Hay un Dios que puede librarte de la tentación, de la adicción. Habiendo resistido la batalla sexual cuando estuvo aquí, Cristo promete que tú puedes ser verdaderamente libre (Juan 8: 36). ¿Demasiado tarde para ti? ¡No lo es! «¡Crea en mí, Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí!» (Sal. 51: 10). «Lávame y seré más blanco que la nieve» (vers. 7). Gracias al Calvario, como David, puedes llegar a ser una nueva criatura, nuevamente limpia y pura.



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Según los psicólogos, tú yo vivimos en “la era de Narciso”. ¿Quién es Narciso? Según una antigua la leyenda, Narciso era un hombre muy apuesto. Un día se inclinó en un manantial para beber agua y, tras haber contemplado la belleza de su propio rostro reflejada en el agua, se enamoró de sí mismo. Una de las versiones de la leyenda dice que cuando Narciso vio su silueta en el agua, al sentirse el hombre más lindo del mundo, quiso abrazarse y besarse, y se ahogó en el intento.

¿Eres como Narciso? ¿Estás enamorado de ti mismo o de ti misma? Probablemente dirás que no; no obstante, las estadísticas revelan datos verdaderamente preocupantes.

Un estudio realizado entre 1982 y 2006, que abarcó a más de quince mil estudiantes universitarios, puso de manifiesto que ese sector de la población se ha tomado insoportablemente narcisista. Según la investigación, los jóvenes tienden a considerarse superiores al resto de los mortales. Al llenar el formulariodenominado “Inventario de Personalidad Narcisista”, los estudiantes afirmaron: “Si yo gobernara el mundo sería un lugar mejor”, “Creo que soy alguien muy especial”, o “Yo puedo vivir mi vida como me plazca”. ¿Acaso no han salido de tu boca esas mismas expresiones?

Hablando a los Narcisos de hoy, el amigo Pablo nos advierte: “Por el encargo que Dios en su bondad me ha dado, digo a todos ustedes que ninguno piense de sí mismo más de lo que debe pensar” (Romanos 12:3). Alguien podría suponer que el apóstol está atentando contra la autoestima. Por supuesto que no; sin embargo, la línea demarcatoria entre la autoestima y la exaltación propia es muy delgada. La Reina-Va- lera de 1995 dice en Romanos 12:3 que cada quien debe pensar “de sí con cordura”. La palabra griega traducida “cordura” es sofrenéo, y significa “estar en sus cabales”, “pensar con sabiduría”. Cuando yo tengo un concepto de mí mismo más allá del que debo tener, estoy fuera “de mis cabales”; por ende padezco un trastorno psicológico: el complejo de Narciso.
¿Cómo se cura el complejo de Narciso? Reconociendo que todo lo que somos o podamos llegar a ser, es resultado de la gracia divina y no de nuestras cualidades personales.

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Maria Sklodowska demostró que estaba destinada a la grandeza cuando tan solo era una adolescente. Aunque su coeficiente intelectual era mucho más elevado que el de cualquiera de los estudiantes más destacados de Polonia, el motivo de su grandeza no tenía nada que ver, en principio, con su aguda inteligencia, sino con otro aspecto de su personalidad. Cuando su madre murió, Bronya, la hermana mayor de Maria, se hizo cargo de la familia. Su precaria situación financiera no les permitió ingresar a la universidad, y ambas chicas tuvieron que trabajar arduamente para cubrir sus necesidades básicas y ahorrar un poco de dinero a fin de trasladarse a París.

En cierta ocasión, Maria se acercó a Bronya y le dijo: -A este ritmo, ninguna de las dos podrá estudiar. Por tanto, te daré todos mis ahorros para que vayas a París; te seguiré enviando dinero y, cuando termines la universidad, entonces yo comenzaré a estudiar. Bronya se opuso, porque consideraba que Maria debía ir primero porque era mucho más inteligente. -No -le dijo Maria-, tú eres la mayor. Has trabajado mucho y has esperado un largo tiempo. Tú irás primero. Maria constituye un ejemplo vivo de cómo se lleva a la práctica el consejo bíblico de no “buscar mi propio bien sino el de los demás” (1 Corintios 10:33). Pero en una sociedad tan competitiva como la nuestra, ¿darán resultado esas milenarias palabras? Veamos el resto de la historia.

