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REFLEXIONES PARA VIVIR --
ArrepentimientoEntonces el faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: -Esta vez reconozco mi pecado. El Señor ha actuado con justicia, mientras que yo y mi pueblo hemos actuado mal. No voy a detenerlos más tiempo; voy a dejados ir. Pero rueguen por mí al Señor' (Éxodo 9: 27, 28).
LA CONTRICIÓN CONDUCE AL ARREPENTIMIENTO Este dolor y tristeza por haber pecado se hayan tan íntimamente unidos al arrepentimiento, que muchas veces se los considera como parte de el. Pero la palabra arrepentimiento en si, tanto en su origen hebreo como griego. denota un cambio de rumbo, de actitud, de pensamiento. En la mentalidad hebrea, es cambiar de dirección, en la griega es cambiar de mentalidad Ambas cosas están relacionadas, pero primero cambiamos de pensamiento, y luego decidimos ir por otro rumbo Lo importante es que cambiar de opinión afecta las decisiones de la vida.
La tristeza y el dolor por el pecado se relacionan estrechamente con el arrepentimiento, y así como hay dos clases de tristeza, hay dos clases de arrepentimiento el genuino y el falso La tristeza inducida por el Espírit de Dios lleva al arrepentimiento genuino, mientras que la inducida por Satanás conduce al falso arrepentimiento Ambos se parecen tanto, que solo Dios que conoce el corazón y los pensamientos puede saber cuál es cuál En otras ocasiones, resulta evidente cuál es el genuino y cuál el falso, siguiendo el principio mencionado por el Señor de que por sus frutos los conoceréis
Tal es el caso de faraón en conexión con el éxodo israelita En el relato bíblico, varias veces se presenta al faraón como una persona arrepentida Hasta le pidió a Moisés que orara por él y reconoció su pecado de obstinación. Pero después de pensarlo mejor, cambiaba de opinión. Demostraba con ello que su arrepentímiento no era sincero. Sí, parecía que era una persona arrepentida, pero sus acciones posteriores revelaban lo contrario, porque el genuino arrepentimiento implica no solo cambio de parecer, sino también de conducta. Lo mismo sucedió con Balaam y con Judas. Parecían arrepentidos, pero no lo estaban. Satanás es el maestro de la falsificación lleva a las personas a creer que están arrepentidos, pero es un arrepentimiento falso de principio a fin .
Tomado del Libro de Meditaciones 2010 "El Manto de su Justicia " de Eloy Wade.
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La contriciónLa tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva a la salvacion, de la cual no hay que arrepentirse, mientras que la tristeza del mundo produce la muerte (2 Corintios 7: 10).
EL SIGUIENTE PASO EN LA DINÁMICA de la salvación es lo que los teólogos llaman contrición. Esta se define como el dolor profundo que una persona siente por haber ofendido a Dios Cuando la fe nos confronta con la persona de un Dios amoroso que quiere ayudamos a resolver el mal en nosotros, nos sentimos tristes y apenados Este sentimiento también es producido por el Espiritu de Dios Es parte del proceso divino para llevamos a la sanidad espiniual y mental.
La Biblia nos dice que hay dos clases de tristeza. La tristeza según Dios nos lleva a la salvación Hace que nuestro corazón se duela por haber ofendido a un Dios que nos ama y quiere nuestro bien. Asi como nos sentimos mal cuando ofendemos a alguien a quien amamos, asi nos duele saber que hemos ofendido a Dios que nos ama tanto.
Pero la tristeza según el mundo la provoca Satanás Es el mismo sentimiento que el anterior, pero de signo contrarioo, no se enfoca en Dios Se concentra en las consecuencias del mal, con el objeto de traer angustia y desesperación al corazón humano. Hace que las personas desarrollen terror a las consecuencias de su pecado Dice el apóstol que esta tristeza lleva a la muerte. En efecto, cuando este sentimiento de dolor se descontrola. puede llevar a las personas a la pérdida de la razón y al suicidio. Frecuentemente oímos de personas que se cortan las venas, se suben a puentes o edificios altos, y se lanzan al vacio, toman dosis elevadas de ciertos medicamentos o dirigen su automóvil a un barranco para poner fin a la angustia mental en la que viven Muchas de esas situaciones son provocadas por un profundo complejo de culpa que Satanás manipula para el perjuicio de las personas Sin embargo, el Espiritu Santo nos lleva a Cristo, que nos da alivio y descanso.
Tomado del Libro de Meditaciones 2010 "El Manto de su Justicia " de Eloy Wade.
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La convicción de pecado
Y cuando él venga, convencerá al mundo de su error en cuanto al pecado, a la justicia y al juicio (Juan 16: 8).
Y cuando él venga, convencerá al mundo de su error en cuanto al pecado, a la justicia y al juicio (Juan 16: 8).
CUANDO DIOS, POR UN ACTO DE MISERICORDIA y amor, perdona al pecador, soluciona el pecado en el ser humano, que es un obstáculo para que Dios se reconcilie con él. La justicia y la santidad divinas condenan el pecado. Decíamos que esto es lo que la Biblia llama la ira de Dios. Pero una vez que Dios perdona al hombre, este no está más bajo la condenación divina. Por eso, si somos perdonados, no somos condenados. Si somos justificados, somos absueltos de nuestra culpa. La condenación es contraria a la justificación.
El apóstol Pablo lo pone de una manera interesante: «Por tanto, así como una sola transgresión causó la condenación de todos, también un solo acto de justicia produjo la justificación que da vida a todos. Porque así como por la desobediencia de uno solo muchos fueron constituidos pecadores, también por la obediencia de uno solo muchos serán constituidos justos» (Rom. 5: 18, 19). Este es el contraste entre la condenación y la justificación. Si no hay condenación, entonces hay justificación.
