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REFLEXIONES PARA VIVIR --
Diciembre 9Un ataque contra Dios
Y el hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti y ya no soy digno de ser llamado tu hijo». Lucas 15:21
El cristiano que desea alcanzar la victoria sobre el pecado debe tener en su mente una idea clara de todo lo que implica el acto pecaminoso. Se dice que la paga del pecado es la muerte, que pecar roba la paz del corazón, que es un desperdicio de la vida, y que afecta física y emocionalmente. A pesar de todo lo que se pierde, el número de personas que hemos pecado contra Dios no puede contarse.
¿Cuál es la razón principal para cortar toda relación con el pecado? ¿El castigo? ¿El lago de fuego? ¿La vida eterna? ¿Que lo borren a uno de los libros de iglesia? De la siguiente historia podemos extraer la verdadera razón.
A un joven de dieciocho años de edad, hijo de padres adventistas, las malas compañías lo arrastraron al pecado. Practicaba toda clase de vicios, desde fumar cigarrillos hasta pasar su tiempo en lugares inmorales. Como era de esperar, su padre no aceptaba en forma alguna tal conducta. Le aplicó todo tipo de castigos, pero nada hizo que este joven cambiara su mal proceder.
Un día en que el muchacho regresó a casa después de estar con sus amigos tomando bebidas alcohólicas, su padre lo llevó a un lugar solitario. El joven debe de haber pensado que sería para recibir una soberana paliza. Su padre, hombre fuerte y corpulento, se lo quedó mirando fijamente al rostro, como diciéndole algo, pero sin palabras. Después de un par de minutos, explotó en llanto. Cuando el joven rebelde vio las lágrimas que corrían como aguas desbordadas por el rostro de su padre, entendió que su pecado iba más allá de dañar su propia salud, más allá de violar una norma, o de afectar una relación paterno-filial. Entendió que su pecado despedazaba el corazón de un padre amante. Ese día terminó su rebeldía y decidió no causar más dolor a quien lo amaba tanto.
Si quieres dejar de pecar, piensa en lo siguiente:• El pecado no solo te hiere a ti, sino que es una ofensa contra el cielo, contra Dios. Esa es la naturaleza fundamental del pecado. Es un ataque contra Dios.
• El pecado deshonra a Dios, y supone una difamación de su honor en la que incurrimos mediante nuestra conducta y actitud degradante. Nos perjudica a nosotros y a los que nos contemplan.
Enfréntate hoy al enemigo, no pensando en tu prestigio, empleo, buena fama, o en el qué dirán. Hazle frente pensando que cada pecado que cometas crucificará de nuevo al Hijo de Dios.
Tomado del Libro de Meditaciones 2009 "Siempre gozosos , experimentando el amor de Dios" del Pastor Juan O. Perla, Más meditaciones en REFLEXIONES PARA VIVIR: http://www.johnsotilonline.blogspot.com/
REFLEXIONES PARA VIVIR --
Vivir por feHe aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá. Habacuc 2:4
Vivir por fe, es una expresión muy común en el vocabulario cristiano. En cambio, en el mundo secular el lema es, más bien, "Hasta no ver, no creer". Entre los miembros del reino de Jesucristo se promueve el mensaje de vivir por fe. Sin embargo, la idea de vivir por fe puede sonar emocionante y evocar toda suerte de aventuras emocionantes al principio. No obstante, con frecuencia, las personas encuentran mayor atractivo en la seguridad de saber qué es lo que va a ocurrir, en estar al mando de su propio futuro.Obviamente, es más cómodo creer en lo tangible, en lo que se puede ver.
Hay más seguridad cuando se tiene un buen empleo, una casa bonita, y algo de dinero en el banco, que en esperar que algo nos llegue mediante una mano invisible. Los que están desempleados y sin techo, los que han perdido a un ser querido o viven con una enfermedad incurable, frecuentemente se preguntan si tiene algún sentido confiar en Dios.¿Cómo están las perspectivas de tu fe?
Muchos tenemos nuestra propia agenda, en la que ocupa un lugar destacado nuestro punto de vista personal de cómo creemos que debe ser la intervención de Dios, de cómo debe gobernar el mundo, o de cómo debe impartir justicia. Molestos a veces por lo que ha hecho otra persona, decimos que Dios debería haberle dado un castigo doble del que recibió. Nos sentimos disconformes cuando él no actúa de acuerdo al tiempo que nosotros establecemos o en la forma que deseamos que haga las cosas. En consecuencia, nos angustiamos y confundimos. El profeta Habacuc vivió una situación similar. Su libro, una especie de diario personal, pone de manifiesto su disconformidad, sus dudas y su enojo con la actuación de Dios.Una cosa es cierta: es imposible llamar a otros a la fe en Dios cuando nuestro propio corazón está lleno de tales sentimientos e interrogantes acerca de Dios. Quien considera a Dios completamente invisible no puede regocijarse en su fuerza. En una condición tal, la perspectiva de fe necesita cambiar, porque antes de que puedas persuadir a otras personas para que pongan su fe en Dios, debe cambiar la comprensión que tienes del Soberano del universo.Con la fe de un niño, acepta hoy la conducción divina. Di al Señor que estás satisfecho con su dirección soberana, y abre tu corazón a la dinámica de la fe.
Tomado del Libro de Meditaciones 2009 "Siempre gozosos , experimentando el amor de Dios" del Pastor Juan O. Perla, Más meditaciones en REFLEXIONES PARA VIVIR: http://www.johnsotilonline.blogspot.com/
REFLEXIONES PARA VIVIR --

Diciembre 7
¿Condenado por obedecer?
Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido. Lucas 18:14
¿Condenado por obedecer?
Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido. Lucas 18:14
Dios procura guiar a sus hijos para que tomemos decisiones sabias. Aunque clamamos a Dios pidiendo su dirección con frecuencia, no siempre hacemos lo que él indica que debe hacerse. Demasiado a menudo, hemos tomado un curso de acción contrario al que el Señor aconseja en su santa Palabra o al que él manifiesta a nuestra mente y nuestra conciencia a través del Espíritu Santo. Desgraciadamente, no siempre seguimos su consejo.
¿Qué podemos esperar cuando dejamos de aceptar la voz de Dios, cuando adoptamos decisiones basadas en la lógica o el criterio humanos? La historia registrada en Génesis 3: 1-7 muestra que Eva enfrentaba un conflicto entre lo que Dios había dicho y lo representado por sus propios deseos. Lamentablemente, decidió creer la mentira y no la verdad, aceptar el consejo del diablo y no el consejo de Dios, dejarse guiar por el que deseaba su ruina y no por el que deseaba su dicha y su felicidad. Como consecuencia de la fatídica decisión adoptada por ella y por su esposo, el pecado entró en el mundo, con su secuela de dolor, llanto, miseria y muerte.Eva sabía muy bien lo que Dios requería de ella. Sin embargo, centró su atención en los atractivos de la oferta de Satanás. Sopesó cada opción contra los deseos de su propio corazón y, desgraciadamente, optó por lo que resultaba más agradable para sus ojos.
Cuando seguimos una conducta similar a la de Eva, lo que en realidad decimos a Dios es: «Muchísimas gracias por tu consejo, pero haré las cosas a mi manera, y no como tú quieres». Quizá no acabemos de expresar esas palabras, pero nuestras acciones comportan ese mensaje. Debemos ser cuidadosos de cómo respondemos a los llamamientos de Dios.Dios se ha hecho asequible y disponible. Anhela que lo busquemos y le permitamos poner en nuestra mente sus pensamientos, para que podamos decidir correctamente. Si pedimos que nos ilumine para tomar decisiones correctas, entonces debemos atender su Palabra. Si deseas evitarte muchas frustraciones, fracasos y pesares, sé obediente y pide fortaleza para seguir el consejo divino.
Diciembre 6
Seguir el consejo de Dios
Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió, así como ella. Génesis 3:6
Seguir el consejo de Dios
Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió, así como ella. Génesis 3:6
Pese a su obediencia, el fariseo no fue justificado. Era justo según su criterio. Hombre fiel a su esposa, ayunaba dos veces a la semana y daba diezmos de todo lo que poseía. Si yo hubiese sido su pastor, no me lo habría pensado dos veces a la hora de ponerlo como primer anciano de la iglesia. Sin embargo, Jesús percibía que ese caballero andaba mal.¿Acaso la obediencia no es importante? ¿Qué sucedió en el caso del fariseo? ¿Debemos tomarnos la obediencia en serio o no?
La obediencia es importante. La Biblia enfatiza vez tras vez que Dios requiere nuestra obediencia. Se deleita cuando hacemos lo que pide. El problema del fariseo estuvo en que usó la obediencia como medio de salvación. Las cosas buenas que hacía respondían a su deseo de sentirse orgulloso y seguro, y de humillar a los demás.Si la obediencia no cuenta para nuestra salvación, ¿por qué la exige Dios? La preocupación de Dios por nosotros surge de su profundo amor y devoción. Él manda nuestra obediencia no porque sea muy estricto y exigente, sino porque conoce el efecto que la desobediencia y el pecado tendrán sobre nuestra vida. En cambio, Satanás tiene otro objetivo en mente, pues sabe que si puede atraernos al pecado, nuestras acciones deshonrarán al Señor y causarán dolor al corazón de Dios.
