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Las enseñanzas acerca de la confianza en Dios ocupan buena parte de la Biblia. Antes de concluir el Sermón del Monte, Jesús hizo mención del cuidado que Dios tiene de las aves y las flores, aplicándola a la implícita confianza que el creyente debe tener en él: «¿No hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe? No os angustiéis, pues, diciendo: “¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?”, porque los gentiles se angustian por todas estas cosas, pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas ellas» (Mateo 6: 30-32).

Pero la inquietud por las necesidades básicas de la vida, la incertidumbre sobre cómo satisfacerlas en periodos de escasez, el deseo de asegurarnos un futuro próspero, todo esto es absolutamente lícito y conveniente en un mundo inestable donde las crisis pueden cambiar en pocos días el estado del bienestar por condiciones de precariedad.

Entonces, ¿cómo articuló Jesús la confianza en Dios con estas lógicas y legítimas preocupaciones del creyente?
Lo que Jesús nos quiso enseñar se resume en tres principios:
1. Hemos de evitar la angustia, la inseguridad y la desconfianza nacidas de la incredulidad. Somos creyentes, tenemos nuestra vida anclada en las promesas de Dios y, aunque la situación se muestre sin salida aparente, podemos recordar lo siguiente: «Todo el cielo está interesado en nuestro bienestar. No debemos tolerar que las perplejidades y las congojas cotidianas corroan nuestra alma y ensombrezcan nuestro semblante» (El camino a Cristo, pág. 122).

2. Procuremos resolver el día a día sin que el afán por los problemas de mañana nos sobrecargue. «El fiel cumplimiento de los deberes de hoy es la mejor preparación para las pruebas de mañana. No amontonemos las eventualidades y los cuidados de mañana para añadirlos a la carga de hoy (El ministerio de curación, pág. 382).

3. Buscar de todo corazón al Señor y poner nuestras vidas en sus manos. «Los que aceptan el principio de dar al servicio y la honra a Dios el lugar supremo, verán desvanecerse las perplejidades y percibirán una clara senda delante de sus pies» (El Deseado de todas las gentes, pág. 291).
Solo por hoy decide ser feliz. Disfruta las alegrías que el cielo te da. No te angusties por el día que aún no ha llegado porque hay un Dios en los cielos…
Tomado de: “Pero hay un Dios en los cielos”, Por: Carlos Puyol Buil.

Que frente a nuestras preocupaciones no olvidemos esta hermosa promesa  de la palabra de nuestro Dios de AMOR:
 «Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que no os angustiéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propia preocupación. Basta a cada día su propio mal».
 (Mateo 6: 33-34)

                                  JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
                            DIRECTOR DEL WEB BLOG  " REFLEXIONES PARA VIVIR "                                                                www.facebook.com/reflexionesparavivir




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