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REFLEXIONES PARA VIVIR --
¿Cómo
reaccionas cuando alguien habla mal de ti o cuando te crítica? Todavía ¿no
conozco a nadie que celebre cuando la gente habla mal de su persona. ¿Pero qué
podemos hacer para no molestarnos?
En su
artículo «La dura verdad», james Wallace cuenta que en cierta ocasión, un
hombre, muy molesto, visitó la oficina de un abogado. Su malestar se debía a
que había leído en el periódico local una nota en la cual alguien lo criticaba
duramente.
—¿Piensa usted
que tengo que demandar al autor de ese escrito? —preguntó el hombre.
Con mucha
calma, el abogado le respondió:
—Yo no le
daría tanta importancia al asunto. La mitad de la gente que leyó el periódico,
no leyó el artículo. La mitad de los que lo leyeron, no lo entendieron. La
mitad de los que lo entendieron, no lo creyeron. Y la mitad de los que lo
creyeron, no le dieron importancia (Signs of the Times [Señales de los
tiempos], marzo de 2005, p. 29).
Lo primero,
entonces, es no darle al asunto tanta importancia. Recuerda que quien habla mal
de ti, lo que quiere es que tú caigas en su terreno y te defiendas del ataque.
¿Caerás en la trampa? La situación es muy diferente cuando lo que se dice de ti
es verdad. En ese caso, si se trata de una falta, tienes que admitirla y, mejor
aún, corregirla. Pero si no es verdad, ¿para qué preocuparse? A fin de cuentas,
la gente que mejor te conoce no lo creerá.
Lo segundo
que podemos hacer lo ilustra bien algo que le sucedió al dramaturgo irlandés
George Bernard Shaw. Se dice que en cierta ocasión, Shaw recibió una carta con
una sola palabra: «¡Imbécil!». Después de leerla, Shaw comentó: «En mi vida he
recibido muchas cartas sin firma, pero esta es la primera vez que recibo una
firma sin carta» (Carlos Pisas, Historias de la historia, 26a ed., p. 219). El
ejemplo de Shaw enseña que, en lugar de molestarnos, ¡tenemos que buscar el
lado humorístico del asunto!
Por último
(y esto es lo más difícil), si alguien está hablando mal de nosotros, ¿te
imaginas qué podría ocurrir si hablamos bien de esa persona? La mejor manera de
derrotar a un enemigo es ganándolo como amigo.
Recuerda, la Palabra de Dios te dice: “No te dejes vencer por el mal. Al contrario, vence con el bien el mal” (Romanos 12:21).
Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente - Por Fernando Zabala
REFLEXIONES PARA VIVIR --
Carrie
era la gran favorita para ganar la corona en el concurso Señorita Estados
Unidos 2009. Pero cuando todo parecía apuntar en esa dirección, la pregunta de
Pérez Hilton, uno de los jueces, cambio por completo la situación.
—Hace
poco —dijo Pérez Hilton— Vermont se constituyo en el cuarto estado en legalizar
el matrimonio entre personas del mismo sexo. ¿Crees tú que cada estado debería
hacer lo mismo?
Pregunta
cargada de dinamita. Carrie sabe que su respuesta le puede costar la corona.
¿Dirá al juez lo que él quiere escuchar, o será fiel a sus convicciones?
—Yo
creo que el matrimonio debe ser entre un hombre y una mujer —respondió Carrie—.
No es mi deseo ofender a nadie, pero así fui criada y así creo que debe ser:
entre un hombre y una mujer.
Apenas
Carrie concluyo, se escucharon los abucheos. El concurso siguió adelante, pero
Carrie Prejean, representante de California, sabía que para
ella el evento
había terminado. El mismo juez que le hizo la pregunta comento después de
finalizada la competencia: «Perdió por esa pregunta. Su respuesta ofendió a
millones de homosexuales y lesbianas en los Estados Unidos» (www.abcnews.go.com; 20 de abril de 2009).
Ahora
bien, ¿no podría haber dado Carrie una respuesta que no la comprometiera? Por
ejemplo: «Este es un tema muy delicado. Creo que cada individuo tiene que
decidir qué es lo mejor. A fin de cuentas, lo más importante es el amor».
¿Podría
haberlo hecho? Permitamos que ella misma responda: «Mi respuesta me costo la
corona [...]. Pero dije lo que pienso. Exprese la opinión que le hace honor a
lo que soy y eso es todo lo que puedo hacer. [...]. Aprendí desde pequeña a no
negociar jamás mis convicciones ni mis opiniones, por nada del mundo».
Es
decir, no podía dar la respuesta complaciente,
porque al hacerlo habría negado la esencia de su individualidad: sus
convicciones. Y para Carrie esas convicciones no son negociables.
¡Qué
bueno es saber que todavía hay jóvenes de este calibre! Cuando lo que está de
por medio tiene que ver con los principios, no hay nada en este mundo que los
aparte de la senda del deber.
¿Eres
tú también capaz de renunciar a la fama, al dinero y al poder para ser fiel a
tus principios?
Recuerda, la palabra de Dios te dice: "No te avergüences, pues, de dar testimonio
a favor de nuestro Señor. 2 Timoteo 1: 8
Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente- Por Fernando Zabala
REFLEXIONES PARA VIVIR --
Una noche conducía mi auto de regreso a casa
cuando, de pronto, otro vehículo se atravesó bruscamente en mi carril. Toqué la
bocina con toda la intensidad que pude, pero el conductor siguió adelante como
si él no tuviera nada que ver con la situación. No sé cómo, pero milagrosamente
pude evitar lo que parecía un choque seguro.
