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En las instalaciones internas del ala nacional del aeropuerto Benito Juárez, de México, se encuentra el "Taba bar", un restaurante en el cual las per­sonas comen algo mientras esperan su vuelo.
Faltan dos horas para el mío; voy a Minatitlán, en el Estado de Vera- cruz. Mientras llega la hora, abro la computadora y escribo este devocional. "Aprende y reflexiona", aconseja el versículo. El aprendizaje es el resultado de la reflexión: no existe aprendizaje sin reflexión. Pero, vivimos en un mundo apresurado y no hay tiempo para detenerse y pensar por qué las cosas son como son, o qué lecciones podemos aprender de lo ocurrido.
El consejo de hoy es que debemos reflexionar y aprender que el funda­mento de una vida realizada y feliz es saber "que Jehová es Dios, arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro".
Simple. Y, al mismo tiempo, complicado. Simple, para el alma sencilla que abre el corazón a Dios; complicado, para la mente extraviada en los laberintos del racionalismo.
Con frecuencia, Dios permite que el ser humano siga su propio rum­bo. No discute con él; lo deja avanzar por los caminos arriesgados que su naturaleza escoge. Quisiera intervenir, detenerlo, decirle: "Hijo, ese camino te va a llevar a la destrucción". Pero, no puede: te dio libertad, incluso para abandonarlo, consciente de la temeraria actitud que escogiste.
Sería tan fácil buscar a Dios y tomar en serio sus enseñanzas; pero, el hombre moderno prefiere escoger sus propios dioses: pequeños, manipula- bles; dioses de plástico, incapaces de determinar lo que es bueno o malo. Que se limitan a dar el visto bueno al extravío humano.
"Reflexiona y aprende", es el consejo de hoy. Detente. Deja de correr como si tuvieses miedo de tu propia sombra. Piensa en la manera en que estás viviendo. Reflexiona. Vuelve a pensar una y otra vez.
Si lo haces, tus noches tendrán el brillo de las estrellas, y tus días, el res­plandor del sol. Verás que vale la pena vivir, aunque el dolor toque a la puer­ta de tu corazón; aunque las dificultades aparezcan como nubes cargadas de lluvia. Aprenderás a sonreír mientras los otros lloran, y a tener esperanza cuando los demás desesperan.
Por eso, hoy, no empieces el día sin recordar la amonestación divina: "Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que Jehová es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro".
(Deuteronomio 4:39)
                           Tomado del Libro de Meditaciones Matinales 2011, del Pr. Alejandro Bullón
    

Esta meditación se centra en el siguiente versículo: "Para que todo el que crea en él tenga vida eterna" (Juan 3: 15)
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UNA DE LAS BENDICIONES QUE PERTENECEN a la consumación del reino, pero que el Señor dijo que podemos gozarla desde ahora, es la vida eterna. La promesa de la vida eterna se realizará plenamente en el reino futuro y consumado de Dios. Los ciudadanos de ese reino nunca morirán. Su vida se medirá con la vida de Dios. La promesa de Cristo es clara: «Les aseguro —respondió Jesús— que todo el que por causa del reino de Dios haya dejado casa, esposa, hermanos, padres o hijos, recibirá mucho más en este tiempo; y en la edad venidera, la vida eterna» (Luc. 18: 29, 30). Una de las realidades más amargas que experimentan los seres humanos, es la muerte. Es a lo que más tememos. Significa separación y extinción. El apóstol dice que es un cruel enemigo del hombre (1 Cor. 15: 26). La vida eterna es la recompensa por excelencia de la era venidera. Se la compara con una corona de victoria que se da al vencedor: «Dichoso el que resiste la tentación porque, al salir aprobado, recibirá la corona de la vida que Dios ha prometido a quienes lo aman» (Sant. 1: 12).

Pero aunque será consumada en el futuro, la vida eterna, dijo Jesús, ya la posee el creyente aquí y ahora. En cierto sentido espiritual, esa vida se empieza a vivir en el presente. Dijo el Señor: «El que cree en el Hijo tiene vida eterna» Qusn 3: 36). Tan segura es la promesa para el creyente, que se la expresa en el tiempo presente: «Ciertamente les aseguro que el que cree tiene vida eterna» (Juan 6: 47). «Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano» (Juan 10: 28). «El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida» (1 Juan 5: 12).

Tomado del Libro de Meditaciones 2010 "El Manto de su Justicia " de Eloy Wade.
Más meditaciones en REFLEXIONES PARA VIVIR: http://www.johnsotilonline.blogspot.com





La certeza de la vida
El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida (1 Juan 5: 12).

OTRA DE LAS CONSECUENCIAS DE HABER sido justificados por la fe es que tenemos la seguridad de la vida eterna Pablo nos dice: «Pero ahora que han sido liberados del pecado y se han puesto al servicio de Dios, cosechan la santidad que conduce a la vida eterna- (Rom. 6: 22). La vida eterna es el proposito Ultimo de la justificación, ya que nos brinda la oportunidad de convivir con Dios Asi que no solo no tenemos miedo a la muerte, sino que tenemos la certeza de la vida eterna. Vida que se mide al lado de Jesucristo.

El hijo de Dios tiene tal certeza de obtener la vida eterna, que en labios del Señor. se empieza a vivir aquí y ahora Notemos sus palabras «Ciertamente les aseguro que el que cree tiene vida eterna- (Juan 6: 47) «Yo soy la resurrección y la vida El que cree en mi vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mi no morirá jamás* (Juan 11: 25, 26). El apóstol Juan tenia ese convencimiento: «Pero estas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer en su nombre tengan vida» (Juan 20: 31). «Les enseño estas cosas a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que llenen vida eterna» (l Juan 5; 13).

Por cierto, la vida que Cristo nos da comienza en el momento de aceptarlo, aquí, ahora La resurrección garantizará esta vida por la eternidad. Cuando una persona acepta a Cristo como salvador personal, empieza a gozar por anticipado la vida futura, porque es Dios que le promete, y él no miente Por lo tanto, hay seguridad y confianza El cristiano empieza a saborear la vida eterna desde ahora, mientras vive en este mundo La garantía viene a través de su fe en Cristo.

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