Una vez que hemos sido justificados por Dios, estamos en paz. Esto significa que Dios ya no nos condena. Esta paz de la que Pablo habla no es primariamente una paz interior, sino la paz que tiene que ver con una relación restaurada. A causa de que Dios ya no nos condena, ni es nuestro enemigo, entonces estamos en paz con él. Ya no estamos bajo condenación, porque hemos sido justificados. Así como el perdón nos lleva a la justificación, del mismo modo la justificación nos conduce a la paz con Dios.
Esta paz se obtuvo por lo que Cristo hizo por nosotros. Dice el apóstol que «él es nuestra paz» (Efe. 2:14). Esta paz que Dios nos da es imposible que no se convierta también en una paz interna, porque tener paz con Dios nos debe traer también paz interior. Del mismo modo, si estamos en paz con él y en paz con nosotros mismos, es muy difícil que no estemos en paz con lo demás.
Tomado del Libro de Meditaciones 2010 "El Manto de su Justicia " de Eloy Wade.
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EL SEGUNDO PASO EN LA DINÁMICA de la salvación, es tener fe en Dios Como dijimos anteriormente. todos los seres humanos tenemos la capacidad de tener fe (Rom 12 1). Nacemos con el don natural de ser capaces de depositar nuestra confianza en algo o en alguien Dijimos que el reconocimiento de que somos pecadores se basa en la premisa de que creemos en la existencia de un Dios que es justo y que demanda justicia de nosotros Tenemos, entonces, la opción de depositar nuestra confianza en un Dios No somos dejados a la deriva El Espíritu Santo, que nos dio la convicción de pecado, ahora nos guia a poner nuestra confianza en Dios Si nos quedáramos solo con la convicción de pecado, entonces corremos un gran riesgo El enemigo de Dios puede usar esa situación interna nuestra, y exagerarla con la idea de que no hay nada que podamos hacer, a fin de llevarnos a la desesperación y a la ruina.
Cuando aceptamos la guia divina, esta dirige nuestra confianza hacia Dios, quien si puede ayudarnos Asi. la fe se fortalece, de modo que aprendemos a tener más y mas confianza en Dios, quien tiene la solución para nuestra situación pecaminosa De ese modo, un don natural como la confianza, se transforma en un don espintual. que es la fe en Dios.
Hay muchos que deciden no creer en Dios (2 Tes. 3: 2) Deciden creer en si mismos, en algo o en alguien mas Esto es la perversión de la fe Por esta razón, somos estafados frecuentemente, o nos frustramos, porque ponemos nuestra confianza en alguien que no es fiel Dios mismo nos guia para que el objeto de nuestra fe sea el correcto. Asi que, el no solo es el autor de la fe, en el sentido que nos ha dado una medida de ella a todos, sino que es el consumador de la fe, porque nos ayuda a dirigir correctamente nuestra fe cuando respondemos a la orientación de su Espiritu. Como dijo el apóstol: Fijemos la mirada en Jesús el iniciador y perfeccionador de nuestra fe* (Heb 12: 2).
Tomado del Libro de Meditaciones 2010 "El Manto de su Justicia " de Eloy Wade.
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En paz con Dios En consecuencia, ya que hemos sido justificados medíante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo (Romanos 5: 1).
EN ESTE PUNTO SE DEBE HACER la pregunta: ¿cómo funciona la justificación en la vida práctica? Es evidente que la justificación es un proceso. ¿Cuáles son los pasos de ese proceso? ¿Cómo es que llegamos a estar justificados? ¿Cuál es la parte del hombre, si tiene alguna, en este proceso? Por estas interrogantes, y otras que se suscitan en la vida diaria, es necesario que reflexionemos en la dinámica de la justificación.
Como sucede con otros asuntos espirituales, frecuentemente es muy difícil describir los pasos que llevan a una persona a la justificación. Esto es especialmente cierto en lo que se refiere al orden en que las cosas se deben dar.
El primer paso para alcanzar la justificación es la convicción de pecado. Esto se refiere al reconocimiento de que uno es pecador. Implica llegar al convencimiento de que somos culpables, y que para salvarnos necesitamos la justicia delante de Dios. Requiere hacer algo parecido a lo que hizo Pedro: «Al ver esto, Simón Pedro cayó de rodillas delante de Jesús y le dijo: "¡Apártate de mí, Señor; soy un pecador!"» (Luc. 5: 8); o en decir lo que decía el publicano de la parábola: «¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!» (Luc. 18: 13).
Actitudes como estas tienen, por lo menos, dos premisas: debe uno entender que el mal existe; también debe uno entender que Dios existe, y tener una comprensión de su carácter justo, santo y amoroso. Dadas estas circunstancias, el Espíritu de Dios guía al ser humano a reconocer su pecado y a buscar a Dios.
La única manera en que podemos llegar a la convicción de pecado, es por el Espíritu de Dios que nos guía a esa conclusión. Dejados solos a nuestra comprensión natural del mundo, es muy difícil que concluyamos que somos pecadores y necesitamos ir a Dios. Se nos dice: «Toda convicción de nuestra propia pecaminosidad, es una prueba de que su Espíritu está obrando en nuestro corazón» (El camino a Cristo, p. 24).
Tomado del Libro de Meditaciones 2010 "El Manto de su Justicia " de Eloy Wade.
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En el tiempo presente ha ofrecido a Jesucristo para manifestar su justicia. De este modo Dios es justo y, a la vez, el que justifica a los que tienen fe en jesús
(Romanos 3:26).
EL RECONOCIMIENTO DE QUE LA JUSTIFICACIÓN se da al pecador, es difícil de comprender para algunas personas. Algunos se preguntan: «¿Por qué Dios puede declarar justo al impío y pecador? En nuestro concepto humano de justicia no se supone que el injusto sea declarado inocente, y el inocente sea condenado. ¿Dónde estaría la justicia humana si eso se diera como provisión de ley? ¿Cómo es que Dios, que es justo por excelencia, puede justificar al impío? ¿No protestamos cuando eso ocurre en la justicia humana?»