La desobediencia también tiene temibles repercusiones en forma de sentimientos de culpa, de vergüenza, de desprecio, vidas quebrantadas, matrimonios destruidos y amargas disputas. Sansón desobedeció por creer que no necesitaba la fuerza de Dios y terminó ciego, arruinado y transformado objeto de mofa. Saúl desobedeció y terminó en el suicidio. Caín desobedeció y vivió errante y fugitivo. Jonás desobedeció y un animal marino se lo tragó. Judas desobedeció y murió ahorcado. Aunque el amor divino no cambia, el pecado interrumpe nuestra comunión con el Señor. La desobediencia envía un mensaje a Dios que declara que, en lo que respecta a regir nuestra vida, nosotros sabemos más que él.No hay un solo momento en que la obediencia carezca de importancia para el Señor. Dios requiere tu obediencia en cada circunstancia de tu vida. Decir una mentirijilla puede ser tan perjudicial para nuestro bienestar espiritual como sucumbir ante una tentación mayor, como el adulterio o el robo. La obediencia es una cerca de protección contra el mal. Gózate siempre en obedecer.
Diciembre 5
Quédate con él para siempre
Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. Juan 15:5
Quédate con él para siempre
Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. Juan 15:5
Qué metas esperas alcanzar? ¿Qué sueño ha puesto Dios en tu corazón que anhelas ver hecho realidad? A pesar de tus temores e inseguridades, tú sí puedes realizar esos anhelos. Para tener éxito en la vida cristiana tienes que poner tu centro de atención en Jesucristo. Él mismo lo declaró: «Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí» (Juan 15:4).Cuando permanecemos siempre con el Señor, cuando no lo abandonamos, y estamos constantemente a su lado, él nos coloca en el puesto que desea que ocupemos. Sencillamente, lo que se requiere para triunfar en la vida cristiana es confianza total en el Señor.Aprender a permanecer en vez de esforzarnos por alcanzar algo nos enseña a poner nuestra confianza en Alguien que sabe mucho más que nosotros en cuanto a la vida y al porvenir.
Permanecer en Jesús significa que el Salvador es en todo momento la causa de todo bien en nuestra vida. Sin él no podemos hacer nada verdaderamente bueno, nada que honre a Dios y exalte a Cristo. Permanecer en él es confianza continua en la verdad de las palabras de Jesús y en la certeza de su amor. Nunca dejamos de creer que él nos ama. Aunque suframos persecuciones, enfermedades o abandono, siempre estamos convencidos de que su amor nunca cesa. Nos ama hoy igual que nos amaba ayer, y su amor por nosotros no cambiará mañana. Es el amor incondicional de Dios lo que nos cambia y trae consigo una realización duradera.
Tan pronto entendemos y aceptamos que no hay amor más grande que el amor de Dios, estamos listos para dar el primer paso a esa vida abundante, plena y extraordinaria.La persona que permanece en el Señor ya no vive para sí, sino para Jesucristo. Descubre que Dios toma sus pensamientos y los conforma a su voluntad y propósito, que el Señor aguza sus talentos, purifica su mente y lo prepara para el servicio de su reino. Sus tesoros terrenales y las cosas que tiene en gran estima se convierten en ofrendas de alabanza y adoración. Los sentimientos de rencor y amargura se desvanecen, porque recibimos el amor y el perdón divinos.Permanece en el Señor y descansarás, porque Dios tiene el control de todas las cosas. Contémplalo solo a él, no las cosas que te hacen sentir temor e inseguridad.
Tomado del Libro de Meditaciones 2009 "Siempre gozosos , experimentando el amor de Dios" del Pastor Juan O. Perla, Más meditaciones en REFLEXIONES PARA VIVIR: http://www.johnsotilonline.blogspot.com/
REFLEXIONES PARA VIVIR --
Examínate los ojosPero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas? Mateo 6:23
Jesús está profundamente preocupado por nuestros ojos. Esto lo podemos comprobar en la desconcertante declaración que hizo y que está registrada en Mateo 6: 22, 23: «La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?» En otras palabras, Jesús nos dice que la manera en que vemos la realidad que nos rodea determina si estamos en tinieblas o no. Nuestro Señor afirma que el ojo es la lámpara del cuerpo y que un ojo bueno transmite plenitud de luz al alma.Examínate los ojos. El ojo maligno acarrea tinieblas; no ve la misericordia de Dios como algo hermoso, sino que lo ve a él como un amo severo, exigente e injusto.
El ojo maligno ve en el dinero algo más atractivo que Dios; su imagen está distorsionada; no ve la realidad tal cual es.¿Cómo es el ojo bueno que nos llena de luz? Un ojo bueno es un ojo que hace valoraciones sabias, un ojo con criterio. Ve la belleza y la fealdad, detecta lo que es de valor y lo que es despreciable, discierne lo que es deseable y lo que es indeseable. Es un buen guía en el camino hacia la luz.Si tu ojo es bueno, te gozará con el Dios de tu salvación, verás la iglesia como la comunidad de los hijos de Dios y desearás permanecer en ella. Verás la Biblia como la carta de amor de Jesús y será para ti un deleite estudiarla. Verás el diezmo como la renta del evangelio y te gozarás en devolverlo para promover a Jesús. Las cosas de arriba serán más atractivas que las de la tierra. Verás a tu esposa como la que Dios buscó para ti y estarás complacido con ella.
El ojo bueno es un ojo excepcional. Tiene un tesoro: el mismo Dios. Cuando tenemos ese don, nuestra vida se llena de luz.Hoy debes preguntarte: «¿Cómo están mis ojos? ¿Percibo correctamente la bondad de Dios? ¿Detecto su dirección para mi vida, para su iglesia, para su obra?» Sé vigilante; no seas superficial ni negligente o descuidado en este asunto. Esfuérzate, lucha, pelea por mantener tus ojos en buen estado. Haz lo que sea necesario para ver a Dios como lo supremo, lo más valioso y deseable.
Tomado del Libro de Meditaciones 2009 "Siempre gozosos , experimentando el amor de Dios" del Pastor Juan O. Perla, Más meditaciones en REFLEXIONES PARA VIVIR: http://www.johnsotilonline.blogspot.com/
REFLEXIONES PARA VIVIR --
Solo la fe puede dormir sin preocupacionesY él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: «Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?» Marcos 4:38
Ya conoces la historia. El mar tranquilo y seguro. La calma daba a los discípulos una sensación de seguridad mientras navegaban sobre el mar de Galilea. No sentían ningún temor. La serenidad de la superficie de las aguas les transmitía sentimientos de completa paz. No sentían ninguna preocupación.
Pero de repente todo cambió dramáticamente. La frágil embarcación se vio agitada por una de las típicas y repentinas tormentas del mar de Galilea. Los fuertes vientos levantaron grandes olas que pusieron inmediatamente en peligro la embarcación. La paz y la seguridad desaparecieron. El terror se apoderó de los doce discípulos. Los gritos de temor se mezclaron con los gritos de frenética actividad para tratar de salvar la barca y sus vidas. Lucharon como siempre lo habían hecho, para salvarse. En su lucha y desesperación para salvarse a sí mismos, olvidaron que Jesús iba con ellos en la barca.
Pero Jesús dormía tranquilamente. ¿Has pensado alguna vez en esta circunstancia? ¡Dormir en medio del fragor de los truenos, los relámpagos, las olas y los gritos de aquellos doce hombres! ¡Y de la espuma producida por el agua que azotaba a la embarcación y que sin duda lo mojaba a él! Pues sí, a pesar de todo eso, Jesús dormía.
Solamente la fe es capaz de dormir sin temor ni preocupaciones. La fe se aferra a la seguridad de Dios. La fe le toma la palabra a Dios. La fe mira más allá de las circunstancias. La fe ve una salida más allá del oscuro túnel del dolor y la prueba. Los discípulos estaban aterrorizados mientras Jesús dormía. Solamente la fe es capaz de vencer el temor. La fe de Daniel venció el temor a los leones. La fe de José venció el temor al pozo de la desesperación, a la prisión y a la muerte, que eran la suerte de un esclavo. 1 ,a fe de David venció el temor al gigante Goliat. La fe de la viuda de Sarepta venció el temor al hambre y a la muerte.
El cristiano de fe no depende de las circunstancias. Cree cuando el mar está sereno y las condiciones son favorables; y cree cuando sopla airada la tempestad. El cristiano dice: «En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado» (Sal. 4: 8). En el caso de nuestro Señor, ese pasaje podría parafrasearse así: «Aunque sople airada la tempestad y retumben los truenos y me moje el agua, en paz me acostaré y asimismo dormiré». Digamos nosotros lo mismo hoy, no importa la tempestad que nos amenace.