Sin embargo, el asunto no terminó allí. Como pude,
me las arreglé para darle alcance al otro vehículo.
—¡Usted casi me choca! —le grité de mal humor.
Para mi sorpresa, el hombre simplemente dijo:
—Cometí un error. Por favor, discúlpeme.
Su respuesta me desarmó. Pero en lugar de reconocer
mi error, traté de justificarlo: «¡Fue él quien me hizo molestar!».
En realidad, ¿fue ese conductor quien me hizo molestar?
¿O me molesté? La pura verdad es que fui yo quien se molestó. Cuando se
produjo el incidente, la molestia no era mi única opción disponible.
Curiosamente, pocos días después leí un libro en el
cual el autor, Sean Covey, hablaba de dos tipos de personas: las reactivas y
las proactivas. Decía que las personas reactivas actúan como producto de
sus impulsos. Son como una lata de refresco sin abrir que se agita con fuerza.
Cuando la destapas, el contenido sale disparado. Su problema básico, dice Covey,
es que permiten que otros tomen «el control remoto» de sus vidas y cambien de
canal a su antojo. Las personas proactivas, en cambio, piensan antes de actuar.
Sus reacciones por lo regular están basadas en principios. Tienen «el control
remoto» en sus manos y son ellas los que deciden qué canal sintonizar (The 7
Habits of Highly Effective Teens [Los siete hábitos de los adolescentes muy
efectivos], pp. 49, 51). ¿Eres una persona proactiva o reactiva? Si te ofendes
con facilidad; si te echas a morir cuando alguien te critica o habla mal de ti;
si sientes que tu mundo se desploma cuando fracasas, eres reactivo. Si, en
cambio, no permites que los demás decidan cómo tienes que actuar, si las
críticas no te quitan el sueño, si después de un fracaso te levantas y lo
intentas de nuevo, eres una persona proactiva.
En tus manos está «el control remoto» de tu vida.
¿Lo manejarás tú o permitirás que otros lo hagan?
Ayúdame, Señor, a actuar, no por impulso sino
por principio.
Recordemos, que la palabra de Dios dice: “Como ciudad sin muralla y expuesta al peligro, así es quien no sabe dominar sus impulsos” (Proverbios 25:28).
Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente- Por Fernando Zabala
REFLEXIONES PARA VIVIR --
Hoy están de moda
los alimentos integrales: arroz integral, trigo integral, pasta integral,
galletas integrales, tortillas integrales, helados… No, todavía no hay helados
integrales.
¿Por qué tanto
alboroto con lo «integral» ? Porque la gente hoy quiere alimentos que sean
completos. Pero no es de alimentos sino de la integridad personal que
hablaremos hoy. A diferencia de los alimentos integrales, que son muy
populares, la integridad personal hoy no está muy de moda. No sé de ningún
joven que gane millones de dólares solo por ser íntegro. En cambio sí sé de
atletas y artistas que, sin ser íntegros, ganan en un mes de trabajo lo que ni
tú ni yo ganaremos trabajando toda la vida.
¿Vale la pena,
entonces, ser íntegro? Definitivamente sí, porque la integridad tiene que ver
con un tesoro más valioso que todo el dinero del mundo: el carácter. Y el
carácter es lo que somos (no lo que aparentamos ser), como producto de la
integración armoniosa de tres importantes componentes: saber lo bueno
(conocimiento moral), desear lo bueno (sentimiento moral) y hacer lo bueno
(conducta moral).
El profesor Thomas
Lickona ilustra la integridad del carácter con el caso de Andy, un joven que
ganaba buen dinero trabajando con un señor que afinaba pianos. A pesar de que
disfrutaba de su trabajo, Andy enfrentó un serio dilema cuando se dio cuenta de
que su jefe engañaba a sus clientes. Les decía que sus pianos debían ser
afinados cuatro veces al año, pero en algunas de esas sesiones solo fingía que
los afinaba. Cuando Andy se dio cuenta de la estafa, se indignó tanto que
renunció al trabajo y luego notificó a los clientes que su ex jefe los estaba
robando (Educating for Character [Educación para el carácter], pp. 51, 52).
¿Actuó Andy de
manera íntegra? Sí, porque reconoció el fraude (conocimiento moral), se indignó
ante la situación (sentimiento moral) y renunció al trabajo (conducta moral).
Esto es ser íntegro. Es decir, completo, «sin remiendos ni costuras». Y un carácter
íntegro no tiene precio. De hecho, es el único tesoro que podemos llevar con
nosotros al cielo.
¿Cómo responderás
a las tentaciones y desafíos que enfrentarás hoy? Dios espera, no solo que
sepas reconocer lo correcto, sino que lo hagas «aunque se desplomen los
cielos».
Padre celestial,
ayúdame a ser íntegro y completo, como tu Hijo Jesucristo.
La biblia dice :“Con el misericordioso te mostrarás misericordioso, y recto para con el hombre íntegro”(2 Samuel 22:26, RVQS).
Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente- Por Fernando Zabala
REFLEXIONES PARA VIVIR --
Después de
la decisión de aceptar o no a Cristo como Salvador personal, ¿cuál piensas que
podría ser la decisión más importante de tu vida? En mi opinión, la decisión
que le sigue en importancia es la elección del compañero o la compañera de toda
la vida. Si te equivocas en la elección de una carrera profesional, siempre
tendrás abierta la opción de cambiar de carrera. Es verdad que perderás tiempo
y algo de dinero, pero siempre podrás cambiar. Lo mismo podría decirse si te
equivocas en la elección de tu lugar de trabajo o el lugar de residencia, o en
la selección de tus amistades. En cada caso tendrás la posibilidad de cambiar.
Pero no sucede lo mismo cuando te equivocas en la elección de tu cónyuge,
porque cuando del matrimonio se trata, la elección es para toda la vida. Una
vez que «abordas esa embarcación», no existe la opción de bajarte en cualquier
parada. A menos que tu cónyuge cometa adulterio. Pero, ¿quién quiere vivir
deseando que su cónyuge sea infiel para que uno pueda casarse de nuevo?
Por todo lo
mencionado, cuando un joven me pide que le dé la instrucción prematrimonial, le
pregunto: «¿Eres consciente de que tendrás que vivir con esta persona durante
el resto de tu vida?».
Si todavía
no has decidido con quién te casarás, lee con atención las siguientes «pruebas»
que sugiere el escritor Walter Trobisch en su libro I Married You (Me casé
contigo, pp. 75-77):
1.
La prueba del respeto. ¿Siento admiración por esta
persona? ¿Podría presentarla a mis familiares y amigos sin avergonzarme? ¿Deseo
que sea la madre (el padre) de mis hijos?
2.
La prueba de los hábitos. ¿Es aseada esta persona?
¿Tiene mal aliento? ¿Qué come? ¿Qué bebe? ¿Cuáles son sus pasatiempos?
3. La prueba del trato. ¿Cómo se relaciona con el sexo
opuesto? ¿Mantiene las distancias? ¿Cómo trata a sus padres, a sus hermanos, a
los niños?
4. La prueba del perdón. Después de una pelea, ¿cuán
fácil o difícil es para esta persona reconciliarse? ¿Sabe perdonar?
5. La prueba del tiempo. ¿Puedo decir que conozco bien
a esta persona? ¿Conozco su familia, su pasado, sus principios, sus valores
morales y espirituales?
Y la pregunta más importante de todas ¿Qué piensa de Cristo?
Señor, por
nada del mundo me quiero equivocar al escoger mi pareja. Guíame, por favor, al
tomar esta gran decisión.
Meditación centrada en el siguiente texto biblico “De los padres se reciben casa y riquezas; del Señor la esposa inteligente” (Proverbios 19:14)
Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente- Por Fernando Zabala
REFLEXIONES PARA VIVIR --
Alabado sea Jehová, que hizo que no te faltara hoy pariente, cuyo nombre será celebrado en Israel. Rut 4:14, RV95.
Hay momentos en la vida cuando pareciera que todo se desploma a nuestro alrededor. ¿Te ha pasado? Quizás te está ocurriendo ahora mismo. Si este es el caso, estoy seguro de que la siguiente historia te puede resultar de ayuda.
Una familia de cuatro personas (los esposos y dos hijos varones) tenía problemas económicos en su país, de manera que decidieron probar suerte en otras tierras. El plan era estar solo poco tiempo, pero se acostumbraron al lugar y se quedaron. Los hijos conocieron nuevos amigos, ahí se enamoraron y se casaron.
Pero las cosas no salieron como habían pensado. El padre de la familia murió. Tiempo después, los dos hijos también murieron. Es así que la pobre mujer dejó su país buscando mejorar su situación, pero ahora estaba peor que antes. Sola, sin dinero y en un país extranjero. ¿Qué podía esperar de la vida? Muy poco. Pero sin que ella lo supiera, Dios tenía un plan. ¡Y qué plan!
¿Ya sabes de quién estamos hablando? Es la historia bíblica de Noemí y Rut. Después de su trágica pérdida, Noemí decide regresar a su tierra, Belén. Les pide sus dos nueras que la dejen regresar sola. Una de ellas, Orfa, acepta el consejo. La otra, Rut, se resiste a dejarla. Noemí accede y juntas regresan a Belén, justo cuando comenzaba la cosecha de la cebada. Entonces Rut consigue trabajo recogiendo espigas en el campo de un hombre rico (¡y soltero!) llamado Booz.
Y aquí viene lo bueno. Booz y Rut se enamoran y se casan. De su unión nace un lindo bebé al que ponen por nombre Obed. De Obed nace Isaí; y de Isaí, nace David. Y del linaje de David nacería Jesús, el Salvador del mundo. ¡Quién lo podría imaginar! ¡Rut, la moabita, entre los antepasados de Jesucristo!
¿Cuál es la lección? Si ahora mismo estás atravesando por una situación difícil, recuerda que nuestro Dios tiene poder para transformar tus problemas en oportunidades. Recuerda, además, que Dios tiene un plan para ti, ¡y ese plan ahora mismo está en marcha!
Él solo espera que le permitas ayudarte y que confíes en él porque la solución a tu problema ¡ya está en camino!
Gracias Señor, porque nada es difícil para ti. Ayúdame a creer que tienes un plan para mí.
Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente-
Por Fernando Zabala
REFLEXIONES PARA VIVIR --
Pido en mi oración que [...] Dios les dé sabiduría y entendimiento, para que sepan escoger siempre lo mejor. (Filipenses 1:9,10)
Cuando éramos niños, la pregunta que más hacíamos a nuestros padres era: «¿Por qué?». Al alcanzar la edad adolescente, esa pregunta dio paso a otra: «¿Qué tiene de malo?».
La pregunta: «¿Qué tiene de malo?» suele ser formulada por alguien que desea participar de una actividad que no es recomendable, ya sea por razones de salud o de principios. «¿Qué tiene de malo ir a una discoteca?», «¿qué tiene de malo tomar un par de cervezas?», «¿qué tiene de malo que una parejita de novios que se aman tengan relaciones sexuales?»
El problema con estas preguntas es que desvían el foco de atención hacia el lado equivocado. ¿Qué debería motivar la conducta de un joven cristiano? La respuesta está en nuestro texto de hoy. El apóstol Pablo pide a Dios que conceda sabiduría a los cristianos de Filipos «para que sepan escoger siempre lo mejor». Lo que nos está diciendo el apóstol es que la motivación correcta de nuestras acciones va más allá de tan solo evitar lo malo. Consiste en hacer lo bueno. Según este razonamiento, la pregunta que tenemos que hacernos a la hora de decidir si participaremos o no de una actividad no es: «¿Qué hay de malo en eso?». Es más bien:¿Que hay de bueno?».
El fabricante de cervezas quiere que los jóvenes se pregunten: «¿Qué tiene de malo?». También el dueño de la clínica de abortos. Y el del prostíbulo. Estos mercenarios del vicio y la inmoralidad saben que siempre se podrán encontrar mil excusas para justificar lo malo. Pero el joven cristiano no tiene por qué moverse en esa arena movediza. A la hora de decidir si le conviene involucrarse, el joven cristiano se pregunta: «¿En qué me beneficia esta actividad? ¿Me edificará? » En otras palabra, ¿QUÉ TIENE DE BUENO?
El joven cristiano no anda a ciegas por este mundo; posee un repertorio moral del cual echa mano para decidir cómo vivir: son los eternos principios de la Palabra de Dios. Y uno de esos principios dice que a la hora de pensar y de actuar es necesario dar prioridad a «todo lo que sea excelente o merezca elogio» (Fil. 4:8, NVI).
Señor Jesús, dame sabiduría para escoger siempre lo mejor.
Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes, Dímelo de frente- Por Fernando Zabala .
REFLEXIONES PARA VIVIR --
Más se puede confiar en el amigo que hiere que en el enemigo que besa. Proverbios 27:6.
Imaginemos el siguiente caso. Alberto se enamora de Miriam. Pero Miriam es la clase de muchacha que consideraba a sus novios como «material desechable». Para ella, cambiar de novio es como renovar su vestuario. Tomás y Carlos, los mejores amigos de Alberto, se dan cuenta del peligro que corre. ¿Deberían advertir a Alberto del peligro que corre con esa «devoradora de hombres», aunque le duela?
En última instancia, ¿cómo podemos saber quién es un verdadero amigo? El simpático relato que sigue, de John C. Maxwell, puede ayudarnos a descubrirlo. Es la experiencia de un pajarito canadiense que decidió no viajar hacia el sur en el invierno. «Si otros animales se quedan —razonó— ¿por qué no puedo hacerlo yo?»
No pasó mucho tiempo, sin embargo, antes de que se convenciera de su error. El frío invernal llegó con tanta fuerza, que el pajarito tuvo que volar hacia el sur. Pero las cosas no salieron bien. En pleno vuelo, se desató la lluvia y el frío helado comenzó a congelarle las alas. En cuestión de minutos, el pajarito terminó estrellado contra un granero.
No se había recuperado del golpe cuando una vaca vació su intestino sobre él. Disgustado, protestó: «¡Esto es lo que me faltaba! Me muero de frío, en este lugar desconocido, y ¡ahora esto!». Ya se había resignado a morir cuando, después de varios minutos, descubrió que su cuerpo se estaba calentando. El calor del excremento estaba derritiendo el hielo de sus alas. Rebosante de alegría, la avecilla comenzó a cantar.
Lo que el pajarillo no imaginó fue que su canto sería escuchado por el gato de la granja. «¿No es ese el canto de un pajarito? — se preguntó el sorprendido gato—. Creía que todos se habían ido al sur». Fue a comprobar sus sospechas y, en efecto, ¡allí había un pajarito! Con mucha delicadeza, le limpió el excremento de la vaca... ¡y se lo comió! (El mapa para alcanzar el éxito, p. 46).
¿Lecciones de esta historia? Maxwell señala tres:
1. No todo el que te ensucia es tu enemigo.
2. No todo el que te limpia es tu amigo.
3. Si alguien te ensucia, cállate.
Entonces, ¿quién es el amigo verdadero? El que te dice, no lo que quieres escuchar, sino lo que necesitas saber. No lo que te complace, sino lo que te conviene.
Ayúdame, Señor, a reconocer a mis verdaderos amigos y a conservarlos.
Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes" Dímelo de frente"
Por Fernando Zabala
REFLEXIONES PARA VIVIR --
Hay amigos que llevan a la ruina, y hay amigos más fieles que un hermano.
(Proverbios 18:24). NVI.