Imaginemos este cuadro: Usted comete un delito y es llevado ante un juez para recibir la condena que merece por su violación de la ley. Cuando el juez va a dictar su sentencia, aparece un amigo suyo que pide al juez que lo condene a él en lugar de a usted. ¿Cree que el juez accedería a su pedido? Por supuesto que no. En la justicia humana, «el que la hace la paga»; no hay provisión para que una persona pueda ser condenada por los delitos de otra. Si eso se da en la justicia humana, que es falible e imperfecta, ¿por qué la justicia divina puede condenar al inocente y justificar al pecador?
Lo que pasa es que cuando Dios condenó a Cristo como pecador, se echó la culpa del problema del pecado. La justicia divina no podía pasar por alto el pecado. Así que Dios pagó la pena del pecado, lo que significaba que llevó la culpabilidad. De esa manera, Dios obtuvo el derecho de justificar al pecador. Por eso Pablo dice: «Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios» (2 Cor. 5: 21). ¿No es esto maravilloso?
Tomado del Libro de Meditaciones 2010 "El Manto de su Justicia " de Eloy Wade.
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Marzo 2: Demasiado bueno para ser cierto.
Y si es por gracia, ya no es por obras; porque en tal caso la gracia ya no sería gracia (Romanos 11: 6).
EN ESTE MUNDO A NADIE le pagan primero para que trabaje después. Primero trabajamos y después nos pagan. Ningún estudiante recibe un diploma legal de estudios si primero no ha estudiado para ganárselo. Somos condicionados a pensar que si algo es gratis o no requiere esfuerzo, no vale la pena. Cuando algo nos ha costado mucho esfuerzo y trabajo, entonces nos sentimos orgullosos de ello. Este condicionamiento de la cultura moderna para poner en tela de juicio lo que es gratis, hace que algunas personas duden de que la salvación sea realmente gratuita. Cuando leemos en la Palabra de Dios que él nos perdona gratuitamente, que la salvación es por gracia, que es un regalo de Dios, nos parece que es solo una manera de decir las cosas para que entendamos que Dios nos ama, pero que debe haber algo que nosotros tenemos que hacer para ganar la salvación. Allá en el fondo de nuestra mente albergamos la idea de que algo tenemos que hacer para ser dignos de la salvación.
Se dice que el director médico de un hospital psiquiátrico de Londres dijo una vez: «Si los pacientes que están aquí creyeran en el perdón, mañana podría enviar a la mitad de ellos a sus casas». Mucha gente cree que Dios no perdona a menos que se haga alguna obra meritoria. Todos los años vemos en alguna parte largas filas de personas que van a pagar una promesa, o hacer algún sacrificio a algún centro religioso, con el propósito de que Dios les conceda alguna petición o sanidad. Están convencidos de que tienen que hacer méritos, para que algún santo patrono o divinidad los escuche.
Es que la religión del mérito apela mucho a los seres humanos. No es lo mismo que digamos que nos regalaron algo a que digamos que lo ganamos con nuestro esfuerzo personal. Por eso pensamos que algo tenemos que hacer para tener mérito ante Dios; nos hace sentirnos seguros, porque es nuestro esfuerzo personal.
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Febrero 22: La fe es un don de Dios.
Para el que cree, todo es posible (Marcos 9:23).
NO SE DEBE poner mérito en la fe, ya que distorsiona el mensaje del evangelio. Hace que la salvación se base en el mérito propio, no en los méritos de Cristo. Es verdad que debemos tener fe, pero esta no debe nunca considerarse un mérito.
Digamos que hay una persona que se está ahogando en un río. Nadie la puede sacar. Lucha desesperadamente por mantenerse a flote, pero es imposible. Cuando está a punto de perder el conocimiento, alguien le extiende una rama para que se aferré a ella. La persona se aferra desesperadamente a la rama. La llevan a la orilla y le dan los primeros auxilios. Cuando ya está recuperada, imagínense que exclama: «¡Qué bueno soy, porque me aferré de la rama!». Eso sería inaudito. Se supone que el mérito es de la persona que le arrojó la rama. Así sucede con la concepción de la fe corrió mérito. El mérito es de Cristo que nos salvó, no de nosotros que tenemos fe en él. La señora Elena G. de White dijo: «La fe es rendir a Dios las facultades intelectuales, entregarle la mente y la voluntad, y hacer de Cristo la única puerta para entrar en el reino de los cielos» (Fe y obras, p. 24).
Otra consideración que prohibe que consideremos la fe como un mérito es el hecho de que la fe es un don de Dios. Nosotros no tenemos fe por nosotros mismos, es decir, no producimos la fe. La recibimos de Dios. Dice el apóstol: «Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, [...] según la medida de fe que Dios le haya dado» (Rom. 12: 3). A todos los seres humanos Dios no ha dado la capacidad de creer. Todos tenemos una medida de fe, es decir, podemos creer. Este don, como todos los dones que Dios da, puede usarse para bien o para mal. Al usar el don de la fe para el bien, el don se fortalece. Así desarrollamos la capacidad de creer en Dios. Esto es lo que quiere decir que Dios aumenta nuestra fe. Pero enorgullecemos de que tenemos fe y atribuirle un valor meritorio, es distorsionar el evangelio de Cristo
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Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios (Mateo 5: 8).
EL SER HUMANO ES MALO, por lo tanto, necesita justicia. El hombre está manchado por el mal, luego necesita limpieza del pecado. La raza humana es impura por causa del pecado, necesita santidad. Sin estas características nunca podremos estar en la presencia de Dios. Por eso el Señor lo dijo claramente: «Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados» (Mat. 5: 6). «Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor» (Heb. 12: 14). El ideal que Dios tiene para sus hijos lo constituye él mismo: «El blanco a alcanzarse es la piedad, la semejanza a Dios [...]. Tiene que alcanzar un objeto, lograr una norma que incluye todo lo bueno, puro y noble» (La educación, p. 16).