Septiembre 19: Agrada a Dios aquí y ahora
Sin fe es imposible agraciar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Hebreos 11:6
Sin fe es imposible agraciar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Hebreos 11:6
Todos estamos familiarizados con aquel dicho que dice: «Ver para creer». Pero en el lenguaje de Dios es todo lo contrario, por lo cual el dicho diría: «Creer para ver». Por eso, como en el cielo todo el mundo verá bien, no será necesaria la fe. Pero aquí, es imposible agradar a Dios sin este elemento tan importante. El apóstol presenta varios ejemplos de los ilustres personajes que tuvieron verdadera «fe».
Abel, el justo; Enoc, el que fue traslado al cielo sin ver la muerte; Noé, varón perfecto en su tiempo; Abraham, el padre de la fe; Isaac, el pacificador; Jacob, el vencedor de Dios y de los hombres; Sara, la princesa feliz; José, la rama fructífera; Moisés, el gran conductor de pueblos; Rahab, la ramera convertida; y muchos otros, que agradaron a Dios porque tuvieron fe.
¿Por qué es imposible agradar a Dios sin fe? Un ejemplo de esto son Abel y Enoc: Abel fue justo y Enoc caminó con Dios. Sin fe no habrían podido dar semejante testimonio. Lo mismo debemos hacer nosotros. No tanto esforzarnos por ser justos y caminar con Dios, como hicieron estos héroes, sino viviendo por fe, como ellos vivieron, para poder agradar a Dios como ellos lo hicieron.
También la creencia en la existencia de Dios es producto de la fe. Solo por la fe puede vivir el cristiano sirviendo a un Dios a quien no puede ver. Sin fe es imposible servir a Dios. Pero el cristiano que tiene fe no solo cree en la existencia de Dios; sino que para él es más real que si lo hubiera visto. Por eso dice San Pablo: «Porque por fe andamos, no por vista» (2 Cor. 5: 7). La vista es un estorbo para el cristiano. La fe es más segura para «andar con Dios», como lo hicieron todos los héroes de la fe.
También es importante creer en el galardón que Dios tiene preparado para sus hijos fieles. Los hombres de fe tienen «la mirada puesta en el galardón», como Moisés (Heb. 11: 26). El mayor galardón que los héroes de la fe (nosotros entre ellos) recibirán es que «verán su rostro y su nombre estará en sus frentes» (Apoc. 22: 4).
La fe es una de las cosas que más agradan a Dios. Y, por supuesto, los hombres y las mujeres de fe son sus favoritos. La fe es algo que tenemos el privilegio de poner en práctica aquí y ahora. Decide hoy vivir por fe para agradar a Dios.
Septiembre 18 : La disciplina de la lengua
Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Efesios 4:29
Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Efesios 4:29
Solemos hablar de la disciplina personal, de la de los hijos, de la eclesiástica..., pero hablamos muy poco de la disciplina de la lengua. Sin embargo, ¡cuánta necesidad tiene el mundo de una disciplina de la lengua! Santiago dijo que una lengua indisciplinada es «un mundo de maldad» (Sant. 3: 6). Nuestra lengua debe ser disciplinada para que no pronuncie palabras falsas, airadas, mentirosas, corrompidas, innecesarias, blasfemas y de juicio y condenación hacia los demás.
En cambio, la lengua también debe ser disciplinada para que pronuncie palabras que edifiquen a los demás y que den gracia a los oyentes, como dice nuestro versículo de hoy. Otra vez cabe consignar aquí las instrucciones que nuestro Señor dio en el Sermón del Monte, que, según todos los cristianos aceptamos, es la ley fundamental del reino de Dios: «Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede» (Mat. 5: 37).
La solemne amonestación de Jesús está en armonía con la literatura sapiencial del Antiguo Testamento. Proverbios 13: 3 afirma: «El que guarda su boca guarda su alma; mas el que mucho abre sus labios tendrá calamidad». Nuestro Señor dijo que todo lo que digamos después de decir «Sí», o «No», ya tiene un mal origen. Y Salomón dice que quien abre mucho sus labios (para hablar, por supuesto) «tendrá calamidad». Por eso, el rey sabio aconsejó: «No dejes que tu boca te haga pecar» (Ecl. 5.6).
No es posible ponderar en exceso la gravedad de hablar demasiado. La persona que habla demasiado se expone a muchos errores, de muchos de los cuales solo se enterará cuando ya sea demasiado tarde. El que habla mucho no se da cuenta de que va dejando una ola de heridas por el camino que transita, y tarde o temprano lo alcanzará la «calamidad».
La persona que disciplina su lengua tiene grandes ventajas. Se librará de muchos problemas ahora y en la eternidad. Uno de los peligros es dañar a las criaturas de Dios. Las palabras descuidadas podrían afectar y dañar a esas personas, que son el proyecto de Dios.
Decide hoy no hablar mal de otros, juzgarlos y condenarlos. Entonces en la comunidad cristiana fluirá el gozo. Muchas cosas buenas ocurrirán en tu relación matrimonial, en la iglesia y en tu lugar de trabajo si disciplinas tu lengua. Si así lo haces, todas tus palabras serán edificantes y llenarán de gracia y de gozo el corazón de todos los que las escuchen.
Tomado del Libro de Meditaciones 2009 "Siempre gozosos , experimentando el amor de Dios" del Pastor Juan O. Perla, Más meditaciones en REFLEXIONES PARA VIVIR: http://www.johnsotilonline.blogspot.com/
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Quién eres tú, que juzgas a tu hermano?
Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez.
Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez.
Santiago 4:11
El apóstol Pablo menciona otra razón por la cual es peligroso juzgar a los demás: «En lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo» (Rom. 2:1). Una razón básica para no juzgar a los demás es porque somos tan pecadores, tan malos y tan dignos de condenación como ellos. Es como si juzgar a otros fuera dos veces malo. En primer lugar, porque juzgar a otros es tomar atribuciones divinas. En segundo, porque hacemos exactamente lo mismo nosotros. Y esto es literalmente así. Hay una ley de la psicología que menciona el Dr. Arthur R. Bietz en una serie de artículos titulada Abordemos la vida de forma integral. Esa ley dice que solo notamos en los demás las faltas que nosotros mismos tenemos. Los que nos parecen intachables cometen otras faltas, tienen otros vicios y son culpables de otros pecados diferentes de los nuestros. Los que nos parecen odiosos por sus defectos lo son, sencillamente, porque tienen los mismos defectos que nosotros. Si no fuera así, no habríamos notado sus faltas.
¡Cuánta razón tiene el apóstol! ¿Quién eres tú, que juzgas a tu hermano? La respuesta tácita del apóstol es: Eres un delincuente. Eres un blasfemo, porque tomas atribuciones que solo Dios puede ejercer. Y luego se agrava el asunto porque el que juzga a su hermano, juzga a la ley de Dios, lo cual es una falta muy grave. «El que juzga parece decir que la ley no se aplica a él. Virtualmente dice que no hay ley que proteja al hermano perjudicado, ni ley que condene su espíritu de crítica». Serio, ¿verdad?
El cristiano humilde sabe perfectamente cuan limitados son su juicio, su conocimiento, su capacidad y su visión. Solo puede ver un aspecto mínimo de las razones, motivos, y actos de su hermano. No puede tener todo el conocimiento que se debe tener para pronunciar un juicio justo, porque eso solo Dios puede tenerlo. Por eso, el cristiano es humilde y nunca juzgará a nadie.
Solo el amor puede tratar a los demás justamente. Porque nunca juzga, nunca pronuncia juicio, nunca condena. Sobre todo, porque el amor «cubre multitud de pecados» (Sant. 5:20).
Demostremos siempre el amor que perdona y olvida, no importa cuál sea la evidencia que veamos de los errores de otros. El que ama siempre acierta. El que no ama siempre se equivoca.
Solo el amor puede tratar a los demás justamente. Porque nunca juzga, nunca pronuncia juicio, nunca condena. Sobre todo, porque el amor «cubre multitud de pecados» (Sant. 5:20).
Demostremos siempre el amor que perdona y olvida, no importa cuál sea la evidencia que veamos de los errores de otros. El que ama siempre acierta. El que no ama siempre se equivoca.
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Septiembre 16: No te juntes con los revendedores
El que anda en chismes descubre el secreto; no te entremetas, pues, con el suelto de lengua. Proverbios 20:19
María y Aarón criticaron a Moisés, «el hombre más manso de la tierra». El nombre de María está primero y el verbo hebreo está en género femenino y en singular, lo cual quiere decir que fue María la que inició la crítica. No fue ni l,i primera ni la última crítica que recibió el varón de Dios, pero fue la que recibió l,i desaprobación divina de inmediato. ¿Por qué? Porque el Señor quería que sirviera minio advertencia para el pueblo de Dios. El texto sagrado dice: «¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés? Entonces la ira de Jehová se encendió contra ellos; y se fue» (Núm. 12: 8, 9).
