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Poco  tiempo después de la Segunda Guerra Mundial, en cierto orfanato de Europa se dio el caso de un grupo de criaturas, cuya edad oscilaba entre los tres meses y los tres años, que -según el informe médico- enfermaron o murieron por falta de amor.

Las criaturas fueron vestidas y alimentadas convenientemente, y se les dio la atención médica que correspondía.Solamente faltaba un elemento. El personal de la institución era sumamente escaso, y cada enfermera debía cuidar a un grupo demasiado numeroso de huerfanitos desvalidos.Apenas sí podían alimentar, vestir y bañar a las criaturas.No tenían tiempo para estar a su lado, para consolarlas o para demostrarles alguna clase de afecto.

Después de tres meses de internación, aparecieron síntomas  de serias anormalidades. Y, a los cinco meses, los niños habían agravado rápidamente. Algunos enloquecieron por causa de la soledad y el temor, 27 murieron en su primer  año de vida y 7 más murieron en su segundo año. Otros 21 que lograron sobrevivir quedaron tan perjudicados por esta experiencia que fueron clasificados como neuróticos incurables. 

La falta de amor había destrozado la vida de más de la mitad del grupo.

Al reflexionar en esta triste experiencia, surge la inquietud: ¿No estará ocurriendo hoy en general algo parecido en nuestra sociedad? Mientras que el hombre continúa realizando sus grandes hazañas de conquista espacial, ¿no estará olvidando que conquistas aún mayores, y mucho más útiles, pueden lograrse para el bien de todos mediante el cultivo del amor puro y abnegado?

En este mismo tiempo en que tanto abundan las enfermedades de la mente, cuánto se podría hacer para prevenirlas o evitarlas si aprendiésemos a amarnos los unos a los otros. Todavía el amor sigue siendo la fuerza más poderosa, y no hay técnica o moral moderna que pueda desterrarlo sin que se sientan sus trágicos efectos. 

¿Quién podría concebir una amistad sin amor, un hogar sin afecto, o un alma noble sin este principio superior que da sentido a la existencia?

La cortesía, el respeto, la afabilidad, la comprensión, la simpatía y tantas otras virtudes que abren puertas y hacen grata la vida no son más que frutos de esta fuerza que llamamos amor.

Tomado del Libro EL PODER DEL AMOR- DEL DR. ENRIQUE CHAIJ.


                                                        JOHN CARLOS SOTIL LUJAN

                                   DIRECTOR DEL WEB BLOG REFLEXIONES PARA VIVIR



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