Para ser salvos necesitamos una justicia que no tenemos, porque somos seres naturalmente manchados por el mal. Surge en nuestra mente una pregunta crucial: ¿Cómo podemos conseguir esta justicia? ¿Podremos obtenerla mediante nuestra fuerza de voluntad y nuestros esfuerzos personales?
Estamos acostumbrados a pensar que muchas cosas las podemos conseguir con la fuerza de voluntad. Conocemos el dicho popular: «El que quiere, puede». O, dicho de otra manera: «Querer es poder». ¿Funciona esto en el mundo espiritual? ¿Podremos ser buenos si nos lo proponemos?
Es en esta coyuntura que se nos confunden las ideas. Pensamos que hacer el bien es lo mismo que ser buenos. Que si logramos hacer cosas buenas, entonces seremos buenos. Sabemos que el buen ciudadano es aquel que se comporta civilmente bien. Si pagas tus impuestos y no le haces mal a nadie, eres bueno. Si vas a la iglesia y cumples con sus normas y reglamentos, eres bueno. Pensamos que la bondad se mide con acciones. Solo basta un momento de reflexión para darnos cuenta que hacer el bien no es lo mismo que ser buenos. Hay tantas personas que hacen cosas buenas, pero que están muy lejos de ser buenas. Podemos hacer el bien y tener motivos malos. El hacer no siempre corresponde al ser. El único que es bueno es Dios (Mat. 19: 17), porque en él, el ser y el hacer se corresponden absolutamente. ¿Podremos, nosotros seres humanos manchados por el mal, hacer lo bueno y ser buenos al mismo tiempo?
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Febrero 11:
Se requiere justicia.
Se requiere justicia.
¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en su lugar santo? Solo el de manos limpias y corazón puro, el que no adora ídolos vanos ni jura por dioses falsos (Salmo 24: 3, 4).
A MANERA DE REPASO LE DIRÉ que el primer fundamento sobre el que se basa el evangelio es lo que la Biblia dice y la experiencia humana confirma: somos inherentemente malos. Para enfatizar esto, la Biblia no solo nos dice lo que somos, sino que compara al hombre caído con seres irracionales. Este cuadro de corrupción moral es algo que a los seres humanos se nos dificulta aceptar, porque el pecado oscurece nuestra comprensión propia. Negar nuestra condición neutraliza el poder del evangelio en la vida humana, ya que el evangelio son las buenas nuevas de salvación del mal; y si no somos malos, entonces no hay buenas nuevas y no hay salvación.
El segundo fundamento sobre el que se basa el evangelio es que el ser humano necesita justicia. Este es un corolario del primero. Si somos pecadores, entonces no somos justos; si no somos justos, necesitamos justicia. Esto, a su vez, nos lleva a hacernos la pregunta: ¿Por qué necesitamos justicia? Para responder esta pregunta necesitamos pensar un poco.
La salvación que Dios nos ofrece en su evangelio es el regreso a nuestra condición original. Cuando Adán y Eva fueron creados, Dios los hizo perfectos y rectos. La Biblia dice que fueron creados a imagen de Dios (Gen. 1: 26). El Señor es recto y perfecto. Cuando creó el universo, lo hizo todo en armonía con lo que él es. Por eso nuestros primeros padres fueron hechos así. El universo era armónico porque todo era como Dios es. Cuando el pecado entró, se introdujo la desarmonía, que es rebelión contra Dios. Es el propósito del Creador terminar con esta desarmonía y traer todas las cosas a la norma que él mismo es. En esencia, la salvación significa conducir al ser humano a la armonía con su Creador. Implica que el ser humano, una vez salvado, debe ser como el Creador, es decir, ser recreado a la imagen de su Hacedor. Puesto que Dios es justo, la Biblia dice que para estar en su presencia debemos ser justos. Por eso es que necesitamos justicia.
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El caso más desesperado.
Les digo que así es también en el cielo: habrá más alegría por un solo pecador que se arrepienta, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse (Lucas 15: 7).
ES IMPORTANTE TENER UNA COMPRENSIÓN adecuada de la naturaleza humana y su corrupción inherente, a fin de que el evangelio pueda tener sentido en nuestra vida. Quienes no comprenden este asunto y deforman la opinión bíblica y divina de lo que es realmente el ser humano, se colocan fuera del alcance de la salvación y del poder del evangelio.
Por eso, los héroes en la enseñanza de Jesús no eran las personas que pensaban bien de sí mismas. Al contrario, el foco de su enseñanza giraba alrededor de quienes podríamos pensar eran gente mala. Los héroes de Jesús eran los pobres, los pródigos, los publícanos y las rameras.
Diríamos, la peor ralea de sus días. Si Jesús viviera hoy, sin duda que incluiría en su mensaje a drogadictos, homosexuales, pandilleros, secuestradores y violadores de niños. A los ortodoxos de sus días, les dijo: «Les aseguro que los recaudadores de impuestos y las prostitutas van delante de ustedes hacia el reino de Dios» (Mat. 21: 31). No quiere decir que Jesús admirara o solapara el mal. Lo que indica es que Jesús admiraba a las personas que reconocían su condición pecaminosa, sin importar quiénes fueran. Él sabía que esa gente era tierra fértil para el evangelio que predicaba.
El principio básico que subyace en el evangelio lo expresó el Señor cuando dijo: «No son los sanos los que necesitan médico sino los enfermos [...]. No he venido a llamar a justos sino a pecadores» (Luc. 5: 31-32).