María fue severamente castigada por Dios: quedó «leprosa como la nieve» (Núm. 12: 10). Dios dijo que el castigo que le daba era semejante al que recibía una hija cuando era reprendida severamente por su padre. Pero el castigo de María fue más grande: Dios «se fue» (12: 9) del campamento. María fue echada del campamento y «tan solo cuando quedó desterrada del campamento volvió el nimbólo del favor de Dios a posarse sobre el tabernáculo» {Patriarcas y profetas, pp. 404,405). Todo el pueblo de Israel se detuvo siete días en el mismo lugar para esperarla. Todos supieron la causa de su castigo. «Entonces, humillado hasta el polvo el orgullo de ambos, Aarón confesó el pecado que habían cometido» (ibíd., p. 404).
(comentando dicho incidente, Elena G. de White advierte: «El que impuso a ciertos hombres la pesada carga de ser dirigentes y maestros de su pueblo, hará a este responsable de la manera en que trate a sus siervos. Hemos de honrar a quienes Dios honró, líl castigo que cayó sobre María debe servir de reprensión para todos los que, cediendo a los celos, murmuren contra aquellos sobre quienes Dios impuso la pesada carga de su obra» (ibíd.,p. 406).
Si crees que tu dirigente ha cometido un error, díselo. Hazlo con oración, con humildad y constructivamente; cara a cara, nunca a sus espaldas. Dilo a la persona afectada, en privado, no en público. No lo compares con otras personas. No juzgues sus intenciones. Critica los hechos reales. Si no lo comprendes todo bien, no critiques. Procura ponerte en los zapatos de la persona criticada.
Si eres tú el criticado, sigue el ejemplo de Moisés. Si tienen razón, escúchalos. Si no, deja que Dios te defienda, a su tiempo y a su modo. Él hace mejor las cosas.
Si eres tú el criticado, sigue el ejemplo de Moisés. Si tienen razón, escúchalos. Si no, deja que Dios te defienda, a su tiempo y a su modo. Él hace mejor las cosas.
Septiembre 15 : Para bien o para mal
Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; mas la lengua de los sabios es medicina. Proverbios 12:18
¡Qué actividad tan penosa e indigna es andar en chismes! No solo penosa e indigna, sino peligrosa y maligna. ¿Por qué insistir en el mal que ocasiona una persona que anda en chismes? Todos sabemos que es incalculable: siembra 'rencillas entre parientes y vecinos, es como un revendedor que toma el chisme de una casa y lo lleva a la otra. La persona que anda en chismes es peligrosa para el mundo y para la iglesia.
Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; mas la lengua de los sabios es medicina. Proverbios 12:18
Dios estableció una legislación para detener esta peligrosa actividad entre su pueblo: «No andarás chismeando entre tu pueblo» (Lev. 19: 16). «Es decir, propagar rumores dañinos, ya sea porque no son ciertos, o porque perjudican a la persona implicada. Los rabinos enseñaban que eran tres los pecados que quitarían al hombre de este mundo y lo privarían del mundo futuro: idolatría, incesto y homicidio, pero que la calumnia era peor que estos, pues mataba a tres personas a la vez: al calumniador, al calumniado y al oyente. Es más efectiva que una espada de doble filo» (Comentario bíblico adventista, t.l,p. 804).
Chismorrear es cosa seria. Y no creas que solo es chismoso el que dice una mentira; también lo es quien transmite con ánimo calumnioso un caso verdadero. Y también es mentiroso y calumniador quien le hace caso y le presta oídos generosos.
El chisme implica complicidad secreta. El chismoso solo se siente cómodo cuando puede actuar encubierto. El sabio Salomón advierte al cristiano que no debe entremeterse «con el suelto de lengua», otra designación de infamia. Sobre este asunto del chisme es muy interesante lo que escribió E. Cabannau, bajo el título "Mi nombre es... ¡chisme!": «No tengo respeto por la justicia. Mutilo, pero sin matar. Rompo corazones y arruino vidas. Soy astuto y malicioso, y gano fortaleza con la edad. Mientras más se me cita, más se me cree. Florezco en todos los ámbitos de la sociedad. Mis víctimas están indefensas. No pueden protegerse de mí, porque no tengo nombre ni cara. Seguirme es imposible, porque me oculto en la multitud y en la oscuridad. Una vez que mancho una reputación, nunca vuelve a ser como antes. Derribo gobiernos y destruyo matrimonios; arruino carreras y provoco noches de insomnio, dolores en el corazón y pena. Hago que las personas inocentes lloren en su almohada. Llego a los titulares de los diarios y provoco angustia». Sigamos hoy el consejo y la ley de Dios.
Septiembre 14: Cuando criticar no es pecado
Y dijeron: «¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová?¿No ha hablado también por nosotros?» Y lo oyó Jehová. Números 12:2
Y dijeron: «¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová?¿No ha hablado también por nosotros?» Y lo oyó Jehová. Números 12:2
María y Aarón criticaron a Moisés, «el hombre más manso de la tierra». El nombre de María está primero y el verbo hebreo está en género femenino y en singular, lo cual quiere decir que fue María la que inició la crítica. No fue ni la primera ni la última crítica que recibió el varón de Dios, pero fue la que recibió la desaprobación divina de inmediato. ¿Por qué? Porque el Señor quería que sirviera como advertencia para el pueblo de Dios. El texto sagrado dice: «¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés? Entonces la ira de Jehová se encendió contra ellos; y se fue» (Núm. 12: 8, 9).
María fue severamente castigada por Dios: quedó «leprosa como la nieve» (Núm. 12: 10). Dios dijo que el castigo que le daba era semejante al que recibía una hija cuando era reprendida severamente por su padre. Pero el castigo de María fue más grande: Dios «se fue» (12: 9) del campamento. María fue echada del campamento y «tan solo cuando quedó desterrada del campamento volvió el simbólo del favor de Dios a posarse sobre el tabernáculo» {Patriarcas y profetas, pp. 404,405). Todo el pueblo de Israel se detuvo siete días en el mismo lugar para esperarla. Todos supieron la causa de su castigo. «Entonces, humillado hasta el polvo el orgullo de ambos, Aarón confesó el pecado que habían cometido» (ibíd., p. 404).
Comentando dicho incidente, Elena G. de White advierte: «El que impuso a ciertos hombres la pesada carga de ser dirigentes y maestros de su pueblo, hará a este responsable de la manera en que trate a sus siervos. Hemos de honrar a quienes Dios honró, el castigo que cayó sobre María debe servir de reprensión para todos los que, cediendo a los celos, murmuren contra aquellos sobre quienes Dios impuso la pesada carga de su obra» (ibíd.,p. 406).
Si crees que tu dirigente ha cometido un error, díselo. Hazlo con oración, con humildad y constructivamente; cara a cara, nunca a sus espaldas. Dilo a la persona afectada, en privado, no en público. No lo compares con otras personas. No juzgues sus intenciones. Critica los hechos reales. Si no lo comprendes todo bien, no critiques. Procura ponerte en los zapatos de la persona criticada. Si eres tú el criticado, sigue el ejemplo de Moisés. Si tienen razón, escúchalos. Si no, deja que Dios te defienda, a su tiempo y a su modo. Él hace mejor las cosas.
REFLEXIONES PARA VIVIR --
Un pacto antichismeEl que anda en chismes descubre el secreto; más el de espíritu fiel lo guarda todo . Proverbios 11:13
Uno de los sujetos más peligrosos para los individuos y para la comunidad es el que anda en chismes y divulga todos los secretos que se le confían, y los rumores que escucha. No hay peste tan dañina como la de esta clase de personas. Promueven discordias y ocasionan odios entre vecinos y parientes, y son causa de los peores males. El mal que esta clase de personas puede hacer es incalculable. Encienden rencillas entre parientes y vecinos, y siembran indisposición entre hermanos en la fe, esposos, compañeros de trabajo, pastores, parientes y amigos. Según investigaciones realizadas, el chisme parece ser más poderoso que los hechos comprobados. Afecta la opinión que se tiene sobre el acusado e influye en el comportamiento social hacia la persona objeto del rumor. Se ha comprobado que se despierta un espíritu de hostilidad hacia las personas de las que escuchamos cosas negativas, y es fácil que se pierda todo sentimiento de generosidad hacia ellas.
En 1752 un grupo de metodistas, que incluía a John Wesley, firmó un acuerdo que todos colgarían sobre la pared de sus despachos y escritorios. Ese acuerdo, formulado en seis artículos, comprometía a sus signatarios a lo siguiente:
No escucharemos ni preguntaremos nada a propósito de cosas malas que conciernan a otros.
Si oímos algo malo de otra persona, no estaremos dispuestos a creerlo.
Tan pronto como sea posible, comunicaremos lo que oímos, por escrito o de forma verbal, a la persona en cuestión.