Muchas de nuestras amistades probablemente se remontan al período de la niñez. Quizás hemos asistido a la misma escuela, .a la misma iglesia, o hemos vivido en el mismo barrio. Pero muy pocas veces, y recalco, muy pocas veces, las amistades duraderas surgen a raíz de discordias o desavenencias. Sin embargo, fue de esa forma como Jorge y yo nos convertimos en amigos inseparables cuando cursábamos la escuela secundaria. Los dos éramos muy activos, amigables, bulliciosos y de carácter fuerte, tanto que chocamos desde el principio. Generalmente nos sentábamos en la misma parte del salón de clases, lo que fomentaba la tensión y los roces. Yo era amante de los gatos y él de los perros, seguro que ya te puedes imaginar el cuadro.
Los insultos iban y venían, adornados de sarcasmos, de ironía y de las más rebuscadas hipérboles. En numerosas ocasiones ambos salimos emocionalmente lastimados. Con el paso del tiempo fue aumentado la tensión. Sin embargo, casi sin darnos cuenta, los gritos pasaron a convertirse en conversaciones amigables y el contacto que una vez rayó en la agresividad se convirtió en consideraciones del uno hacia el otro.
En nuestro último año de secundaria la vida nos hizo llegar a un mayor acercamiento al arrebatarnos a un ser muy querido para ambos. Fue entonces cuando reconocí la gran verdad manifestada en el libro de Proverbios: «Las suertes ponen fin a los pleitos» (Prov. 18: 18). Aquel fue el inicio de una amistad incondicional.
El don de la amistad es una de las mayores bendiciones que el Señor nos ha concedido. Saber que su brazo se extiende a través de un amigo incondicional y sincero nos proporciona tranquilidad y confianza. La Biblia asimismo nos recuerda la importancia de un buen amigo, que en ocasiones está más cerca de nosotros que un hermano carnal.
Desearía ser ese tipo de amiga mencionada en la Biblia: incondicional, sincera y, sobre todo, apegada a Jesús. Te invito a forjar tus relaciones de amistad de la misma forma en que lo hizo Jesús. Hónralo en cada una de tus acciones para que al final de tu vida no estés solo. Puedo decirte que han transcurrido varios años y Jorge, Jesús y yo seguimos de la mano.
Permite que Jesús te ayude a ser un buen amigo.
Textos compilados por Edilma de Balboa- Por Yoela Murillo.
REFLEXIONES PARA VIVIR --
Más vale ser paciente que valiente. Proverbios 16:32.
A nadie le gusta hacer el ridículo, y menos delante de amigos. ¿Te ha pasado? Le pasó a Benjamín en una clase de inglés, cuando estaba en séptimo grado. El asunto no habría pasado a mayores de no haber sido porque uno de sus compañeros comenzó a burlarse de él.
—Eso que dijiste es una de las cosas más tontas que he escuchado —dijo su compañero.
—Tú también has dicho tonterías —respondió Benjamín, malhumorado.
El intercambio de palabras continuó hasta que llegaron al cuarto de los armarios, donde guardaban sus pertenencias. Cuando Benjamín se disponía a abrir el candado, recibió un empujón. Sin pensarlo dos veces, agarró el candado y golpeó con él al muchacho en plena cara. En cuestión de segundos, la sangre comenzó a brotar profusamente.
En otra ocasión, cuando cursaba el noveno grado, estaba escuchando música con un amigo cuando, sin previo aviso, el muchacho le cambió la estación de radio. Comenzaron a discutir por ello, y entonces Benjamín empuñó un cuchillo y lanzó una puñalada hacia el estómago de su amigo. El arma golpeó la hebilla de la correa con tanta fuerza que la hoja del cuchillo se partió en dos.
Cuando llegó a su casa, Benjamín se encerró en el baño. Por su mente cruzaba atropelladamente los pensamientos: «He intentado matar a un amigo. ¿Qué pensará mi madre de todo esto?». Permaneció allí hasta que recordó las lecciones de su madre sobre la oración. Mientras lloraba, oró: «Señor, si tú no me ayudas a librarme de este mal carácter, yo nunca podré hacerlo». Entonces buscó una Biblia y la abrió en el libro de Proverbios. Después de leer durante un rato, sus ojos se posaron en Proverbios 16: 32: «Más vale ser paciente que valiente». Ese día, la paz de Dios inundó su corazón y nunca más tuvo problemas con de temperamento (Manos consagradas. La historia de Ben Carson, pp. 58-64).
Benjamín es hoy el Dr. Ben Carson, director del Departamento de Neurocirugía Pediátrica del famoso Hospital Johns Hopkins de Baltimore, Maryland, EE.UU. La Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos y la cadena CNN lo han considerado uno de los veinte médicos más destacados del mundo.
Y tú, ¿tienes problemas serios de carácter? Si este es el caso, ¿qué tal si, al igual que Benjamín, conversas al respecto con tu Padre celestial?
Padre celestial, por amor a Jesús, mi Salvador, ayúdame a vencer mis defectos de carácter.
Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes "Dímelo de frente"
Por Fernando Zabala
REFLEXIONES PARA VIVIR --
Dicen que quien sabe hacia dónde va, ya ha recorrido la mitad del camino. Ya se trate de decisiones importantes, como la elección de la carrera universitaria o de asuntos triviales como llevar una lista de compras al supermercado, siempre conviene saber de antemano lo que se quiere. Es decir, hacer un «trabajo por adelantado».