Bronya se fue a París y se matriculó en la facultad de Medicina. Cuando se graduó mandó a buscar a Maria, que de inmediato comenzó a estudiar Física y Matemáticas. Pasados algunos años Maria, a quien ahora llamaban Marie, se casó con Pierre Curie. En 1903 Ma- rie Curie se convirtió en la primera mujer en ganar el Premio Nobel de Física, y en 1911 ganó el Nobel de Química, convirtiéndose en la primera persona en ganar dos premios Nobel. También fue la primera mujer en ser profesora en la prestigiosa Universidad de París.


Entonces, ¿valió la pena que Marie Curie colocara el bien de su hermana por encima del propio? La respuesta es obvia. La pregunta del millón sería: ¿Te atreverías a seguir su ejemplo?
No hay que buscar el bien de uno mismo, sino el bien de los demás”.
(1 Corintios 10:24)
Maria Sklodowska demostró que estaba destinada a la grandeza cuando tan solo era una adolescente. Aunque su coeficiente intelectual era mucho más elevado que el de cualquiera de los estudiantes más destacados de Polonia, el motivo de su grandeza no tenía nada que ver, en principio, con su aguda inteligencia, sino con otro aspecto de su personalidad. Cuando su madre murió, Bronya, la hermana mayor de Maria, se hizo cargo de la familia. Su precaria situación financiera no les permitió ingresar a la universidad, y ambas chicas tuvieron que trabajar arduamente para cubrir sus necesidades básicas y ahorrar un poco de dinero a fin de trasladarse a París.
En cierta ocasión, Maria se acercó a Bronya y le dijo: -A este ritmo, ninguna de las dos podrá estudiar. Por tanto, te daré todos mis ahorros para que vayas a París; te seguiré enviando dinero y, cuando termines la universidad, entonces yo comenzaré a estudiar. Bronya se opuso, porque consideraba que Maria debía ir primero porque era mucho más inteligente. -No -le dijo Maria-, tú eres la mayor. Has trabajado mucho y has esperado un largo tiempo. Tú irás primero. Maria constituye un ejemplo vivo de cómo se lleva a la práctica el consejo bíblico de no “buscar mi propio bien sino el de los demás” (1 Corintios 10:33). Pero en una sociedad tan competitiva como la nuestra, ¿darán resultado esas milenarias palabras? Veamos el resto de la historia.
Bronya se fue a París y se matriculó en la facultad de Medicina. Cuando se graduó mandó a buscar a Maria, que de inmediato comenzó a estudiar Física y Matemáticas. Pasados algunos años Maria, a quien ahora llamaban Marie, se casó con Pierre Curie. En 1903 Ma- rie Curie se convirtió en la primera mujer en ganar el Premio Nobel de Física, y en 1911 ganó el Nobel de Química, convirtiéndose en la primera persona en ganar dos premios Nobel. También fue la primera mujer en ser profesora en la prestigiosa Universidad de París.

Entonces, ¿valió la pena que Marie Curie colocara el bien de su hermana por encima del propio? La respuesta es obvia. La pregunta del millón sería: ¿Te atreverías a seguir su ejemplo?

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2016
“Visita mi Muro, 366 Mensajes que Inspiran”
Por: J. Vladimir Polanco

Recordemos hoy lo que nos dice la palabra de nuestro Dios de Amor:  
              No hay que buscar el bien de uno mismo, sino el bien de los demás”. (1 Corintios 10:24)
                                                          JOHN CARLOS SOTIL LUJAN

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“Las miserias de un millonario”. Ese era el título de un artículo de la revista Historia y vida, sobre Jean PaulGetty, uno de los hombres más ricos que han vivido en esta tierra. ¿Pero por qué viviría en la miseria un hombre que en su tiempo había sido el más rico del planeta? Dos experiencias de su vida te ayudarán a comprenderlo.

Getty no tuvo suerte en el amor. Se casó cinco veces, casi siempre con jóvenes a las que doblaba en edad. En cierta ocasión, cansado de sus fracasos amorosos y de que las mujeres solo quisieran su dinero, se fue a vivir a Italia, donde falsificó su identidad y trabajó vendiendo seguros. Al cabo de un tiempo conoció al amor de su vida, una bonita joven italiana, y entabló una relación con ella. Por primera vez Getty tenía en sus brazos a una mujer que lo quería a él y no a sus posesiones. Cuando estaban a punto de casarse, la joven descubrió la verdadera identidad de su prometido. Al verse descubierto, Getty dedujo que ella ya no lo quería por lo que él era, sino por lo que tenía, y decidió abandonarla. Su obsesión por el dinero le impidió estar con la mujer que amaba.