Hasta tanto lo hayamos hecho, no recibiremos ni diremos una sola sílaba de esto a nadie más.
Tampoco lo mencionaremos a ninguna otra persona después de comunicarlo a la persona afectada.
No haremos excepción a ninguna de estas reglas.
Con la ayuda de Dios, procuremos decir y escuchar solamente cosas buenas y positivas de los demás. Hagamos un pacto antichismes en nuestra iglesia. En todo caso, dado que no podemos hacer nada si los demás no están dispuestos a firmarlo, firmemos nosotros el voto antichismes de John Wesley, porque eso es lo que debe hacer toda persona cristiana.
REFLEXIONES PARA VIVIR --
Septiembre 12 : Enfermedades infecciosas de la bocaPero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.
Santiago 3:8
Santiago dice que, pese a ser un miembro muy pequeño, la lengua, es un mundo de maldad que puede contaminar todo el cuerpo e inflamar la creación entera. Es mucho el mal que una lengua enferma puede ocasionar. Por eso es importante vacunarse contra las enfermedades infecciosas de la boca. ¿Cuáles son las enfermedades de la lengua?
1. Hablar demasiado.— El sabio Salomón dice: «En las muchas palabras no falta pecado» (Prov. 10: 19). Según la Palabra de Dios, no hay alternativa: si hablas demasiado, cometerás errores. Nunca olvides que un ángel registra toda palabra que pronunciamos, y algún día tendremos que hacer frente a los meticulosos registros que consignan cuanto hemos dicho. Los que hablan demasiado dicen cosas que no deberían decir. Quizá por eso Dios le puso doble candado a la lengua: uno de hueso (los dientes) y otro de carne (los labios).
2. Hablar palabras descuidadas.— Jesús dijo: «Mas yo os digo, que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio» (Mat. 12: 36). No siempre son malas palabras, ni tampoco mentiras o calumnias. Son, sencillamente, palabras ociosas, innecesarias, que sería mejor no pronunciar. Hay un mal que no es fácil comprender en el uso de la lengua. Quizá era lo que nuestro Señor quería explicar cuando dijo: «Sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede» (Mat. 5: 37). Esta advertencia debería bastar para que los cristianos fuéramos más prudentes en el excesivo uso de la lengua. ¡Cuántas palabras decimos que no cumplen el requisito básico de toda palabra: que sea verdad, que sea edificante para los demás y que sea necesaria!
3. Los chismes.— «No andarás chismeando entre tu pueblo» (Lev. 19:16), dice la Palabra deDios. La calumnia, la falsedad y una larga lista de formas menos evidentes de decir lo que no es cierto quedan calificadas como chismes. Propagar tales cosas es hacer la obra de Satanás.
4. La mentira.— La Palabra de Dios dice: «Los labios mentirosos son abominación a Jehová» (Prov. 12: 22), pero decir la verdad es deleitar al Señor.
¿Deleitan tus palabras a Dios? Pídele hoy al Señor que te libre de la enfermedad contagiosa de la lengua. Porque solamente habitará en el monte de Dios «el que habla verdad en su corazón, y no calumnia con su lengua» (Sal 15:2,3).
REFLEXIONES PARA VIVIR --

En la soledad fracasarás
Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida. 2 Timoteo 4:8
Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida. 2 Timoteo 4:8
Luchar por la fe y fijar la vista en el futuro ayudaron al apóstol Pablo a terminar bien la carrera de la vida cristiana. Pablo añade, además, un elemento adicional: «y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida». Él reconocía la importancia de la fraternidad cristiana, la importancia de ser un verdadero amigo de todos los que esperan la venida del Señor. «La corona», dice Pablo, «no solo me será dada a mí, sino también a todos los que esperan su regreso». Inmediatamente después de sus palabras registradas en el versículo 8, comienza a pensar en todos sus compañeros: Le dice a Timoteo: «Procura venir pronto a verme, porque Demás me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica. Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia. Solo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio» (2 Tim. 4: 9-11).
El verbo traducido "venir", que Pablo usa en ese pasaje, presenta el matiz de una venida rápida. Es un cuadro de un hombre viejo que se siente solitario en la cárcel, ansioso del compañerismo de sus amigos. Cuando consideramos la vida del apóstol, notamos que siempre hubo un séquito de amigos y colaboradores alrededor de él, con los que mantuvo una profunda amistad y una mutua responsabilidad. Dios nos ha creado de tal manera que le sirvamos de forma concertada y coordinada unos con otros. Nos necesitamos mutuamente. Somos demasiado débiles para ir solos.
Curiosamente, hay muchos que se sienten bien como cristianos solitarios. Desean servir al Señor solos, sin nadie más a su alrededor. No desean a nadie en su vida, porque han sido lastimados, o heridos. La iglesia está llena de miembros, incluso dirigentes, con imperfecciones. No puede ser de otra manera mientras caminemos hacia la Canaán celestial. Por eso, algunas veces las personas manifiestas debilidad e inmadurez. ¿Por qué habríamos de alarmarnos excesivamente por esa realidad inevitable? Tristemente, a veces algunos viven un estilo de vida que traiciona su profesión de fe.
No obstante, a pesar de las ofensas, maltratos, irritaciones y otros daños recibidos, no abandones la comunión fraternal. No termines tu carrera en la soledad, porque saldrás perdiendo. Necesitamos ser abiertos y honestos unos con otros. Necesitamos compañeros! en la fe para alcanzar la victoria al final de la batalla.
REFLEXIONES PARA VIVIR --

Él nos llama a la humildad
Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo. Filipenses 2:3
Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo. Filipenses 2:3
En realidad, es una de las cosas más difíciles de hacer. El orgullo y el egoísmo constituyen la raíz del pecado y la falta más común. Todos los humanos los compartimos. Es decir, no todos somos ladrones, no todos mentimos, pero todos tenemos un problema con el orgullo, la vanagloria o el egoísmo. Por ejemplo, ¿en qué consiste la vanagloria, ese viejo vicio de la humanidad? Es orgullo vacío, estima propia infundada, engreimiento. En otras palabras, "gloria vana". Nosotros, como seres humanos, no tenemos nada de qué gloriarnos. Cualquier rastro de orgullo que manche nuestras acciones siempre será "gloria vana". Por eso, haríamos bien en seguir este consejo: «No debemos trazar planes ni ir en pos de meta alguna, si somos impulsados por motivos o un deseo de superar a otros. Si estos motivos están presentes, nada puede agradar a Dios, aunque su fin sea bueno en sí mismo» {Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 159).
Por desgracia, este es un mal que pinta de colores todo lo que hacemos. No hay cosa más atrayente para el corazón humano que triunfar, tener éxito, sobresalir. El problema es que mucho de eso está matizado con las comparaciones y con el espíritu de supremacía.
¿Existe alguien que, por naturaleza, considere a todos los demás como superiores a sí mismo? Difícilmente, porque por naturaleza todos buscamos la supremacía. Si es que existe alguien que siente y piensa así, es porque la gracia de Dios ya hizo su obra completa y ya ha cultivado la gracia divina de la humildad, que es lo contrario del orgullo.
Creo que es la característica divina más destacada después del amor y la justicia. «El universo entero se maravilló al ver que Cristo debía humillarse a sí mismo para salvar al hombre caído. El hecho de que aquel que había pasado de una estrella a otra, de un mundo a otro, satisfaciendo, mediante su providencia, las necesidades de todo orden de seres de su enorme creación, consintiese en dejar su gloria para tomar sobre sí la naturaleza humana, era un misterio que todas las inmaculadas inteligencias de los otros mundos deseaban entender» (Patriarcas y profetas, p. 56).
Dios nos llama hoy a seguir el ejemplo de Cristo. El llamado más grande que Dios nos hace es el de la humildad para que podamos ser receptivos a las grandes cosas que él quiere lograr en nuestra vida.
REFLEXIONES PARA VIVIR --
Septiembre 9 : Deshazte ya de la niñezCuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.
1 Corintios 13:11
Hay momentos en que quisiéramos que los niños se comportaran con madurez. Pero los niños son niños, hacen travesuras, hablan, piensan, razonan, y se comportan como niños. Es lo normal para ellos. Hay casos de niños maduros que nos sorprenden y nos impresionan gratamente, como Kevin, el niño predicador. Pero eso es un milagro, algo que no ocurre todos los días. Los niños hablan como niños, siempre. Lo grave sería que un adulto se comportara como un niño. Eso sería anormal después de salir de la niñez.
Lo mismo ocurre en la vida espiritual. El cristiano recién convertido es un niño en Cristo. Pero debe crecer para dejar pronto de ser niño en la fe. Por desgracia, encontramos personas que hace muchos años que son cristianas, pero que siguen comportándose como niños en la fe.