Hoy te propongo realizar un trabajo por adelantado con respecto a una de las decisiones más importantes que tomarás durante tu existencia: la persona que que será tu compañero o compañera para toda la vida.
¿Cómo hacerlo? Una manera sencilla es elaborando una lista de las cualidades que convertirían a esa persona en un candidato o candidata en potencia; y, por supuesto, de los defectos que de plano la descalificarían. Algo como esto: «Lo que la califica». «Lo que la descalifica».
Cuando tenía tu edad, aún no era miembro de la Iglesia Adventista, pero ya tenía trabajo adelantado en ese sentido. Por ejemplo, tenía bien claro que no me casaría con una mujer que tuviera vicios. «La mujer con la que me case —pensaba yo — tiene que ser un buen ejemplo para mis hijos. Además, no quiero pasarme la vida besando a una mujer con la boca hedionda por el cigarrillo o el alcohol».
También tenía claro que no me casaría con una muchacha «manoseada». O con una joven que pasara más tiempo en la calle que en su casa. Había otras cosas en mi «lista». Pero lo importante aquí es: ¿Ya tienes tu propia lista?. ¿Qué características automáticamente descalificarían a una persona que te pretenda? ¿Te casaría por ejemplo, con alguien que no comparta tus mismas creencias religiosas? ¿Con una persona que tenga vicios? ¿Que sea dominante? ¿Que no te respete? Por el contrario, ¿qué cualidades debería tener esa persona? ¿Qué virtudes esperas encontrar en él o ella?
Trabajo por adelantado. De esto se trata. De esta manera, no perderás tu tiempo con quienes no encajan en tu lista, reducirás al mínimo las posibilidades de equivocarte y, a la hora de escoger, lo harás más con la cabeza que con el corazón.
Por supuesto, orar a Dios pidiendo su dirección también es parte de ese trabajo por adelantado.
Padre celestial, al pensar en las cualidades de mi futuro cónyuge, de que esa persona te ame por sobre todas las cosas.
Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente: Por Fernando Zabala
REFLEXIONES PARA VIVIR --
¿Alguna vez ha deseado revivir el pasado para tener la posibilidad de enmendar las palabras que lastimaron a otros; corregir los errores que cometió y las decisiones equivocadas que tomó; y borrar los momentos en que se sintió desalentado y abandonado por el Señor?
Si algo hay que sea cierto es que es imposible volver atrás en el tiempo y revivir lo que ya hemos vivido. Pero, si pudiéramos, ¿haríamos lo mismo? La verdad es que muchos no cambiaríamos: cometeríamos los mismos errores, lastimaríamos a las personas y tomaríamos decisiones equivocadas. ¿Por qué? Porque somos así, es nuestra naturaleza. Pero Jesús vino para ayudarnos a cambiar nuestra vida de manera sobrenatural.
Jesús dijo: "Bienaventurados los que lloran", es decir: "Bienaventurados los que se sienten tristes, no por lo que les ha ocurrido, sino por cómo trataron a los demás". Me he dado cuenta de que, para mí, es más natural ser orgulloso y egoísta que humilde y amable. Incluso es posible que diga que lo lamento sin lamentarlo en absoluto. Es lo mismo que pisar el pie de alguien y, de manera mecánica, decir: "Lo siento", al tiempo que se piensa: "No fue culpa mía.Tú te pusiste en mi camino".
Si reacciono así me entristezco. A veces me gustaría gritar: "¡Dios, sé propicio a mí, pecador!" (Luc. 18:13). Creo que esto es lo que Jesús quiso decir con: "Bienaventurados los que lloran". Si no reconozco lo mucho que necesito a Jesús seré siempre lo que fui: un pecador que comete siempre los mismos errores.
El dolor genuino implica que admitimos nuestra necesidad. Cuando el Espíritu Santo nos convence de pecado, nuestro corazón llora. Llorar significa que cada día nos damos cuenta de que necesitamos a Jesús. El único que puede quitar la mancha de! pecado es Jesús.
A menos que lloremos por nuestros pecados, los cometeremos una y otra vez. Sin embargo, Jesús nos ha prometido que él nos consolará. No podemos volver a vivir el pasado, pero sí podemos proseguir a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro (Fil. 3:14). Quizá suene extraño, pero esta bienaventuranza nos recomienda que nos entristezcamos, el único modo de recibir consuelo.
Tomado del Libro de Meditaciones Matinales 2012, del Pr.Richard Offil
Que cada día podamos ser transformados por el amor de Dios para así evitar errores y palabras propias de nuestra naturaleza humana. Solo el poder de Dios nos hará diferentes.
JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
DIRECTOR DEL WEB BLOG "REFLEXIONES PARA VIVIR"
REFLEXIONES PARA VIVIR --
CUESTA creer que Jesús dijera: "Bienaventurados los que lloran". La mayoría de la gente no quiere llorar. Algunos están tan tristes que intentan ahogar sus penas en alcohol y acaban por convertirse en alcohólicos.
Vivo cerca de los parques temáticos de Universal Studios, Disney y Epcot. La gente acude de todas partes del mundo para pasar unos días de vacaciones. Es interesante observar a las familias que llegan al aeropuerto. Los niños están felices y emocionados. Visitar los parques es muy caro, pero los padres quieren que sus hijos sean felices.