Como tenía tanto dinero que no era capaz de contarlo, se volvió un blanco apetecible para los secuestradores. En 1973 secuestraron a su nieto Paul III y pidieron un rescate de diecisiete millones dedólares. Getty se negó a pagarlo, entonces le cortaron una oreja al jovencito y se la enviaron al tacaño abuelo. Al ver que esa gente no estaba bromeando, Getty decidió pagar 2,8 millones; pero antes se aseguró de que el hijo se comprometiera a devolverle el dinero con un interés del 4%.

En la vida de este magnate petrolero se cumplió la sentencia bíblica: “Porque el amor al dinero es raíz de toda clase de males” (1 Timoteo 6:10). No es malo tener dinero; pero sí es muy peligroso amarlo porencima de todo. Como bien dijo Alexandre Dumas, el autor de Los tres mosqueteros: “El dinero […] es un buen siervo y un mal amo”.
¿Qué pasaría contigo si Dios te hiciera tan rico como lo fue Getty?

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2016
“Visita mi Muro, 366 Mensajes que Inspiran”
Por: J. Vladimir Polanco


Recordemos hoy lo que nos dice la palabra de nuestro Dios de Amor:  

 “¿De qué le sirve al necio poseer dinero?” (Proverbios 17:16, NVI).
                                                          JOHN CARLOS SOTIL LUJAN

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Federico II el Grande (1712-1786), el tercer rey de Prusia, se encontró con un anciano que deambulaba por las calles y le preguntó:
-¿Quién eres?
-Soy un rey -contestó el anciano.
-¿Un rey? ¿Y sobre quién ejerces tu señorío? -preguntó con ironía el monarca prusiano.
– Sobre mí mismo. Yo soy mi propio rey -dijo el anciano.
La respuesta del anciano me hizo recordar el relato de Juan 8:31-46. Los judíos, que en ese tiempo se hallaban bajo el régimen romano, es decir, eran siervos de Roma, tuvieron la osadía de decirle a Cristo: “Nosotros […] nunca hemos sido esclavos de nadie” (vers. 33). Probablemente, al igual que el anciano de nuestro relato de hoy, y que los judíos del tiempo de Cristo, tú también te creas que eres dueño de tu vida, y que no tienes que dar cuentas a nadie. Te sientes libre de actuar en conformidad con tus deseos y sentimientos; te consideras el rey de tu vida.
Pero la realidad es bien distinta. Todos, de una u otra manera, somos siervos de alguien. Cristo declaró: “Les aseguro que todos los que pecan son esclavos del pecado” (vers. 34). El pecado es un despiadado monarca que ejerce su dominio sobre todos. A eso se debe que de vez en cuando haces cosas que no quieres, que van en contra de tu voluntad, porque estás cumpliendo la orden de tu amo, que es el pecado. ¿Sabes a quién le sucedía algo parecido? Nada más y nada menos que al gran apóstol Pablo. Desnudando su lucha frente a todos, Pablo confesó: “Así que ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que está en mí” (Romanos 7:17).
La buena noticia es que gracias a la obra de Cristo, podemos ser libres del poder del pecado (Juan 8:36; Romanos 7:24-25). Cuando nos entregamos al Señor, le estamos ofreciendo nuestro “cuerpo como instrumento para hacer lo que es justo ante él” (Romanos 6:13) y entonces llegamos a vivir al “servicio de la justicia, con el fin de llevar una vida santa” (Romanos 6:19). Si la gente hoy te pregunta quién eres, con orgullo puedes responder: ¡Soy un siervo de Cristo!

 Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2016
“Visita mi Muro, 366 Mensajes que Inspiran”
Por: J. Vladimir Polanco


Recordemos hoy lo que nos dice la palabra de nuestro Dios de Amor:   
“Ahora, libres de la esclavitud del pecado, han entrado al servicio de Dios” (Romanos 6:22).
                                                          JOHN CARLOS SOTIL LUJAN