El caso más desesperado para él era el de aquel que no reconocía su condición pecaminosa. Porque es como el que se está ahogando, pero cree que nada placenteramente; como aquel que se cree sano, pero un cáncer le corroe las entrañas. Reconocer nuestra condición es vital para entender el mensaje de la justificación por fe, que es la esencia del evangelio. Por eso Dios ha enviado su Espíritu para convencernos de nuestra condición (Juan 16: 8). Tristemente, hay muchos que no lo dejamos hacer su obra.
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Febrero 9:
Autoengaño.
¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal? ¡Gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor!
(Romanos 7:24, 25).
EL AUTOENGAÑO ES UNO DE LOS EFECTOS más terribles del pecado en la vida humana. Dijimos que nubla el entendimiento, de modo que no nos damos cuenta de lo que realmente somos. En tiempos de Jesús había un grupo de personas que eran admiradas por su estricto apego a la ley.
Eran los religiosos más devotos de sus días. Ayunaban dos veces a la semana, daban el diezmo hasta de las minucias de sus ganancias, oraban tres veces al día, asistían fielmente a la sinagoga, estudiaban las Escrituras con ahínco y devoción, y eran misioneros celosos que recorrían el mundo entero para hacer un converso al judaismo. Tan estrictos eran en la práctica religiosa, que se cree que a este grupo selecto.solo pertenecían unos cinco o seis mil adeptos en toda la nación.
Eran los religiosos más devotos de sus días. Ayunaban dos veces a la semana, daban el diezmo hasta de las minucias de sus ganancias, oraban tres veces al día, asistían fielmente a la sinagoga, estudiaban las Escrituras con ahínco y devoción, y eran misioneros celosos que recorrían el mundo entero para hacer un converso al judaismo. Tan estrictos eran en la práctica religiosa, que se cree que a este grupo selecto.solo pertenecían unos cinco o seis mil adeptos en toda la nación.
Resulta inaudito que Jesús dijera que eran «hipócritas, generación de víboras y sepulcros blanqueados» (Mat. 23). ¡No puede ser! ¡Si todo el mundo hablaba bien de ellos! Era un orgullo ser fariseo. El problema no estaba en lo que creían, sino en lo que pensaban de sí mismos. Es bueno hacer el bien, pero no es bueno pensar que uno es bueno.
Esto de que el pecado entenebrece la mente, se ilustra claramente con la experiencia de David, el hombre según el corazón de Dios. ¿Cómo un rey tan bueno, consagrado a Dios, noble y justo podría cometer algo tan ruin como lo que hizo David? ¿Cómo podría adulterar con la esposa de uno de sus mejores amigos y leal servidor? ¿Cómo podría asesinar a quien había arriesgado la vida tantas veces por él? Y cuando el profeta vino a contarle la historia de aquel que había tomado la única oveja de su amigo, ¿cómo es posible que todavía dictara una sentencia que reflejaba su indignación hacia la injusticia, y que no pudiera ver dibujado en el relato un cuadro de sí mismo? No, David no era un hipócrita. Lo que sucede es que el pecado lo había cegado hasta el punto que no veía su verdadera condición. Tal es la sutileza del pecado en la vida humana.
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Febrero 8:
Nuestra triste condición .
Este mensaje es digno de crédito y merece ser aceptado por todos: que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero
Este mensaje es digno de crédito y merece ser aceptado por todos: que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero
(1 Timoteo 1: 15).
LA HUMANIDAD SE ENCUENTRA en una condición moral deplorable. Escuchamos en los medios de comunicación cosas que nos parecen increíbles: crímenes inenarrables, secuestros infames, drogadicción rampante, corrupción generalizada. Es increíble lo que el ser humano puede hacer cuando se deja llevar por sus inclinaciones naturales. La Biblia sigue con el cuadro triste de asemejarnos a seres irracionales. Escribió el sabio: «Como vuelve el perro a su vómito, así el necio insiste en su necedad» (Prov. 26: 11). El apóstol Pedro, citando al sabio, amplía la imagen, diciendo: «Y "la puerca lavada, a revolcarse en el lodo"» (2 Ped. 2: 22).
Lo más lamentable del mal que mora en la naturaleza humana, es que nubla el entendimiento y destruye el deseo de buscar a Dios. Dice el salmista: «No seas como el mulo o el caballo, que no tienen discernimiento, y cuyo brío hay que domar con brida y freno, para acercarlos a ti» (Sal. 32: 9).
El pecado nos causa desorientación y no sabemos qué hacer. Tal vez la ilustración más triste es la usada por los profetas que compararon al ser humano con un rebaño de ovejas; pero no porque seamos mansos, sino porque nos apartamos del camino de Dios y luego no podemos regresar solos: «Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino» (Isa. 53: 6).
Este cuadro lamentable pintado por la Palabra de Dios es algo que nos cuesta mucho aceptar. Normalmente pensamos que no somos así. Después de todo, conocemos a personas buenas, buenos vecinos, hombres y mujeres honorables, gente consagrada y dadivosa que asiste frecuentemente a la iglesia. Vemos solo lo que tenemos delante de nuestros ojos; no podemos ver el corazón de las personas. Además, el pecado nos engaña y nos conduce a pensar bien de nosotros. No matamos, no robamos, no mentimos, no adulteramos. Como el fariseo de la parábola, vemos a los demás y nos consideramos buenos. Esa puede ser la tragedia más grande que vivamos. Para que el evangelio tenga significado, es mejor decir: «¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!» (Luc. 18: 13).
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Febrero 7 :Malos por naturaleza
Las autoridades que están en ella son leones rugientes, sus gobernantes son lobos nocturnos que no dejan nada para la mañana (Sofonías 3: 3).
Las autoridades que están en ella son leones rugientes, sus gobernantes son lobos nocturnos que no dejan nada para la mañana (Sofonías 3: 3).