Jesús dijo que los que lloran son los verdaderamente felices. No enseñaba que jamás debamos mostrar alegría riendo o sonriendo. Tampoco hablaba de llorar la muerte de un familiar o cualquier tragedia. Hablaba de estar tristes a causa del pecado. Pero antes tenemos que reconocer que somos pecadores. ¿Cómo podemos ser salvos si no admitimos que estamos perdidos? ¿Cómo podemos estar llenos del fruto del Espíritu si no admitimos que la vida sin él está vacía?
Hace algunos años era muy popular una canción que decía: "Don't worry, be happy" [No te preocupes, sé feliz]. Jesús dijo que no nos preocupamos por demasiadas cosas. También dijo que hay algunas cosas que tendrían que preocuparnos y por las que tendríamos que sentirnos apesadumbrados: nuestros pecados, es decir, el orgullo, el egoísmo, la amargura y la falta de dominio propio. Cuando, después de contemplar a Dios y su santidad, veamos nuestra indefensión, nuestra desesperanza y nuestra impotencia, nos lamentaremos por nuestros pecados. El apóstol Pablo exclamó: "¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?" (Rom. 7:24). Además, confiesa: "Yo sé que en mí no habita el bien" (Rom. 7:13).
Cuando yo era niño, a veces me caía y me lastimaba. Luego iba a llorar con mi madre para que me consolara. Después de un rato me sentía mejor y salía de nuevo a jugar. Si los pecados de su vida lo apesadumbran, lo invito a que acuda a Jesús. Él lo consolará y lo perdonará.
Vivo cerca de los parques temáticos de Universal Studios, Disney y Epcot. La gente acude de todas partes del mundo para pasar unos días de vacaciones. Es interesante observar a las familias que llegan al aeropuerto. Los niños están felices y emocionados. Visitar los parques es muy caro, pero los padres quieren que sus hijos sean felices.
Jesús dijo que los que lloran son los verdaderamente felices. No enseñaba que jamás debamos mostrar alegría riendo o sonriendo. Tampoco hablaba de llorar la muerte de un familiar o cualquier tragedia. Hablaba de estar tristes a causa del pecado. Pero antes tenemos que reconocer que somos pecadores. ¿Cómo podemos ser salvos si no admitimos que estamos perdidos? ¿Cómo podemos estar llenos del fruto del Espíritu si no admitimos que la vida sin él está vacía?
Hace algunos años era muy popular una canción que decía: "Don't worry, be happy" [No te preocupes, sé feliz]. Jesús dijo que no nos preocupamos por demasiadas cosas. También dijo que hay algunas cosas que tendrían que preocuparnos y por las que tendríamos que sentirnos apesadumbrados: nuestros pecados, es decir, el orgullo, el egoísmo, la amargura y la falta de dominio propio. Cuando, después de contemplar a Dios y su santidad, veamos nuestra indefensión, nuestra desesperanza y nuestra impotencia, nos lamentaremos por nuestros pecados. El apóstol Pablo exclamó: "¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?" (Rom. 7:24). Además, confiesa: "Yo sé que en mí no habita el bien" (Rom. 7:13).
Cuando yo era niño, a veces me caía y me lastimaba. Luego iba a llorar con mi madre para que me consolara. Después de un rato me sentía mejor y salía de nuevo a jugar. Si los pecados de su vida lo apesadumbran, lo invito a que acuda a Jesús. Él lo consolará y lo perdonará.
Tomado del Libro de Meditaciones Matinales 2012, del Pr.Richard Offil
Mientras estemos en este mundo de pecado muchas veces tendremos que llorar y estar tristes a acusa de nuestros errores, dificultades y pecados, pero recordemos que esa tristeza debe ser para acercarnos mas al Señor y pedir mas de su poder y de su ayuda. Solo así podremos seguir en su camino hasta que al fin en un abrir y cerrara de ojos seamos transformados y seamos semejantes a el.
JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
DIRECTOR DEL WEB BLOG "REFLEXIONES PARA VIVIR"
REFLEXIONES PARA VIVIR --
Suponga que usted y yo pudiéramos hablar con David sobre su adulterio con Betsabé. Según la forma de pensar actual quizá nos dijera: "Sencillamente, no pude evitarlo, era tan bella... ¿Porqué tuvo que bañarse al aire libre?Tenía que haber supuesto que alguien la podía ver. Sé que no debí matar a Urías, su esposo, pero no podía permitir que se enterara de la relación que yo mantenía con ella. Supongo que me dejé dominar por el pánico".
Jesús no dijo: "Bienaventurados los que se excusan por sus pecados", sino: "Bienaventurados los que lloran por sus pecados". David no se excusó por lo que hizo. En el Salmo 51 se lamentó por su pecado: Ten piedad de mí. Dios [...] borra mis rebeliones. ¡Lávame más y más de mi maldad y limpíame de mi pecado!, porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí" (vers. 1-3).
¿Se imagina al hijo pródigo largándole todo este discurso a su padre? "Papá, escucha. Ya sé que no tenía que haberme ido de casa, pero no me quedaba otra elección. Mi hermano siempre se burlaba de mí diciendo que yo jamás haría nada tan bien como él. Cuando me acuerdo de todo, pienso que no fuiste justo conmigo. No te diste cuenta de mis necesidades emocionales tan especiales y no las supliste. Es verdad, no colaboraba en las labores del campo, pero es que lo mío es el arte. Me imaginé que en la ciudad podría encontrarme a mí mismo. Allí conocí a una joven muy agradable que me fue infiel. Una noche bebí demasiado y perdí todo el dinero en el casino. Siento el daño causado".