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«Somos novios, pues los dos sentimos mutuo amor profundo; y con eso ya ganamos lo más grande de este mundo”. Así comienza la famosa canción de Armando Manzanero; pero ¿te has preguntando qué conlleva ser novio/a de alguien? Yo mismo no me había planteado el asunto hasta que leí un artículo en el periódico El País, de España, titulado: “La indefinición de los novios”.
Según el autor, Álex Grijelmo, establecer el campo semántico de la palabra “novio” actualmente “resulta escurridizo”. El primer diccionario de la Lengua Española, el Diccionario de Autoridades, publicado en 1734, definía así el término en cuestión: “El recién casado, o inmediato a casarse”. El actual Diccionario de la Academia mantiene básicamente la misma idea al prescribir que “novio” es: 1) “Persona que acaba de casarse”; 2) “Persona que mantiene relaciones amorosas con fines matrimoniales”. Pero avanza un poco más y despliega este tercer significado: “Persona que mantiene una relación amorosa con otra sin intención de casarse y sin convivir con ella” (la cursiva es nuestra).
Como estamos hablando entre jóvenes, y aquí no cabe la hipocresía, tenemos que admitir que, en la práctica, la tercera definición es muy común en nuestro medio. Sabes que no quieres, ni puedes casarte, pero insistes en mantener una relación amorosa que no sobrevivirá más allá de unos cuantos pedazos de pizza y varias bolas de helado. Siendo así, ¿será que muchas de nuestras relaciones de noviazgo se convierten en una terrible pérdida de tiempo?
El diccionario de 1734 estaba en sintonía con lo que la Biblia dice cuando habla de novios. En las Escrituras el “noviazgo” alude a un pacto de amor entre personas que poseen la madurez física, mental, espiritual y financiera para entablar una unión permanente por medio del matrimonio. Si yo te preguntara si tienes novio/a, ¿cuál sería tu respuesta? ¿En cuál de las tres definiciones encajaría tu noviazgo? Si esa persona a la que llamas novio/a no tiene intención de casarse contigo, ¿qué sentido tiene mantener esa relación? Pero si él o ella encaja en las primeras dos definiciones del diccionario, entonces puedes terminar la canción y decir: “Somos novios, somos novios”.
TOMADO DE : #VISITAMIMURO Por: J. Vladimir Polanco.

Recordemos hoy lo que nos dice la palabra de nuestro Dios de Amor:  “En una boda, el que tiene a la novia es el novio” (Juan 3:29).



                                                          JOHN CARLOS SOTIL LUJAN

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Tu respuesta a la pregunta que da título a esta reflexión determinará en gran medida tu éxito o fracaso en la vida. Los psicólogos dicen que lo que piensas de ti mismo está condicionado por lo que piense de ti la persona más importante de tu vida. Si él o ella dice que eres bonito, te sentirás bonito; si te tilda de tonta, te creerás una tonta; si considera que vales mucho, tú te sentirás valioso. En fin, esa persona es como el espejo en el que miras tus virtudes y defectos. El caso de Albert Einstein explica muy bien lo que quiero decir.

Un día el padre de Albert le preguntó al director de la escuela qué carrera debía estudiar su hijo. El director respondió: “Eso no importa. Albert nunca será exitoso”. Otro maestro calificó a Einstein de “perro perezoso”. Finalmente, la junta escolar determinó que ni siquiera merecía estar en la escuela, y lo expulsaron (Jess Brallier, Who Was Albert Einstein, pp. 14, 21). Si Einstein hubiera hecho de sus maestros las personas más importantes de su vida, el mundo hubiera perdido el privilegio de haber tenido una de las mentes más brillantes del siglo XX. Por suerte para él -y para nosotros-, Albert supo ubicar adecuadamente el lugar de sus maestros y nunca les dio el primer lugar en su vida.

¿Sabes por qué Albert Einstein logró descollarse por encima de todos los que creían que no tendría éxito? Porque su madre siempre lo trató como el hombre más inteligente que había conocido. Y como ella era la persona más importante de su vida, Albert creyó en todo momento que era un joven brillante, sin importar lo que dijeran sus maestros. Y eso lo indujo a ponerse por encima de la opinión de los demás.

Aunque la madre de Albert lo hizo bien, lo más conveniente es que Dios sea la persona más importante de tu vida. Mira lo que él dice de ti: “Te amo y eres ante mis ojos precioso y digno de honra. No temas, porque yo estoy contigo” (Isaías 43:4, 5, NVI). ¿Te das cuenta? Eres valioso. Eres amado. Eres digno de honra. Mírate en ese espejo. Si Dios piensa así de ti, ¡entonces tú has de ser una persona genial!


TOMADO DE : #VISITAMIMURO Por: J. Vladimir Polanco.

