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Reación divina a la necesidad humana
Y tocando con él sobre mi boca, dijo: «He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado». Después oí la voz del Señor, que decía: «¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?»
Isaías 6:7,8

Al contemplar la gloria de Dios, Isaías exclama: «Miserable de mí». Descubrió la gravedad de su pecado a la vista de la santidad de un Dios tres veces santo. Reconoció que todo el pueblo, del que él era uno más, había pecado y ofendido a ese Dios que se le ha revelado en toda su majestad, y que, por lo tanto, lo único que merecían era la muerte.
El cielo reacciona a la necesidad humana. Esta reacción es iniciativa de Dios. El cielo toma la iniciativa para atender el clamor de un alma que reconoce su miseria en su presencia. Un ángel va y toma un carbón encendido, para purificarlo, como hizo con Isaías.
«Y tocando con él sobre mi boca». ¿Qué significa la acción del ángel que toma el carbón encendido y toca los labios del profeta? ¿Condenación? ¿Juicio? ¿Destrucción? No. Es la respuesta de Dios al corazón arrepentido. No es condenación, sino perdón y salvación. Es un llamado al servicio.
Dios toca nuestros labios para poner en nuestra boca un mensaje sagrado de verdad, un mensaje ardiente. Nuestro mensaje tiene su fuente en la santidad de Dios. Cada faceta del evangelio se basa en la gran compasión de Dios hacia los que yerran. De esta fuente fluye toda la actividad redentora. Su santidad encuentra el camino para redimir al objeto imperfecto de su amor perfecto. Nuestro mensaje debe estar envuelto en la santidad de Dios.
El carbón, el fuego que tocó los labios del profeta, lo limpió de sus impurezas; pero también lo ungió con el mensaje. Por eso prorrumpió con aquella solemne exclamación: «Santo, santo, santo es el Señor». Nuestro mensaje es palabra de Dios. No se trata de encontrar un mensaje, se trata de declarar un mensaje. Dios nos llama a declarar su mensaje. Nos llama a comunicar su palabra. El mundo necesita desesperadamente la palabra de Dios.
Para declarar este mensaje se necesita la voz y el testimonio. Los estudios de los miembros de la iglesia revelan que la diferencia entre el estilo de vida de los que están en la iglesia y de los que están fuera es muy pequeña. Esto es grave, porque para dar este mensaje debemos ser diferentes. Estamos aquí para ser santos como él es santo. Serlo debe ser la pasión de nuestra vida.
Tomado del Libro de Meditaciones 2009 "Siempre gozosos , experimentando el amor de Dios" del Pastor Juan O. Perla, Más meditaciones en REFLEXIONES PARA VIVIR: http://www.johnsotilonline.blogspot.com/

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