LA BIBLIA DICE, Y LA EXPERIENCIA HUMANA confirma, que somos inherentemente malos. Esto, que es esencial para entender el evangelio, ha sido desafiado por el humanismo contemporáneo. Filósofos y pedagogos han tratado de convencernos de que somos naturalmente buenos. El mejor ejemplo moderno es el filósofo y pedagogo francés Jean-Jaques Rosseau, quien enseñó que el hombre es bueno por naturaleza. Muchos siguieron sus ideas hasta la Primera y Segunda Guerra Mundial. Durante ellas hubo tal exhibición de barbarie entre los seres humanos que muchos pensadores se desilusionaron con respecto a la bondad natural del hombre. Hubo un desencanto general, amargo y triste.
Hoy día las declaraciones bíblicas ya no parecen tan absurdas. El salmista decía: «Yo sé que soy malo de nacimiento; pecador me concibió mi madre» (Sal. 51:5). El profeta declaraba: «Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio» (Jer. 17: 9). Lo mejor que tenemos está contaminado por el mal: «Todos nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia» (Isa. 64: 6). Nuestra condición natural es una podrida llaga: «Desde la planta del pie hasta la coronilla no les queda nada sano: todo en ellos es heridas, moretones y llagas abiertas, que no les han sido curadas ni vendadas, ni aliviadas con aceite» (Isa. 1: 6).
Cuando la Palabra de Dios quiere enfatizar la miseria moral de la humanidad, frecuentemente la compara con seres irracionales. Eso resalta la pérdida de la imagen divina en los seres humanos. El salmista, enfatizando nuestras malas intenciones, decía: «Afilan su lengua cual lengua de serpiente; ¡veneno de víbora hay en sus labios!» (Sal. 140: 3). A pesar del entendimiento que Dios nos dio, no queremos entender: «El buey conoce a su dueño y el asno el pesebre de su amo; ¡pero Israel no conoce, mi pueblo no entiende!» (Isa. 1: 3). Por supuesto, muchas de estas declaraciones se referían al pueblo en general. Alguien podría decir que los dirigentes debieron ser mejores. Pero notemos: «Ciegos están todos los guardianes de Israel; ninguno de ellos sabe nada. Todos ellos son perros mudos, que no pueden ladrar [...]. Son perros de voraz apetito; nunca parecen saciarse» (Isa. 56: 10, 11). ¡Qué cuadro tan triste de los que fueron una vez creados a imagen de Dios!
Tomado del Libro de Meditaciones 2010 "El Manto de su Justicia " de Eloy Wade.
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Febrero 6 El origen de nuestra maldad II
Tan solo he hallado lo siguiente: que Dios hizo perfecto al género humano, pero este se ha buscado demasiadas complicaciones (Eclesiastés 7: 29).
POR QUÉ LUCIFER SE REBELÓ CONTRA DIOS? Dice la Biblia que su pecado tuvo su raíz en el orgullo y el envanecimiento: «No debe ser un recién convertido, no sea que se vuelva presuntuoso y caiga en la misma condenación en que cayó el diablo» (1 Tim. 3: 6). Este orgullo lo llevó lentamente a desafiar a Dios.
Pero esta rebelión no se detuvo allí. Cuando Dios creó a nuestros primeros padres, estos fueron también dotados de libre albedrío, como seres inteligentes que fueron creados a imagen de Dios. Todo ser en el universo de Dios que ha recibido libre albedrío debe pasar la prueba. Adán y Eva fueron sometidos a esta prueba, y el relato bíblico dice que no la pasaron (Gen. 3: 1-5). Desobedecieron un mandamiento expreso de Dios, y se unieron a la rebelión de Lucifer. Como resultado, la descendencia humana llegó a ser rebelde y pecadora.
Pero como en el caso de Lucifer y sus ángeles, no había falla en Dios, sino en las decisiones de las criaturas. Antes de la caída, la Palabra de Dios describe a los seres humanos como perfectos y rectos (Ecles. 7: 29); creados a la imagen de Dios (Gen. 1:26, 27); parte de una creación que se dijo que era muy buena (Gen. 1: 31); llenos de gloria y de honra (Sal. 8: 5).
Sin embargo, después de la caída, la humanidad se degeneró rápidamente. El odio la llevó al asesinato (Gen. 4: 8); luego al adulterio (Gen. 4: 19); hasta el punto que todo pensamiento era de continuo al mal (Gen. 6: 5). Pablo resume esa historia tenebrosa con las palabras: «No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!» (Rom. 3: 10-12). El mal fincó sus trincheras en el ámbito de la humanidad. Como seres humanos llegamos a estar en rebelión contra Dios. Pero a Dios no lo tomó por sorpresa. Él tenía un plan preparado para enfrentar el desafío de la rebelión con justicia y equidad.
Pero como en el caso de Lucifer y sus ángeles, no había falla en Dios, sino en las decisiones de las criaturas. Antes de la caída, la Palabra de Dios describe a los seres humanos como perfectos y rectos (Ecles. 7: 29); creados a la imagen de Dios (Gen. 1:26, 27); parte de una creación que se dijo que era muy buena (Gen. 1: 31); llenos de gloria y de honra (Sal. 8: 5).
Sin embargo, después de la caída, la humanidad se degeneró rápidamente. El odio la llevó al asesinato (Gen. 4: 8); luego al adulterio (Gen. 4: 19); hasta el punto que todo pensamiento era de continuo al mal (Gen. 6: 5). Pablo resume esa historia tenebrosa con las palabras: «No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!» (Rom. 3: 10-12). El mal fincó sus trincheras en el ámbito de la humanidad. Como seres humanos llegamos a estar en rebelión contra Dios. Pero a Dios no lo tomó por sorpresa. Él tenía un plan preparado para enfrentar el desafío de la rebelión con justicia y equidad.
Tomado del Libro de Meditaciones 2010 "El Manto de su Justicia " de Eloy Wade.
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Febrero 5:El origen de nuestra maldad
Desde el principio este ha sido un asesino, y no se mantiene en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando miente, expresa su propia naturaleza, porque es un mentiroso. ¡Es el padre de la mentira! (Juan 8: 44).