Recordemos hoy lo que nos dice la palabra de nuestro Dios de Amor:  “Nosotros somos creación de Dios” (Efesios 2:10, TLA).



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Mis amigos no pueden entender que yo sea, al mismo tiempo, simpatizante de los Medias Rojas de Boston y de los Yankees de Nueva York. Me gustan tanto ambos equipos que hasta quisiera que intercambiaran jugadores entre ellos; pero en nuestro tiempo eso es prácticamente imposible. Por suerte para los Yankees, todo fue distinto al finalizar la campaña de 1919. El dueño de los Medias Rojas por aquel entonces, Harry Frazze, determinó que Babe Ruth, su mejor jugador, no debía permanecer en el equipo y lo envió a sus archirrivales: los Yankees. Jugando con Nueva York, Ruth implantó varios récords y se consolidó como uno de los mejores jugadores que ha tenido ese deporte. Los especialistas consideran que Frazze llevó a cabo la peor negociación de la historia del béisbol, y que cometió un grave error al suponer que Ruth ya no sería útil para Boston.

¿Sabes quién cometió un error similar al de Frazze ? El apóstol Pablo. En cierta ocasión se enojó tanto con Juan Marcos, que llegó a creer que ese muchacho ya no era útil para la obra de Dios. Bernabé trató de persuadirlo, pero Pablo estaba tan seguro de su opinión, que prefirió separarse de Bernabé antes que permitir que Marcos formara parte del equipo misionero (Hechos 15:39). Por suerte, Marcos no le hizo caso a la opinión de Pablo y siguió trabajando en la causa del Señor y llegó a ser el autor del Evangelio que lleva su nombre. El jovencito que, según Pablo, no servía para nada, se convirtió en un escritor bíblico. ¡Qué maravilloso!

¿Alguna vez alguien te ha dicho que no eres útil? Aun cuando lo diga alguien tan influyente como Pablo, recuerda que el Señor ha puesto en tus manos talentos excepcionales. Jesús ve en ti a un futuro médico, ingeniero, maestro, predicador, cantante, escritor, pastor, misionero... En fin, si te pones en las manos de Dios, como lo hizo Marcos, serás una herramienta útil. Con el paso de los años, Pablo, como buen cristiano, reconoció su error al dudar del potencial de ese jovencito, y llegó a decir: “Toma a Marcos y tráelo contigo, porque me es útil para el ministerio” (2 Timoteo 4:11, RV95). Tú también eres útil, no lo dudes nunca.


TOMADO DE : #VISITAMIMURO Por: J. Vladimir Polanco.

Recordemos hoy lo que nos dice la palabra de nuestro Dios de Amor, sobre marcos, al que Pablo, el apóstol, antes no lo consideraba tan valioso,
“Toma a Marcos y tráelo contigo, porque me es útil para el ministerio” (2 Timoteo 4:11, RV95).



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¿Por qué algunas personas tienen éxito y otras no? Esta es una pregunta difícil, y Malcom Gladwell escribió un libro, Los fuera de serie, para tratar de hallar la respuesta. Según este autor de origen jamaiquino, aunque “el éxito es talento más preparación”, la preparación es mucho más importante (p. 46). 
El comprobó su tesis usando ejemplos que van desde músicos hasta programadores de computadoras. Déjame resumirte lo que él dice acerca de los músicos. Un estudio clasificó a unos violinistas en tres grupos: 1) las estrellas, 2) los buenos y 3) los que llegarían a ser profesores de música.
 Los integrantes de los tres grupos comenzaron a tocar violín aproximadamente a los cinco años, y durante sus primeros años practicaron más o menos la misma cantidad de horas: dos o tres por semana.

¿Qué marcó la diferencia entre los tres grupos? ¿Por qué algunos fueron estrellas, otros buenos y otros maestros de música? La clave radicó en la cantidad de horas que dedicaron a practicar. Los que llegaron a ser estrellas practicaron más de diez mil horas; los buenos, ocho mil horas; y los profesores, cuatro mil. Por tanto, “lo que distingue a un intérprete virtuoso de otro mediocre es el esfuerzo que cada uno dedica a practicar. Y eso no es todo: los que están en la cumbre no es que trabajen un poco o bastante más que todos los demás. Trabajan mucho, mucho más” (p. 47; la cursiva es del autor).