Por causa de su inexperiencia y falta de madurez, los niños son egoístas por naturaleza. En general, creen que el mundo entero gira alrededor de ellos. Solo piensan en sí mismos y buscan gratificación inmediata. Quieren ser amados (y lo son) por los demás, pero el amor que sienten ellos es inmaduro.
Por causa de su inexperiencia y falta de madurez, los niños son egoístas por naturaleza. En general, creen que el mundo entero gira alrededor de ellos. Solo piensan en sí mismos y buscan gratificación inmediata. Quieren ser amados (y lo son) por los demás, pero el amor que sienten ellos es inmaduro.
Lamentablemente, ocurre igual con muchos de nosotros, que hemos sido cristianos durante años. Debemos alcanzar la madurez en Cristo. Como dijo Pablo: «Habíamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez» (1 Cor. 2: 6). Los cristianos debemos ser, personas maduras, personas que hayamos aprendido que siempre debemos amar más de lo que somos amados. Se necesita madurez y altruismo divino en especial para poder amar a nuestros enemigos. Una persona egoísta, como un niño que solo busca lo suyo y llora porque no puede obtener lo que desea, no puede ser cristiana. En esa condición están los que quieren ser alentados y animados pero no quieren alentar y animar a los demás.
Todos los cristianos con experiencia han abandonado la satisfacción del yo (algo muy querido por las personas inmaduras) y buscan la gloria de Dios, el bienestar de los demás y la unidad de la iglesia. Dios quiere que alcances la madurez cristiana. Haz tu decisión hoy de cambiar tus palabras inmaduras por palabras maduras, cambiar el egoísmo por el amor desinteresado, cambiar la ingenuidad por el discernimiento bajo la guía del Espíritu Santo. ¡Cuánta falta hacen en la iglesia personas sabias, prudentes, humildes, maduras para que lleven a la iglesia al cumplimiento de su misión! Deshazte de la niñez ahora.
REFLEXIONES PARA VIVIR --

¡Que muera el ego y que viva la unidad!
!¡Mirad cuan bueno y cuan delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía"
Salmo 133:1
!¡Mirad cuan bueno y cuan delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía"
Salmo 133:1
Todos tenemos nuestras propias opiniones. De hecho, todos creemos tener razón. Mi deporte predilecto es el fútbol, y una de mis debilidades es que cuando sucede algo en el partido y empieza la discusión, siempre creo llevar la razón. Sé que la mayoría de las veces me equivoco, pero la cuestión es que todos queremos tener la razón. Cuando sostenemos un punto de vista, queremos que los demás estén de acuerdo con nuestra opinión, porque si no lo están sentimos que lo que entra en juego es nuestro orgullo personal. Así es que siempre vamos a procurar manipular a la otra persona para hacer que esté de acuerdo con nosotros. Sin embargo, el hecho de querer que las personas que nos rodean coincidan siempre con nosotros es algo que no agrada a Dios.
Por eso la unidad del Espíritu es uno de los logros más grandes. La unidad del Espíritu no es natural; es sobrenatural. Por eso no puede ser explicada naturalmente ¿A qué me refiero con esto? Cuando nos encontramos con una persona muy ambiciosa para lograr el éxito, sentimos celos y experimentamos sentimientos negativos en contra de ella por el hecho de que nosotros queremos ser más exitosos que todos los demás. Pero la unidad del Espíritu es algo magnífico, porque implica que somos dominados por un poder más fuerte que el yo. Cuando estamos dominados por el Espíritu hacemos a un lado lo que una vez fue natural, y, cuando queramos imponer nuestra opinión, escucharemos con calma la opinión de los demás, y, si hay que estar de acuerdo con ellos, lo aceptaremos. Esto implica que si Dios les entrega el éxito antes que a nosotros, nos gozaremos con la otra persona y alabaremos a Dios por lo que hasta el momento hemos alcanzado.
Estar dispuestos a deshacernos de nuestro propio orgullo y respetar la opinión de los demás es la base de la unidad. Hay tres razones por las cuales la unidad es indispensable para cada uno de los hijos de Dios.
Siempre hay bendición donde hay unidad (Sal. 133: 3). La unidad es una de las armas más emidas por Satanás. El vendrá como ángel de luz para tratar de causar división entre nosotros, y entre nosotros y Dios.
Cuando estamos en la unidad del Espíritu, ios intentos del enemigo son inútiles.
La unidad en el Espíritu no es un asunto opcional en los hijos de Dios. Dios quiere que cada uno de sus hijos posea un espíritu de humildad y aceptación de los demás. Estar unidos con Dios a través del Espíritu Santo nos transforma y nos ayuda a convivir y a aceptar a los demás aun cuando están equivocados. Todos somos un cuerpo.
REFLEXIONES PARA VIVIR --

¿Es pecado dudar?
Cuando, pues, los hombres vinieron a él, dijeron: «Juan el Bautista nos ha enviado a ti, para preguntarte: "¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?"
Lucas 7:20
Cuando, pues, los hombres vinieron a él, dijeron: «Juan el Bautista nos ha enviado a ti, para preguntarte: "¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?"
Lucas 7:20
Cómo es posible que un hombre de la estatura espiritual de Juan el Bautista haya dudado? Si escuchó la voz de Dios confirmando que Jesús era su Hijo amado, ¿por qué tiempo después dudó de que lo fuera?
No hay excusa ni justificación para la duda de Juan el Bautista, pero sí hay una explicación: Seguramente el aislamiento y la soledad de la oscura celda abrumaron su mente y agotaron su resistencia espiritual. Además, no comprendía totalmente la misión del Salvador; por eso no comprendía su actitud. Muchas preguntas sin respuesta abrumaban su alma: ¿Por qué Jesús no se da a conocer como el Mesías? ¿Por qué no busca el apoyo de los dirigentes de la nación? ¿Por qué no ha venido a visitarme ni antes ni ahora que estoy prisionero? ¿Y si no es el Hijo de Dios? ¿Y si no es el Mesías? ¿Y si no salgo de la prisión?
Afligido y abrumado por estas preguntas sin respuesta, envió una comisión a entrevistarse con el Salvador. La pregunta que debían pedirle que contestara era muy significativa: «¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?»
La duda no es pecado, pero los cristianos no deben permitir que la duda anide en su mente, porque, aunque no sea pecado, la duda conduce al pecado. ¿Qué hace que un cristiano dude? El pecado y la culpa pueden llevarlo a pensar que Dios no está de su lado. También la influencia negativa de otras personas puede inducirlo a dudar. Los fracasos pasados y las expectativas equivocadas para el futuro conducen a la duda. Pero la razón principal por la cual muchos cristianos dudan es porque no tienen un conocimiento experimental de Dios en su Palabra.
Para vencer la duda y ser fuerte y valiente, el cristiano debe llevar grabadas en lo más profundo de su corazón y de su mente las verdades eternas de la Palabra de Dios. Eso significa mucho más que una lectura casual de la Biblia. Significa leerla, estudiarla, escudriñarla y reflexionar en su significado. Es preguntarle al Señor: «Padre, ¿qué me dices personalmente en este pasaje? Muéstrame cómo aplicar estas verdades a mi vida». No hay nada mejor para fortalecer la fe que conocer la Palabra de Dios. Ruega al Señor en oración que te ayude a vencer cualquier sombra de duda que se haya levantado en tu mente. Cree que Dios dirige tu vida y que dirige a su iglesia. Cree que al final todo saldrá bien.
REFLEXIONES PARA VIVIR --

Septiembre 6 : Piensa para responder
La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor.
Proverbios 15:1
La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor.
Proverbios 15:1
Hay momentos en que quisiéramos que los niños se comportaran con madurez. Pero los niños son niños, hacen travesuras, hablan, piensan, razonan, y se comportan como niños. Es lo normal para ellos. Hay casos de niños maduros que nos sorprenden y nos impresionan gratamente, como Kevin, el niño predicador. Pero eso es un milagro, algo que no ocurre todos los días. Los niños hablan como niños, siempre. Lo grave sería que un adulto se comportara como un niño. Eso sería anormal después de salir de la niñez.
Lo mismo ocurre en la vida espiritual. El cristiano recién convertido es un niño en Cristo. Pero debe crecer para dejar pronto de ser niño en la fe. Por desgracia, encontramos personas que hace muchos años que son cristianas, pero que siguen comportandose como niños en la fe.
Por causa de su inexperiencia y falta de madurez, los niños son egoístas por naturaleza. En general, creen que el mundo entero gira alrededor de ellos. Solo piensan en sí mismos y buscan gratificación inmediata. Quieren ser amados (y lo son) por los demás, pero el amor que sienten ellos es inmaduro.
Lamentablemente, ocurre igual con muchos de nosotros, que hemos sido cristianos durante años. Debemos alcanzar la madurez en Cristo. Como dijo Pablo: «Hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez» (1 Cor. 2: 6). Los cristianos debemos ser, personas maduras, personas que hayamos aprendido que siempre debemos amar más de lo que somos amados. Se necesita madurez y altruismo divino en especial para poder amar a nuestros enemigos. Una persona egoísta, como un niño que solo busca lo suyo y llora porque no puede obtener lo que desea, no puede ser cristiana. En esa condición están los que quieren ser alentados y animados pero no quieren alentar y animar a los demás.