En lugar de culpar a otros, mientras estaba sentado con los cerdos, el joven decidió que iría a casa y diría a su padre: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros" (Luc. 15:18,19).
Tendemos a culpar a otros por nuestros errores. Pero la Biblia dice: "El que oculta sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta de ellos alcanzará misericordia"( Proverbios 28:13)
Tomado del Libro de Meditaciones Matinales 2012, del Pr.Richard Offil
Que difícil es aveces en nuestra naturaleza humana, admitir nuestros pecados y errores y no echar la culpa a los demás. Dejemos trabajar al Espíritu de nuestro Amado Dios, para que haga nacer en nosotros el verdadero arrepentimiento y el ferviente deseo de apartarnos de todo mal.
JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
DIRECTOR DEL WEB BLOG "REFLEXIONES PARA VIVIR"
REFLEXIONES PARA VIVIR --
DURANTE EL TIEMPO que vivió en la tierra, todo lo que hizo Jesús estuvo íntimamente relacionado con su uso de las Escrituras. Desde que en el templo, cuando contaba solo con doce años de edad, enseñaba a los ancianos hasta que, en la cruz, exclamó: "¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has desamparado?", Las Escrituras fueron su guía.
Cuando Satanás lo tentó en el desierto, Jesús venció con las palabras: "Escrito está". Cuando los fariseos trataron de ponerle alguna trampa, é! usó la Palabra de Dios para mostrarles su error: "¿Qué dice la Escritura?"; "¿No habéis leído?"; "¿No está escrito?".
Jesús siempre citaba las Escrituras para mostrar a sus discípulos que sufriría, moriría y resucitaría. Dijo: "¿Cómo se cumplirían, si no, las Escrituras?". Colgado en la cruz, citó palabras que ya estaban en las Escrituras: "¿Por qué me has desamparado?"; y finalmente: "En tus manos encomiendo mi espíritu".
Me encanta cuidar un huerto. No siempre hemos podido tener uno. Sin embargo, cuando ha sido posible, Indefectiblemente, en casa ha habido huerto. A veces cultivo frijoles. Me gustan los frijoles. Un frijol es una semilla y, al mismo tiempo, también puede ser alimento. De la misma manera, la Biblia es a la vez semilla y alimento. Cuando leemos la Biblia, como si fuera una semilla regada por el Espíritu Santo, en nuestro corazón empieza a germinar la vida espiritual. Del mismo modo que comemos frijoles para alimentarnos, la lectura diaria de la Palabra de Dios nos sostiene y nos alimenta.
Si usted desea ser un hombre de Dios, fuerte en la fe, lleno de bendición, rico en frutos para la gloria de Dios, tendrá que estar lleno de la Palabra de Dios. Haga como Cristo y permita que la Palabra se convierta en su pan. Haga que viva abundantemente en usted. Haga que su corazón se llene de elia. Aliméntese con ella. Crea en ella. Obedézcala.
Cada lectura diaria está acompañada por un versículo para memorizar. Apréndalo y medite en su significado a medida que transcurre el día. Tenga la seguridad de que, cuando use las Escrituras como Cristo las usaba, ellas harán por usted lo mismo que hicieron por él.
Cuando Satanás lo tentó en el desierto, Jesús venció con las palabras: "Escrito está". Cuando los fariseos trataron de ponerle alguna trampa, é! usó la Palabra de Dios para mostrarles su error: "¿Qué dice la Escritura?"; "¿No habéis leído?"; "¿No está escrito?".
Jesús siempre citaba las Escrituras para mostrar a sus discípulos que sufriría, moriría y resucitaría. Dijo: "¿Cómo se cumplirían, si no, las Escrituras?". Colgado en la cruz, citó palabras que ya estaban en las Escrituras: "¿Por qué me has desamparado?"; y finalmente: "En tus manos encomiendo mi espíritu".
Me encanta cuidar un huerto. No siempre hemos podido tener uno. Sin embargo, cuando ha sido posible, Indefectiblemente, en casa ha habido huerto. A veces cultivo frijoles. Me gustan los frijoles. Un frijol es una semilla y, al mismo tiempo, también puede ser alimento. De la misma manera, la Biblia es a la vez semilla y alimento. Cuando leemos la Biblia, como si fuera una semilla regada por el Espíritu Santo, en nuestro corazón empieza a germinar la vida espiritual. Del mismo modo que comemos frijoles para alimentarnos, la lectura diaria de la Palabra de Dios nos sostiene y nos alimenta.
Si usted desea ser un hombre de Dios, fuerte en la fe, lleno de bendición, rico en frutos para la gloria de Dios, tendrá que estar lleno de la Palabra de Dios. Haga como Cristo y permita que la Palabra se convierta en su pan. Haga que viva abundantemente en usted. Haga que su corazón se llene de elia. Aliméntese con ella. Crea en ella. Obedézcala.
Cada lectura diaria está acompañada por un versículo para memorizar. Apréndalo y medite en su significado a medida que transcurre el día. Tenga la seguridad de que, cuando use las Escrituras como Cristo las usaba, ellas harán por usted lo mismo que hicieron por él.
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