¿Suponías que el éxito se conseguía con tan solo tronar los dedos? No, para lograrlo hay que trabajar más, mucho más. Cuando Dios le encomendó a Salomón la gran responsabilidad de construir el Templo de Jerusalén, David le dio este valioso consejo: “Anímate y esfuérzate, y manos a la obra; no temas ni desmayes, [...] mi Dios, estará contigo” (1 Crónicas 28:20, RV95). ¿Cuál era la parte de Salomón? Esforzarse y ponerse manos a la obra.

¿Deseas ser exitoso? Pues tendrás que trabajar en ello diez, veinte, treinta mil horas. .. Y cuando creas que estás a punto de desfallecer, no olvides que, así como estuvo con Salomón, Dios también estará contigo.


TOMADO DE : #VISITAMIMURO Por: J. Vladimir Polanco.

Recordemos hoy el consejo de Dios a Josué, para una vida bendecida y exitosa:
“Anímate y esfuérzate, y manos a la obra; no temas ni desmayes, [...] mi Dios, estará contigo” (1 Crónicas28:20, RV95).




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Charles M. Blow escribió un breve artículo en el diario The New York Times en el que resaltaba el legado de Nelson Mándela. Según Blow, hubo dos factores determinantes en el éxito que tuvo Mándela en su lucha contra el apar- theid en Sudáfrica.


En primer lugar, Mándela demostró ser un luchador. No solamente creyó en su causa, sino que trabajó arduamente para que la libertad formara parte de la vida cotidiana de cada sudafricano, independientemente del color de su piel. Aunque su causa fue tildada de “terrorista”, Mándela no dejó de luchar hasta conseguir su objetivo, sin importar los juicios de valor que las grandes naciones hicieran contra su movimiento. En segundo lugar, Mándela demostró ser valiente. ¿Qué era la valentía para él? Él la definió con estas palabras: “Aprendí que la valentía no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. El hombre valiente no es aquel que no siente miedo, sino el que conquista ese miedo” (“A Lesson Before Dying” en http://www.nytimes.com).

Luchar y ser valiente. ¿A qué personaje bíblico evocan esas palabras? Tres mil quinientos años antes de Mándela, Josué, el sucesor de Moisés, recibió esta orden: “Sé fuerte y muy valiente” (Josué 1:7, NTV). Como sabrás, la tarea de Josué era inmensa: conquistar Canaán, derrotar gigantes, derribar murallas, repartir la tierra... El hijo de Nun no habría podido conseguirlo si el Señor no le hubiera prometido que estaría con él. Pero era indispensable que Josué hiciera su parte: luchar y ser valiente. ¿Cómo demostraría Josué que era hombre luchador y valiente?

Creo que la Nueva Versión Internacional da en el blanco al traducir Josué 1:7 de esta manera: “Solo te pido que tengas mucho valor y firmeza para obedecer toda la ley que mi siervo Moisés te mandó. No te apartes de ella para nada; solo así tendrás éxito dondequiera que vayas”. ¿Te fijaste bien en la declaración? Eres valiente cuando obedeces la ley de Dios; eres un luchador cuando cumples con lo que el Señor te ha pedido que hagas. Por consiguiente, sin obediencia no hay verdadero éxito. Josué fue un gran personaje no tanto por sus logros bélicos, sino por su lealtad a la ley de Dios. ¿Quieres ser valiente y esforzado? Entonces pon tu corazón en sintonía con las Escrituras.


TOMADO DE :  MEDITACIONES 2016 #VISITAMIMURO Por: J. Vladimir Polanco.

Recordemos hoy lo que nos dice la palabra de nuestro Dios de Amor : “Sé fuerte y muy valiente”
 (Josué 1:7, NTV).

                                                        JOHN CARLOS SOTIL LUJAN

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Decir que ya “leimos” un libro quizá sea una declaración bastante falsa. Uno de mis libros favoritos es El ministerio de curación, de Elena de White. Lo he leído de tapa a tapa en tres ocasiones. Sin embargo, cuando estaba escribiendo mi libro Lucas: el Evangelio de la gracia, lo volví a repasar y me encontré con decenas de afirmaciones que me parecía nunca haber leído con anterioridad. Compartiré contigo esta: “El evangelio simplifica maravillosamente los problemas de la vida” (cap. 30, p. 251). ¿Verdad que es una declaración hermosa? El evangelio es capaz no solo de ofrecerte salvación eterna, sino que además te ayuda a lidiar con los problemas comunes que forman parte de tu día a día. En otras palabras: creer en Jesús no solo te dará la oportunidad de vivir en el más allá, sino también de vivir mejor mientras estás en la tierra. Para muestra un botón.