Todos los cristianos con experiencia han abandonado la satisfacción del yo (algo muy querido por las personas inmaduras) y buscan la gloria de Dios, el bienestar de los demás y la unidad de la iglesia. Dios quiere que alcances la madurez cristiana. Haz tu decisión hoy de cambiar tus palabras inmaduras por palabras maduras, cambiar el egoísmo por el amor desinteresado, cambiar la ingenuidad por el discernimiento bajo la guía del Espíritu Santo. ¡Cuanta falta hacen en la iglesia personas sabias, prudentes, humildes, maduras para que lleven a la iglesia al cumplimiento de su misión! Deshazte de la niñez ahora.
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Septiembre 5 : Tan solo un hombre
Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina; porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de Jehová para quemar incienso en el altar del incienso.
Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina; porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de Jehová para quemar incienso en el altar del incienso.
2 Crónicas 26:16
Un joven sagaz, fuerte, valiente, comprometido, prometedor; así era conocido Uzías a la edad de dieciséis años. Todavía era muy joven, pero ya había heredado el trono de Amasias su padre.
La Escritura dice que Uzías hizo lo que era justo y bueno delante de los ojos de Dios y fue altamente bendecido. Hizo huir a los filisteos, reconstruyó las torres de Jerusaién y entrenó a más de trescientos mil hombres, que estaban listos para luchar con destreza e inteligencia en cualquier batalla.
La Escritura dice que Uzías hizo lo que era justo y bueno delante de los ojos de Dios y fue altamente bendecido. Hizo huir a los filisteos, reconstruyó las torres de Jerusaién y entrenó a más de trescientos mil hombres, que estaban listos para luchar con destreza e inteligencia en cualquier batalla.
Pero esta historia de éxito dio un drástico giro. Cuando Uzías llegó a ser fuerte y poderoso, también se llenó de orgullo. Esto es lo que tristemente sucede en la vida del ser humano. En la mayoría de los casos, el orgullo viene persiguiendo al éxito y, como seres humanos, terminamos siendo recordados más por el orgullo desarrollado que por el éxito alcanzado.
Lo anterior no indica que el éxito sea peligroso y que no debamos buscarlo. Lo que quiero decir es que debemos ser cuidadosos cuando hemos tenido la bendición de alcanzar el éxito en cualquier empresa. De hecho, Dios quiere que sus hijos fieles sean triunfadores. Es más, dio la fórmula para alcanzar el éxito en «todas las empresas» (Jos. 1: 5-9). Además, el «varón que no anduvo en consejo de malos ni en silla de escarnecedores se ha sentado» (Sal. 1:1) tiene como resultado natural la bendición de que «todo lo que hace prosperará» (Sal. 1: 3).
Los grandes triunfadores de Dios son José y Daniel. El éxito es herencia natural de aquellos que son «benditos de Jehová». El problema es que existe un grave defecto humano: el deseo escondido de exaltarse a uno mismo. El orgullo es una infección que está latente en todo corazón humano, incluso en el corazón de los cristianos. Lamentablemente, con cualquier problema que baje las defensas espirituales se desarrolla la infección. El resultado es un corazón necio lleno de orgullo.
Es lo que le pasó al rey Uzías, que se enalteció para su ruina. Y lo mismo puede ocurrimos a nosotros, si no tenemos cuidado. ¿Recuerdas cómo, en la ceremonia del triunfo en la antigua Roma, al general victorioso se le susurraba al oído, entre las aclamaciones, «Recuerda que no eres más que un hombre»? Nunca olvides esta verdad. Todo el éxito pertenece a Dios. Tú y yo no somos más que seres humanos.
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Septiembre 4: Comunícate con la torre de control
Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Isaías 26:3
¡Qué maravilloso mensaje nos envía el Señor hoy a través del profeta Isaías! Es una medicina para todos los que, al levantarse por la mañana, se estresan al pensar en todas las tareas y responsabilidades que les esperan durante el día. 'El Señor les dice: «En la serenidad y la confianza está tu fuerza». Siempre que recuerdes la presencia de Dios y su disposición a ayudarte, te sorprenderás de la rapidez con que tus cargas se tornan livianas, tus pesares se disipan, tus tinieblas se despejan, tu ansiedad se convierte en tranquilidad, y desaparecen tu fatiga y tu tensión.
La ansiedad, la impaciencia y la frustración que producen las presiones de la vida diaria son el fruto del olvido de Dios. Cuando, en nuestras angustias, preguntamos: «¿Dónde estás, Dios mío?», la respuesta no es que nuestro Padre celestial nos haya abandonado, sino que lo hemos perdido de vista. Solamente el recuerdo constante de su promesa, «He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo», nos librará de todas esas cargas y de esos sentimientos negativos. Todo lo que necesitamos es cultivar la creencia firme de que Dios está siempre con nosotros.
El doctor Frank Laubach aprendió a ser consciente de la presencia de Dios disciplinando sus pensamientos para pensar en él una vez por minuto. Llamó a esta disciplina el "juego de los minutos". Jakob Bohme, un religioso de finales del siglo XVI y comienzo del XVII, también se refirió a una práctica que involucraba una conciencia casi continua de la presencia de Dios: «Si te arrojas una vez cada hora a la misericordia de Dios, recibirás poder para gobernar sobre la muerte y el pecado».
En un libro sobre la disciplina espiritual leí acerca de la importancia de practicar el concepto de la presencia de Dios. Uno de los consejos para lograrlo, decía: «Siempre que conduzca su coche y se encuentre con la luz roja del semáforo, en lugar de disgustarse, véalo como una oportunidad para elevar una oración».
El piloto del avión se mantiene en comunicación constante con la torre de control. Así mantiene fielmente su ruta, sin desviarse en ningún sentido. A través de esta comunicación con el controlador del tráfico aéreo, recibe instrucciones e informa de su posición. Sabe que si la torre pierde contacto con él, se encenderá la alarma y que él y sus pasajeros estarían en peligro.
¿No te parece maravilloso comunicarte constantemente con la torre de control celestial? Es tan sencillo como elevar una oración o repetir un versículo de memoria.
La ansiedad, la impaciencia y la frustración que producen las presiones de la vida diaria son el fruto del olvido de Dios. Cuando, en nuestras angustias, preguntamos: «¿Dónde estás, Dios mío?», la respuesta no es que nuestro Padre celestial nos haya abandonado, sino que lo hemos perdido de vista. Solamente el recuerdo constante de su promesa, «He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo», nos librará de todas esas cargas y de esos sentimientos negativos. Todo lo que necesitamos es cultivar la creencia firme de que Dios está siempre con nosotros.
El doctor Frank Laubach aprendió a ser consciente de la presencia de Dios disciplinando sus pensamientos para pensar en él una vez por minuto. Llamó a esta disciplina el "juego de los minutos". Jakob Bohme, un religioso de finales del siglo XVI y comienzo del XVII, también se refirió a una práctica que involucraba una conciencia casi continua de la presencia de Dios: «Si te arrojas una vez cada hora a la misericordia de Dios, recibirás poder para gobernar sobre la muerte y el pecado».
En un libro sobre la disciplina espiritual leí acerca de la importancia de practicar el concepto de la presencia de Dios. Uno de los consejos para lograrlo, decía: «Siempre que conduzca su coche y se encuentre con la luz roja del semáforo, en lugar de disgustarse, véalo como una oportunidad para elevar una oración».
El piloto del avión se mantiene en comunicación constante con la torre de control. Así mantiene fielmente su ruta, sin desviarse en ningún sentido. A través de esta comunicación con el controlador del tráfico aéreo, recibe instrucciones e informa de su posición. Sabe que si la torre pierde contacto con él, se encenderá la alarma y que él y sus pasajeros estarían en peligro.
¿No te parece maravilloso comunicarte constantemente con la torre de control celestial? Es tan sencillo como elevar una oración o repetir un versículo de memoria.
REFLEXIONES PARA VIVIR --

Septiembre 3 ¿Donde vive Dios?
Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de jehová llenó el tabernáculo.
Éxodo 40:34
Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de jehová llenó el tabernáculo.
Éxodo 40:34
¿Donde vive Dios?» Esta pregunta, que hacen con frecuencia los niños, ha sido de mucho interés a través de la historia de la humanidad. Durante mucho tiempo el pueblo de Israel tuvo la oportunidad de ver las manifestaciones del poder de Dios. Las veía a través de acontecimientos milagrosos que les daban la seguridad de que Dios estaba en medio de ellos. Aunque no sabían dónde vive Dios, sabían que no había un lugar físico en la tierra donde Dios habitara.