AL PENSAR QUE EL SER HUMANO es pecaminoso y está hundido en el mal, surge la pregunta: ¿Por qué esta maldad? Como estudiantes de la Biblia tenemos una mejor comprensión de este problema. De otro modo estaríamos en tinieblas, como lo están los que no la tienen.
Sabemos que en algún punto de la eternidad, ciertos ángeles se rebelaron contra Dios. Pero, ¿cómo es posible que los ángeles se rebelaran contra Dios, siendo, como eran, seres perfectos que habitaban en condiciones perfectas? No es fácil responder esta pregunta. Cuando se trata de explicar el origen del mal, se cae frecuentemente en ideas que lo justifican. Pero si queremos intentar una explicación, parecería que el mal tuvo su razón de ser en el libre albedrío con que Dios dotó a sus criaturas inteligentes. Este implica libertad para pensar y actuar. Y a ciertas criaturas de su universo, Dios decidió darles esa libertad. ¿Por qué razón? No sabemos, pero Dios decidió hacerlo. ¿Es Dios, entonces, responsable del origen del mal? No. Dios es responsable de crear seres libres, no pecadores ni rebeldes.
Pero esta libertad implicaba la responsabilidad de usarla en armonía con la voluntad de Dios. Y hubo quienes fallaron en esto y se rebelaron contra Dios. Estos ángeles no fueron dignos de haber recibido ese honor de tener libertad, ya que «no mantuvieron su posición de autoridad, sino que abandonaron su propia morada» (Judas 6).
En suma, estos seres angelicales se rebelaron contra Dios, abandonaron sus responsabilidades en el gobierno divino, y usaron la mentira como su estrategia. Como resultado, fueron expulsados de la presencia de Dios. Jesús dijo del líder de la rebelión: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo» (Luc. 10: 18). Ese es el informe de la revelación divina. Más de eso, tal vez no estamos en posición de entender. Pero nos enseña que la libertad requiere responsabilidad; y si no la tenemos, no se puede vivir en la presencia de Dios.
Tomado del Libro de Meditaciones 2010 "El Manto de su Justicia " de Eloy Wade.
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Febrero 4¿Qué es el pecado?
Así que comete pecado todo el que sabe hacer el bien y no lo hace (Santiago 4: 17).
Así que comete pecado todo el que sabe hacer el bien y no lo hace (Santiago 4: 17).
APARTIR DE HOY, y durante varios días, se reflexionará en los principios sobre los que se basa el mensaje de la justificación por la fe. Tiene que ver con preguntas básicas como: ¿Por qué es necesaria la justificación? ¿Por qué las personas necesitamos justificación?
Para entender la doctrina de la justificación debemos ir a la raíz del asunto. Necesitamos ir a las bases en las que se funda la doctrina de la justificación por la fe. Varios son los fundamentos que sostienen esta doctrina cristiana.
Para entender la doctrina de la justificación debemos ir a la raíz del asunto. Necesitamos ir a las bases en las que se funda la doctrina de la justificación por la fe. Varios son los fundamentos que sostienen esta doctrina cristiana.
El primer fundamento que sirve de base y que le da sentido a esta doctrina, es el principio que dice que los seres humanos estamos en corrupción y bancarrota moral. Es decir, que estamos hundidos en el mal. En este punto debemos hacemos la pregunta, ¿qué es el mal? Si le preguntáramos a la Filosofía nos daría muchas respuestas.
El dualismo filosófico derivado de la filosofía platónica nos diría que el mal es un principio eterno que está en contraste con el bien. El zoroastrismo persa tenía dos dioses, Ormuz y Ariman, que representaban el bien y el mal, y que siempre luchaban entre sí, sin poder eliminarse. El famoso filósofo judío Spinoza decía que el mal es una ilusión, es decir, no existe. Otro filósofo, el alemán Ritschel, creía que el mal es ignorancia. Charles Darwin, en armonía con sus descubrimientos biológicos, pensaba que el mal es un conflicto interno entre la naturaleza moral del ser humano y su herencia animal. Para el cristiano, ninguna de estas respuestas es satisfactoria. No dan ninguna esperanza, ni solucionan nada.
Por supuesto, la Biblia difiere radicalmente de estos conceptos. Nos dice que el mal, al que llama pecado, es un principio que se opone a Dios. Lo define así: «Todo el que comete pecado quebranta la ley; de hecho, el pecado es transgresión de la ley» (1 Juan 3: 4). La ley es un trasunto del carácter de Dios que revela el bien. Así que el pecado, cuando se opone a Dios y actúa en contra del bien, está en oposición a Dios. Es un principio en pugna con lo que es Dios. Es rebelión contra él. La naturaleza humana está en conflicto con Dios.
Tomado del Libro de Meditaciones 2010 "El Manto de su Justicia " de Eloy Wade.
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Febrero 3 Justicia por la fe
Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte
Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte
(Efesios 2: 8, 9).
AYER MEDITABA en lo que significa el primer término de la expresión justificación por la fe». Hoy reflexionará en el segundo: la fe. ¿Qué significa fe, o tener fe? Generalmente se define como confianza. De hecho, la palabra confianza, etimológicamente, significa «con fe». Tener fe es tener confianza.
Esta relación correcta con Dios solo es posible a través de esa fe o confianza. A la persona que tiene fe, el Señor la declara justa, y por lo tanto es una persona que está en buenos términos con Dios. O dicho de otra manera, para que una persona esté en la relación correcta con el Creador, es necesario que tenga fe, y en virtud de ella él la declara justa.