La revista Psichology and Psychiatry Research publicó un artículo que pone en evidencia la fiabilidad de la declaración de El ministerio de curación. Según los investigadores que llevaron a cabo el estudio, orar y creer en Dios constituye una fuente de mejoría para quienes padecen algún tipo de trastorno psiquiátrico. De acuerdo con David H. Rosmarin, profesor de Psiquiatría de la Universidad de Harvard, creer en Dios mejora el bienestar psicológico del individuo, disminuye sus riesgos de caer en depresión y evita el suicidio. El estudio, que abarcó a ciento cincuenta y nueve pacientes, puso de manifiesto que los que no creían en Dios tardaban dos veces más en responder positivamente al tratamiento que los que admitían creer.

Jesús dijo: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). Creer en él te abrirá las puertas de la verdadera felicidad. Ahora que estás viviendo la etapa más plena de tu vida -la juventud- puedes fomentar y profundizar tu fe en el Señor, y así disfrutar y usar en toda su plenitud las facultades mentales con las que Dios te ha dotado. Las palabras de Josafat siguen teniendo vigencia para los que vivimos en el siglo XXI: “Confíen en el Señor, su Dios, y se sentirán seguros” (2 Crónicas 20:20). Si lo haces, todo será más sencillo.


TOMADO DE : #VISITAMIMURO Por: J. Vladimir Polanco.


Que cada día recordemos que teniendo Fe y Esperanza en un Dios y Padre de Amor, podremos enfrentar los problemas de esta vida. Su promesa es 
“Confíen en el Señor, su Dios, y se sentirán seguros” (2 Crónicas 20:20).



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La Historia de Beth Whaanga
Beth Whaanga es dueña de una exuberante belleza. Su melena es rubia como el sol; sus ojos azules compiten con la hermosura de una playa caribeña. A sus 33 años luce como una jovencita de veinte. Es poco menos que la mujer maravilla. El problema es que detrás de ese esplendor externo hay algo muy distinto: su cuerpo lleva sobre sí las marcas de su aguerrida lucha contra el cáncer.


A principios de 2014, Beth decidió mostrarle al mundo el lado oculto de su vida. En acuerdo con su esposo, subió dos fotografías a su cuenta de Facebook. En la primera luce imponente gracias al maquillaje y al regio vestido rojo que resalta su silueta; en la segunda salen a relucir las cicatrices de una mujer que ha logrado sobrevivir a una ardua batalla contra la terrible enfermedad. Al comparar las dos imágenes, el contraste no puede ser mayor; es como si fueran dos mujeres distintas. Lo que se ve por fuera, no es lo que hay por dentro.

¿Qué hay debajo de tu ropa? Aunque aparentes lucir frente al mundo como bueno y perfecto, la verdad es que por dentro somos como enfermos terminales que sufrimos los estragos provocados por el cáncer del pecado. Al describir nuestra condición, el profeta Isaías declaró: “De la punta del pie a la cabeza no hay nada sano en ustedes; todo es heridas, golpes, llagas abiertas; nadie se las ha curado ni vendado” (Isaías 1:6). Ese es el cuadro que detalla nuestra vida interior. Por eso nos conviene acudir a Dios, sin hipocresías, y admitir nuestra verdadera condición: somos pecadores.

Entonces, -te preguntarás- ¿qué hago ahora con esta enfermedad?
He aquí la solución: “Vengan, vamos a discutir este asunto. Aunque sus pecados sean como el rojo más vivo, yo los dejaré blancos como la nieve; aunque sean como tela teñida de púrpura, yo los dejaré blancos como la lana” (Isaías 1:18). No importa lo que haya debajo de tu ropa, Dios está listo para quitar todas esas cicatrices que el pecado te ha provocado. Si Satanás te acusa y te dice que eres un gran pecador, levántate, alza tu voz y dile: “Sí, soy un gran pecador, pero cuento con un gran Salvador”.


TOMADO DE : #VISITAMIMURO Por: J. Vladimir Polanco.


Que nuestra oración , mientras vivamos en este mundo, cada día sea: 
¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!” (Lucas 18:13).


                                                          JOHN CARLOS SOTIL LUJAN

                                    DIRECTOR DEL WEB BLOG REFLEXIONES PARA VIVIR
                                            www.facebook.com/reflexionesparavivir



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