La construcción del tabernáculo fue importantísima en la historia de Israel. El tabernáculo se convirtió en un centro de reunión entre Dios y su pueblo. Allí se podía observar una manifestación física de la gloria de Dios. Lo mismo ocurrió cuando terminó la dedicación del templo de Salomón en Jerusalén: «Y la gloria de Jehová llenó la casa. Y no podían entrar los sacerdotes en la casa de Jehová, porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová» (2 Crón. 7: 1,2).
Pero, ¿será que Dios realmente vivía en aquel tabernáculo? Cuando Jesús encontró a la samaritana cerca del pozo, ella le preguntó acerca del verdadero lugar de adoración, el lugar donde Dios habita. Los samaritanos adoraban en un templo cerca de una montana, lejos del templo donde adoraban los judíos en Jerusalén. Jesús le respondió: «Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren».
Jesús dijo con toda claridad que la verdadera adoración se encontraba en nosotros mismos, no en un edificio. El mismo apóstol Pablo les dijo a los atenienses que «el Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas» (Hech. 17: 24).
La presencia de Dios cubría el tabernáculo por muchas razones que no podemos comprender; pero una de ellas era porque los israelitas, duros de corazón para creer, necesitaban un símbolo visible de la presencia de Dios. El Nuevo Testamento dice cuál es el lugar donde Dios habita. Dios habita en la ekklesia, pero en el idioma original esto no se refiere a un edificio, sino a cada uno de los miembros de la iglesia. Dios, de acuerdo a su promesa, habita con y en los miembros de su iglesia.
Dios permita que al observar la forma de conducirnos en nuestra vida, nuestro prójimo llegue a la conclusión de que Dios, verdaderamente, habita en cada uno de nosotros.
La construcción del tabernáculo fue importantísima en la historia de Israel. El tabernáculo se convirtió en un centro de reunión entre Dios y su pueblo. Allí se podía observar una manifestación física de la gloria de Dios. Lo mismo ocurrió cuando terminó la dedicación del templo de Salomón en Jerusalén: «Y la gloria de Jehová llenó la casa. Y no podían entrar los sacerdotes en la casa de Jehová, porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová» (2 Crón. 7: 1,2).
Pero, ¿será que Dios realmente vivía en aquel tabernáculo? Cuando Jesús encontró a la samaritana cerca del pozo, ella le preguntó acerca del verdadero lugar de adoración, el lugar donde Dios habita. Los samaritanos adoraban en un templo cerca de una montana, lejos del templo donde adoraban los judíos en Jerusalén. Jesús le respondió: «Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren».
Jesús dijo con toda claridad que la verdadera adoración se encontraba en nosotros mismos, no en un edificio. El mismo apóstol Pablo les dijo a los atenienses que «el Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas» (Hech. 17: 24).
La presencia de Dios cubría el tabernáculo por muchas razones que no podemos comprender; pero una de ellas era porque los israelitas, duros de corazón para creer, necesitaban un símbolo visible de la presencia de Dios. El Nuevo Testamento dice cuál es el lugar donde Dios habita. Dios habita en la ekklesia, pero en el idioma original esto no se refiere a un edificio, sino a cada uno de los miembros de la iglesia. Dios, de acuerdo a su promesa, habita con y en los miembros de su iglesia.
Dios permita que al observar la forma de conducirnos en nuestra vida, nuestro prójimo llegue a la conclusión de que Dios, verdaderamente, habita en cada uno de nosotros.
REFLEXIONES PARA VIVIR --
El Dios que todo lo oyeEntonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero, y Jehová escucho y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová y para los que piensan en su nombre. Malaquías 3:16
Aunque leo diariamente la Biblia, nunca había leído cuidadosamente las palabras de nuestro texto de hoy. Tiene muchas connotaciones importantes para los cristianos. Malaquías presenta un mensaje de esperanza y consuelo para los que son fieles a Dios. El profeta alienta a los que se esforzaban por hacer lo correcto con el pensamiento de que Dios anota cuidadosamente y recuerda el servicio consagrado de los suyos.
Quisiera detenerme hoy en el concepto del Dios que todo lo oye. ¿Qué deberíamos pensar ante esta realidad? En primer lugar, cuando reconocemos que hay un Dios que escucha absolutamente todo lo que decimos, inmediatamente queda afectado todo lo que expresamos con nuestros labios. Desde la verdad más clara hasta las medias verdades y las inferencias maliciosas, ¿Has dicho algo negativo de tu prójimo? ¿Qué tal la reverencia hacia Dios? ¿Sostienes conversaciones de las que te abstendrías si Dios estuviera presente? ¿Y las reflexiones que llegas a expresar con palabras? Aunque no se oigan, también ellas son "conversaciones" y "palabras" que Dios escucha; somos responsables de ellas. ¿Son buenas? ¿Hay algún problema en que Dios las escuche? Quizá creas que ha llegado el momento de realizar cambios en tus conversaciones. Hazlos inmediatamente, porque estás al servicio del Dios que todo lo oye.
En segundo lugar, deberías procurar relacionarte con personas que sean temerosas de Dios. De otra manera, ¿cómo podrías andar en «santas y pías conversaciones» ? Recuerda que «las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres» (1 Cor. 15: 33). ¿Quiénes son tus amistades? Si buscas a alguien temeroso de Dios para que sea tu amigo, tu esposo, tu novio o tu novia, se evitarás muchos problemas.
En tercer lugar, ten cuidado, porque, al parecer, a veces nuestras palabras se convierten en oraciones sin saberlo. Además, nuestras palabras tienen efecto reflejo sobre nosotros, Encima, parece que las palabras del lenguaje humano se prestan más para expresar la mentira que la verdad. Sí hablamos mucho, va quedando un residuo de falsedad del cual no somos conscientes, pero del que somos responsables. ¡Cuánto cuidado deberíamos tener con nuestras palabras! Nuestro Señor dijo: «De toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio» (Mat. 12: 36).
Procura que todo lo que digas hoy sea digno de que Dios lo escuche.
Tomado del Libro de Meditaciones 2009 "Siempre gozosos , experimentando el amor de Dios" del Pastor Juan O. Perla, Más meditaciones en REFLEXIONES PARA VIVIR: http://www.johnsotilonline.blogspot.com/
REFLEXIONES PARA VIVIR --

El poder de la resurrección
Mas él herido fue por nuestras transgresiones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él y por su llaga fuimos curados. Isaías 53:5
Mas él herido fue por nuestras transgresiones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él y por su llaga fuimos curados. Isaías 53:5
Orley Ford fue un misionero adventista que trabajó durante muchos años en El Salvador. Como fruto de su ministerio, se organizaron decenas de iglesias, se construyeron muchos templos, se establecieron varias escuelas, y muchos jóvenes fueron enviados a la Universidad Adventista de Centroamérica para prepararse para el servicio de Dios.
Durante un viaje que hizo a su país natal, Estados Unidos, un examen médico rutinario descubrió que padecía un cáncer terminal. El médico le dio la aterradora noticia de que solamente le quedaban nueve meses de vida. Orley Ford regresó a su casa, listo y decidido a enfrentarse con la muerte. Las promesas divinas llegaron a ser sus armas de combate. Cada mañana continuaba la cuenta atrás hacia la muerte con un culto matutino y entonaba su himno favorito: "Paso a paso Dios me guía". La letra dice: «De mi afán fatigador, el descanso ha prometido, en su reino mi Señor, Paz divina y consuelo al conñar en él tendré, pues si algo sucediera Cristo lo sabrá muy bien».
Veinticuatro horas antes de morir dirigió sus últimas palabras a cinco mil hermanos reunidos en el día de la hermandad: «Yo sé que mi redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo, y después de deshecha esta mí piel, aun en mi carne he de ver a Dios» (Job 19: 25, 26}; y agregó: «Nos veremos en el cielo. Por favor, no me vayan a fallar».
La confianza de aquel siervo de Dios descansaba en la declaración bíblica de que la muerte es un enemigo vencido, de quien podemos burlarnos diciendo: «¿Dónde, está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?» ( 1 Cor. 15: 55).
Jesús hizo un milagro. Cambió la ley de la muerte. Nunca más experimentará su creación el temor, la angustia y el dolor asociados con la muerte sin fin. Su sacrificio estableció una elección antes imposible para todo ser humano: la vida o la muerte.
¿Por qué algunos eligen la muerte eterna? No hay respuesta, pero sí se suscita otra pregunta: ¿Cómo es posible que esa sea su elección a pesar de conocer el evento de la resurrección?
Cada vez que consideres la historia de la crucifixión y de la resurrección, dale gracias a Dios, porque allí se destruyo el dominio de la muerte, y ahora somos libres. La muerte ya no es el final de todas las cosas. Ora por aquellos que rechazan esta gran salvación.
Tomado del Libro de Meditaciones 2009 "Siempre gozosos , experimentando el amor de Dios" del Pastor Juan O. Perla, Más meditaciones en REFLEXIONES PARA VIVIR: http://www.johnsotilonline.blogspot.com/
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