Son muchos los pasajes bíblicos que nos hablan de esto. Unos pocos serán suficientes: «De hecho, en el evangelio se revela la justicia que proviene de Dios, la cual es por fe de principio a fin, tal como está escrito: "El justo vivirá por la fe"» (Rom. 1: 17). «Dios es justo y, a la vez, el que justifica a los que tienen fe» (Rom. 3: 26). «Porque sostenemos que todos somos justificados por la fe» (Rom. 3: 28). «Pues no hay más que un solo Dios. Él justificará por la fe a los que están circuncidados y, mediante esa misma fe, a los que no lo están» (Rom. 3: 30).
Más adelante vamos a definir en forma más precisa lo que significa tener fe. Hoy nos vamos a concentrar un poco en la razón de la fe, es decir, en por qué Dios establece que la justificación debe obtenerse por fe. En el Nuevo Testamento, el concepto de fe, como requisito para ser justificados, frecuentemente se menciona en contraste con la justificación basada en la ley. Esta expresión, «justificación basada en la ley», se refiere a una justificación basada en el mérito. La fe se contrasta con el mérito propio. Esto quiere decir que Dios no nos puede justificar por mérito propio. Dios decidió que, en la justificación, el mérito procediera de otra parte.
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Febrero 2 Justificados
Abram creyó al Señor, y el Señor lo reconoció a él como justo (Génesis 15: 6).
Abram creyó al Señor, y el Señor lo reconoció a él como justo (Génesis 15: 6).
LA ESENCIA DEL EVANGELIO es el mensaje de la justicia de Cristo o la justificación por la fe. La expresión tiene dos componentes esenciales. Esta mañana vamos a meditar un poco en lo que significa la palabra «justificación».
Un estudio cuidadoso en el Antiguo Testamento de los términos que se traducen como «justicia» y «justo», y los términos griegos equivalentes usados en el Nuevo Testamento, nos lleva al entendimiento de que la justificación es una idea que se refiere a una relación. «Justo» es aquel que está en la relación correcta, ya sea con un pacto, una comunidad o una persona. Es vivir a la altura de una norma dada o una expectativa deseada. Así que, en la Biblia, justificación es el acto por medio del cual Dios declara que una persona está en la relación correcta con él. Ser justificados es ser declarados en armonía con Dios. Cuando una persona es justificada, no es hecha justa, sino declarada justa esto es, puesta en la relación que Dios quiere que tenga con él. La persona justificada tiene, por lo tanto, una nueva posición delante de Dios: se la considera justa. Así, en el Antiguo Testamento, personajes tan diferentes como Abraham, Noé, Lot y David, fueron considerados justos, pero no lo fueron desde el criterio estrictamente moral y ético, sino desde el punto de vista de su relación con Dios.
Este es el concepto tradicional de la Reforma protestante. En la teología popular, justificación significa «hacer justo». Se intuye que para que una persona sea justa, primero tiene que ser hecha justa. Este hacer justo, por supuesto, viene del esfuerzo humano. El hombre tiene que ser justo para ir a Dios. Como veremos en reflexiones posteriores, Dios no nos pide que seamos justos para ir a él. Quiere que vayamos como somos, la justicia que necesitamos, él nos la dará. Se nos dice: «Es privilegio nuestro creer que su sangre puede limpiarnos de toda mancha de pecado [...]. Él quiere que acudamos a él tal como somos, pecadores y contaminados. Su sangre es eficaz» (Exaltad a Jesús, p. 335).
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Febrero 1 Tener fe en Jesús
¡En esto consiste la perseverancia de los santos, los cuales obedecen los mandamientos de Dios y se mantienen fieles a Jesús! (Apocalipsis 14: 12).
¡En esto consiste la perseverancia de los santos, los cuales obedecen los mandamientos de Dios y se mantienen fieles a Jesús! (Apocalipsis 14: 12).
COMO ADVENTISTAS QUE ESPERAMOS la segunda venida de Cristo, estamos convencidos de que tenemos un papel importante que jugar en el desarrollo de los eventos finales. Uno de esos papeles consiste en proclamar el mensaje del tercer ángel. Decimos comúnmente que este mensaje es una proclamación de la ley de Dios, y particularmente de la vigencia del cuarto mandamiento. Este mensaje se dará en el marco de un conflicto abierto contra Babilonia. Todo esto es verdad.
Lo que se nos ha pasado por alto, por alguna razón, es que la proclamación del mensaje del tercer ángel, que incluye la observancia de los mandamientos de Dios, también incluye la fe en Jesús. Este desliz me parece que ha sido motivado por la traducción literal de la versión Reina-Valera, que dice: «y la fe de Jesús» (Apoc. 14: 12). En realidad, esta expresión debiera entenderse como «los que tienen fe en Jesús». La Nueva Versión Internacional dice: «y se mantienen fieles a Jesús». Es decir, no es que debemos tener la fe que Jesús tenía, sino tener fe en Jesús. Si no la tenemos en medio de esta crisis final, no participaremos del mensaje del tercer ángel.
Observen: «El tiempo de prueba está precisamente delante de nosotros, pues el fuerte pregón del tercer ángel ya ha comenzado en la revelación de la justicia de Cristo, el Redentor que perdona los pecados» (Mensajes selectos, t. 1, p. 425).
La justicia de Dios se revela en el mensaje del tercer ángel. Este tiene un antecedente en el mensaje de -la justificación por la fe. Es interesante que Elena G. de White pensara que el reavivamiento que surgió en nuestra iglesia en conexión con la predicación del mensaje de la justificación por la fe después de 1888, era un preludio del pregón del mensaje del tercer ángel. Esto implica que no se puede participar de este mensaje a menos que se experimente la justicia de Cristo, que es la esencia del evangelio. Llama la atención el hecho de que el mensaje del primer ángel, que obviamente antecede al tercero, es una proclamación del «evangelio eterno» (Apoc. 14: 6). Se deduce que los que participen en el mensaje del tercer ángel serán predicadores del evangelio.
Tomado del Libro de Meditaciones 2010 "El Manto de su Justicia " de Eloy Wade.
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